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Actualidad Escándalo de espionaje prende en campaña presidencial.

Debate Graneado

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Piñera defiende cuerdas separadas pero acusa “estrategia de gobierno de Alan García”.

Luego de que el martes 24 se conociera la respuesta chilena a la nota de protesta peruana por el caso del espía Víctor Ariza, el canciller José Antonio García Belaunde calificó de “positivo que se comprometan a estudiar el caso y a comunicar los resultados una vez que hayan concluido las investigaciones”.

Pero en Torre Tagle saben que ahora el tema está definitivamente ligado a las próximas elecciones presidenciales de diciembre.

No siempre fue así. La política exterior tiene un peso mediático relativamente menor en la campaña presidencial. Incluso en un principio el “asunto” peruano estuvo subordinado al de la mediterraneidad de Bolivia. El millonario candidato de la derecha, Sebastián Piñera, fue quien descartó de plano darle acceso al mar al país altiplánico, una lejana posibilidad con la que el gobierno de Michelle Bachelet parece haber engatusado a su homólogo Evo Morales.

Esto cambió desde el 12 de noviembre, cuando estalló el escándalo Ariza.

Quien tomó la delantera fue el ex presidente y candidato oficialista de la Concertación, Eduardo Frei, que utilizó el minuto y catorce segundos de su franja electoral televisiva del domingo 22 para responderle a Alan García, que había criticado el espionaje de Ariza alentado, al parecer, por elementos próximos a la Fuerza Aérea Chilena, como propio de una “republiqueta” y de “sectores pinochetistas”. Aunque García subió el tono más de lo deseable, también es cierto que, al revelarse un caso de espionaje, no queda mucho más que mostrar una gran indignación.

Frei señaló que “debo advertirle que sus descalificaciones las tomamos como un agravio al pueblo chileno. Yo también fui Presidente de la República y le puedo decir al señor García que esto no corresponde y que no lo vamos a dejar pasar”. También llamó a todos los chilenos, “incluidos los restantes candidatos presidenciales” a “unir fuerzas para defender el honor de la presidenta Bachelet y los intereses permanentes de Chile”.

Observadores del gobierno peruano apostados en Santiago añaden que la reacción de Frei tiene una impronta casi personal. El actual senador siempre se ha preciado de la firma de los acuerdos de cumplimiento de las cláusulas pendientes del Tratado de Paz y Límites de 1929, que rubricó en 1999, cuando Alberto Fujimori y él eran presidentes. Suele presentar políticamente ese episodio como el cierre de los temas pendientes con el Perú, por lo que de alguna manera se sentiría traicionado por la demanda ante La Haya.

Además, en su frente interno Frei le debe todo a Bachelet. Él fue sumamente crítico de la propia presidenta y de la gestión del ministro de Economía Andrés Velasco. Sin embargo Bachelet lo denominó como su candidato y colocó en el comando de campaña al vapuleado Velasco.

Piñera debió ponerse también el casco y al día siguiente declaró en el canal Chilevisión, por cierto de su propiedad, que “vamos a tener muchos problemas con Perú en los próximos años”. Para Piñera, el escándalo del espionaje es consecuencia de la presentación de la demanda peruana por límites marítimos ante La Haya. Como Frei, llamó a la unidad de “todos los sectores” para enfrentar “la estrategia del gobierno que dirige Alan García”.

A pesar de todo, Piñera insistió en su adhesión a las llamadas cuerdas separadas. “Con Perú siempre hemos tenido dos agendas: una del pasado, que viene de la Guerra del Pacífico y nos ha dividido siempre; pero hay otra agenda que es la del futuro, la de integración económica, la proyección conjunta hacia el Asia Pacífico”. Como antes, Piñera se mostró a favor de profundizar la última opción (CARETAS 2101).

Piñera es el candidato con más opciones de ganar en segunda vuelta, además de ser el accionista mayoritario (26.3%) de la línea aérea LAN. Si es presidente, sería además el principal inversionista chileno en el Perú. Ya entregó sus empresas, excepto Lan y el canal, en un “fideicomiso ciego” donde se cede la administración a administradoras de fondos de inversiones. Prometió vender su participación en la aerolínea de ganar las elecciones. Su fortuna ha sido cifrada por los medios chilenos en US$ 1,200 millones.

El tercero en disputa, el joven izquierdista Marco Enríquez-Ominami, no ha mostrado posiciones tan definidas en torno al Perú.

Jorge Arrate, candidato presidencial de la izquierda parlamentaria, es un fuerte crítico del presidente peruano, a quien considera un antichileno. “Creo que estamos hablando de un fenómeno cultural que tiene una larga historia, hay en Perú una animadversión que viene de los hechos del siglo XIX”, respondió ante los duros epítetos tras darse a conocer el caso del espía.

El argumento de Arrate es en realidad una muletilla del establecimiento chileno, que, en otras palabras, tilda a los peruanos de acomplejados y anclados al pasado. Pero la premisa podría ser perfectamente invertida. Tres botones son ponerle “Salitre” a una operación de ejercicios militares con una hipótesis de conflicto que involucra obviamente al Perú, armarse hasta los dientes al tiempo de invertir millones en sectores estratégicos de este país, e impulsar un espionaje agresivo basado en la compra de efectivos militares peruanos. Allí nada viene del siglo XIX. (E.CH.)


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