
Corrida de las Figuras cerró Feria 2009. Pocas orejas, muchos recuerdos.
Un Broche de Seda y Oro
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Miguel Angel Perera, ganador del Escapulario del Señor de los Milagros. Estupendo con la capa, eficaz con el estoque. |
Se terminó la feria de las figuras. La última corrida, signada por la presencia de José Tomás, el figurón de la torería del momento, era esperadísima. Cuando ésta terminó y cuando el hervidero taurino de los comentarios restallaba por doquier las caras risueñas de los aficionados mostraban beneplácito por las estupendas cosas que se vieron en este final de feria. La gente muy contenta, aunque también apasionada, ya que las corridas importantes levantan oleadas de comentarios diversos y punzantes. ¿Esperaban más de las tres orejas que se cortaron esta última tarde (justamente otorgadas), una y una para Perera en sus dos toros y otra para Finito en su primer toro? ¿Defraudó José Tomás al irse de vacío sin triunfo ostensible? ¿No gustaron los toros de Puga? El embrollo dialéctico tenía una solución muy simple y meridiana ante tanta frustración subliminal: se pudo (y debió) terminar la tarde con un capazo impresionante de siete e incluso ocho orejas cortadas si los toreros no hubieran fallado con la espada y los toros no hubieran tardeado en morir. Luego hubo cuatro faenas muy importantes que de haberlas rubricado con el estoque hundido en el cerviguillo interesando al corazón del animal con paralización inmediata del toro y caída casi instantánea en menos de veinte segundos, esa estocada triunfal que hace al público levantarse de los asientos, estaríamos hablando ahora de una de las tardes más memorables de nuestra vida. Luego hubo faenas buenas y si hubo faenas también hubo toros, los de Roberto Puga, ya que nobleza había se diga lo que se diga, y estuvieron en conjunto aceptablemente presentados. Luego no fallaron de “grosso modo” los toros sino los toreros al no poder o saber rematar sus faenas. Esta es la simple y fácil verdad. Los toros de Puga pueden tener mayor o menor recorrido; pueden embestir de lejos o mansear y rajarse; pueden ser lo que ustedes quieran pero ¡fíjense bien! son casi siempre muy toreables y muy nobles e incluso repetitivos en las embestidas. Parecen bondadosas monjitas ursulinas exentas de ferocidad y quizás sea ese el punto criticable para muchos que buscan más que el arte, la adrenalina y la tragedia.
Empecemos diciendo que a lo largo de toda la tarde hubo extraordinarios conciertos con las capas. Finito de Córdoba dibujó excelentes verónicas en su primer toro; José Tomás es un extraordinario y maravilloso torero de capa, cosa que ya se vio cuando se presentó en Lima hace años: verónicas y chicuelinas ceñidísimas con el torero atornillado en la arena y el remate de la media verónica en su primer toro y al segundo lo recibió con una larga tanda de verónicas en las que las palmas de las manos de los aficionados echaban humo, una tanda la terminó con el remate de una larga cordobesa echándose la capa al hombro que fue un primor; Miguel Ángel Perera toreó estupendamente de capa a sus dos toros con tafalleras aguantando mucho, verónicas bajando las manos y haciendo en el tercio de quites de su último toro lo más creativo de la tarde enlazando tres pases, uno de ellos cambiado, que me niego a describir pues desconozco cómo se llama en realidad esta composición tan maravillosamente barroca que supongo es intuida y creada para la posteridad en el momento de hacerla. ¿Pererinas?