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Opinión Por PILAR FRISANCHO

La Casualidad Juega A Favor de la Ciencia

Esta nota destaca la importancia de algunos aspectos subjetivos como la casualidad o la inspiración de los científicos. En la construcción y desarrollo de la ciencia vieron la luz por pura casualidad o gracias a la creatividad de los investigadores. A esos descubrimientos se les conoce como Serendipias (derivados del cuento persa ‘Los tres príncipes de Serendip’, en que uno de ellos solucionaba sus problemas a través de increíbles casualidades).

Si bien el trabajo científico se caracteriza por un meticuloso proceso formal, no son pocos los descubrimientos científicos que a lo largo de la historia han surgido de manera fortuita.

Un buen ejemplo: En 1896, el físico francés Henry Becquerel observó que una placa fotográfica envuelta en un papel negro que guardaba en un cajón, el cual contenía sales de uranio, se había ennegrecido como si hubiese sido impresionada. Descubrió así la radioactividad, lo que lo hizo un célebre físico.

El estetoscopio es un instrumento médico de diagnóstico inventado por casualidad en 1816 por el médico francés Rene Théophile Hyachinta Laennec. Se trataba de una persona retraída y pudorosa que no se atrevía a aplicar su oreja sobre el pecho desnudo de las pacientes, para poder escuchar así el latido de sus corazones. Utilizaba un tubo de papel enrollado: un extremo sobre el pecho y en el otro aplicaba la oreja. Percatándose que de esta manera el sonido se amplificaba y reforzaba acústicamente los latidos, desarrolló la idea hasta dar con el actual estetoscopio.

Uno de los grandes hitos de la historia de la medicina, el descubrimiento de la penicilina, también se dio por casualidad.

En septiembre de 1928, mientras trabajaba en el Mary’s Hospital de Paddington, el bacteriólogo escocés Alexander Fleming descubrió, de manera casual, que las secreciones del hongo Penicilium notabum destruían las colonias de estafilococos, las bacterias responsables de las infecciones en las heridas. Se trató, pues, de otro gran descubrimiento, que se cruzó en el camino de este científico.

El descubrimiento de la Toxina Botulínica para uso estético se llevó a cabo de forma totalmente accidental, a manos de una doctora, Jean Carruthers, en 1987, cuando estaba tratando a una paciente que sufría blefaroespasmos con la toxina botulínica tipo A. Notó que, a la vez que se solucionaba la contracción del párpado, desaparecieron las arrugas del entrecejo y las patas de gallo, mostrando la paciente un aspecto mucho más joven.

Jean Carruthers y su marido, cirujano estético, emprendieron una investigación sobre 30 pacientes, que duró 3 años, y que sirvió para presentar ante la Academia Americana de Dermatología el primer estudio de seguridad a nivel mundial de la utilización de la Toxina Botulínica-cosmético.

A partir de entonces, el uso de la toxina botulínica se ha extendido con gran éxito por más de 70 países, en los que numerosos informes científicos han avalado sus resultados, seguridad y los beneficios de este tratamiento comparado con otros. En EEUU, por ejemplo, ha llegado a desbandar al láser, el lifting o los rellenos.

El viagra, desde que llegó al mercado en 1998, más de 30 millones de hombres en 120 países lo han tomado. Era una píldora “milagrosa” descubierta casi por accidente por los laboratorios Pfizer cuando se buscaba desarrollar un fármaco que ayudara a controlar la angina de pecho.

Los investigadores concluyeron que el viagra servía para ese propósito, pero que no era mucho mejor que otros productos que ya estaban en el mercado, así es que se decidió retirar el medicamento a los pacientes que lo estaban probando. Pero los pacientes se negaron a dejarlo, pues la píldora les había ayudado a restaurar su vida sexual.

Y fue así como Pfizer presentó al mundo la pildora milagrosa, un producto que le ha significado beneficios financieros que alcanzan los US$ 2,000 millones.

Y como estos descubrimientos existen y se seguirán dando muchos más. Por ejemplo, mis pacientes que usan el travoprost para el glaucoma al cabo de un tiempo presentan un cambio en las pestañas, las que se ponen más largas y gruesas. Esto ha hecho en el mercado que volvamos al rímel que usaban las abuelitas, que sí permitía el crecimiento de las pestañas.

Finalmente, recordamos una célebre frase de Ortega y Gasset, quien afirmó que la ciencia no es solo ciencia en el sentido más estricto y objetivo de la palabra, sino que también posee una parte intrínseca importante, que viene marcada por las circunstancias en que ésta se produce y desarrolla.


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