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Internacional La recta final de elecciones chilenas se calienta con apertura de proceso por crimen político de ex presidente Eduardo Frei Montalva.

Magnicidio en Campaña

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El joven Eduardo Frei Ruiz-Tagle con el féretro de su padre, ambos democratacristianos, hace exactamente 27 años.

El cierre de campaña de las elecciones presidenciales chilenas programadas para el domingo 13 se vio sacudido por un giro extraordinario. El juez Alejandro Madrid determinó que la muerte del ex presidente Eduardo Frei Montalva, ocurrida exactamente 27 años atrás, se debió a un homicidio perpetrado por elementos afines al gobierno de Augusto Pinochet. La historia toma una velocidad inusitada porque el candidato oficialista es Eduardo Frei hijo, ex presidente y actual senador. El puntero es el millonario Sebastián Piñera.

Ahora el desafío de Piñera consiste en desmarcarse de los herederos políticos pinochetistas que todavía subsisten y gozan de no poca representación en el Parlamento y en la coalición de la Alianza. Marco Enríquez-Ominami, candidato independiente de izquierda y tercero en la carrera, le recordó al accionista mayoritario de LAN que en 1995 apoyó una ley de amnistía para pasar por alto crímenes de esta naturaleza.

Los fantasmas que siguen dividiendo hondamente al vecino del sur volvieron a penar.

En diciembre de 1982, Frei padre fue ingresado entonces a la santiaguina Clínica Santa María por un shock séptico. En su resolución, Madrid concluye que el deceso “fue ocasionado por la introducción paulatina de sustancias tóxicas no convencionales (...) y por la ocurrencia de diversas situaciones anómalas, que pudieron ser disimuladas como inadvertencias o negligencias que paulatinamente deterioraron su sistema inmunológico y facilitaron la aparición de bacterias oportunistas (...) que resultaron ser la causa final de su muerte y dieron la apariencia de que ocurrió por complicaciones derivadas de las intervenciones quirúrgicas a que fue sometido, haciendo imperceptible la intervención de terceros”.

El democratacristiano era una figura gravitante. Su gobierno, que antecedió a la administración trunca de Salvador Allende, dejó al país en una posición expectante.

En una extensa crónica publicada en CARETAS en agosto de 1970, Enrique Zileri explicó las razones de la popularidad de Frei Montalva como mandatario saliente: “Está comprobado que si fuera candidato, ganaría sobre los otros tres. La obra que ha realizado en materia de educación (1.5 escuelas por día) y vivienda (225 mil unidades) es de tal naturaleza que nadie la discute, aun en este candente proceso electoral. La reforma agraria (3.4 millones de hectáreas afectadas) ha garantizado para su partido el voto del campesinado –que hoy es de 280 mil, pero que en noviembre, al ponerse en efecto la reforma constitucional que dará el voto a los analfabetos y a los mayores de 18 años, sobrepasará el millón. Frei deja al país con una reserva de divisas de US$ 500 millones y un superávit en su balanza comercial que es el primero en 40 años. Y durante este tiempo ha nacionalizado la industria del cobre, a la vez que ha aumentado su producción”.

A pesar de su popularidad, los últimos meses de gobierno de Frei fueron marcados por un caos creciente. En octubre de 1969 se vivió el “Tacnazo” (el chileno, no el posterior golpe de Francisco Morales Bermúdez a Juan Velasco, que es conocido con el mismo nombre). Entonces, un grupo de militares que exigían mejoras salariales e institucionales se acuarteló en el regimiento Tacna de la capital para intentar un golpe de Estado. Eran liderados por el general Roberto Viaux.

La tentativa fracasó. Viaux fue detenido pero poco después recuperó la libertad provisional. En un almuerzo celebrado en su honor reiteró sus nada sutiles intenciones: “Tengo la convicción de que más pronto de lo que pueda pensarse, contra el Estado de Derecho que existe en Chile, volverá a surgir una vez más el Derecho de la Fuerza”.

El general René Schneider fue nombrado comandante en jefe del Ejército. Reiteró que respetaría el resultado de las urnas y, si ningún candidato obtenía más del 50% de los votos, la elección final del Congreso entre los dos más votados. Entonces no había segunda vuelta. Los partidarios de Viaux intentaron secuestrar a Schneider para que el sector autoritario de las Fuerza Armadas impidiera que el Congreso eligiera a Allende. Schneider terminó muerto y Allende juramentó como presidente.
Frei padre fue luego un duro opositor de Allende, que se impuso al oficialista Radomiro Tomic, parado más a la izquierda que el propio Frei, y al derechista ex presidente Jorge Alessandri.
El mencionado texto de CARETAS ya alertaba de la división de los elementos de izquierda que acompañaban la candidatura de Allende. La impresión que le causó a Frei el golpe de Pinochet y la muerte del presidente lo silenció durante algunos meses, pero luego justificó la medida encabezada por Pinochet como el único recurso ante una inminente guerra civil.

Su decepción fue rápida. Pensó que la democracia se recuperaría rápidamente, pero el golpista se convirtió en dictador. Frei se convirtió entonces en líder opositor. En 1980 se puso al frente de la campaña por el “No” en el cuestionado plebiscito mediante el cual Pinochet logró finalmente aprobar una constitución a su medida. Al año siguiente Frei murió en las circunstancias aludidas.

Son llamativas las similitudes en las tendencias actuales de los actores, aunque no les parece corresponder la misma suerte. La presidenta Michelle Bachelet, como Frei padre, goza de una popularidad tal que, si la reelección fuera permitida, seguramente arrasaría. Su aceptación bordea el 80%.

Pero su capacidad de endose es limitada. Frei hijo, el candidato de la oficialista Concertación, cuenta con alrededor del 26% de votos según las últimas encuestas. Diez puntos más arriba se encarama el derechista Piñera. Y el joven Enríquez-Ominami, el Allende de las circunstancias guardando las distancias, cuenta con hasta 20%. Las posibilidades de segunda vuelta favorecen ampliamente a Piñera, aunque sea difícil entender cómo el votante izquierdista de Enríquez prefiera a Piñera antes que la Concertación.

La elección se observa con mucho interés desde el Perú. Las opiniones están divididas, pero en el nivel más alto del gobierno consideran que la relación bilateral se verá deteriorada si gana Frei. El senador y ex presidente suele recordar que durante su gobierno, en 1999, firmó con Alberto Fujimori el acta para ejecutar las cláusulas pendientes de 1929. Al parecer, considera casi una traición personal la presentación de la demanda de límites marítimos ante la Corte de La Haya, pues solía venderse a sí mismo como el que cerró las contingencias faltantes con el Perú (CARETAS 2017).

En la cúpula del Ejecutivo confían más bien que Piñera es el que representa una oportunidad de pragmatismo y nuevos vientos. En el mejor estilo de las “cuerdas separadas”, Piñera ha insistido en diferenciar la “agenda del pasado” de la “agenda del futuro” que debe primar con el Perú.

En cambio, otro diplomático conocedor del terreno alerta que la derechista Alianza que aúpa a Piñera aloja posiciones peligrosamente divergentes y, en algunos casos, de extrema derecha. Agrupaciones como la Unión Demócrata Independiente (UDI) y Renovación Nacional (RN) destacan entre las últimas. Y a pesar de lo que su inmensa fortuna podría hacer creer, Piñera proviene de una familia de clase media que militó en la Democracia Cristiana de Frei y cuando entre 1990 y 1998 fue senador por RN representó al ala que se distanció del legado de Pinochet.

La misma voz sostiene que la Concertación tiene en cambio un coro de voces más capaz de alcanzar consensos racionales.

Como fuera, con Ricardo Lagos y Michelle Bachelet de la Concertación las relaciones bilaterales también se fueron al traste. Las fuentes del gobierno creen que Bachelet prefirió no ejercer un liderazgo en el tema. Ante el vacío, los “halcones” militares y diplomáticos escalaron el tono, con el proyecto de la región Arica-Parinacota como el pico más alto, hasta que el Perú respondió con la salida ante La Haya.

La pobre sincronización del gobierno chileno a ese respecto es demostrada con la partida de ajedrez que el presidente Alan García y el canciller José Antonio García Belaunde vienen ganando en torno al caso del espía Víctor Ariza. Esta semana, La Moneda reconoció que los dos supuestos contactos del suboficial FAP, Adrián Bravo Carrasco y Jaime López Ruiz, son funcionarios en retiro de la Fuerza Aérea Chilena que trabajan en protocolo de relaciones internacionales de esa arma. La admisión llega luego que el canciller Mariano Fernández presentara el caso en un principio como un montaje del gobierno peruano. La cosa es tan complicada que en Torre Tagle extrañan a su predecesor, Alejandro Foxley. (Enrique Chávez)

Fichas del Asesinato


El juez Alejandro Madrid abrió proceso contra el médico Patricio Silva Garín, quien llamó a Pinochet al hacerse cargo de la segunda operación a Frei. Fue él quien también atendió al moribundo Schneider. También fueron encausados los médicos Pedro Valdivia, que practicó la primera operación, y Helmar Rosenberg y Sergio González, responsables de la autopsia (ver a la derecha). El grupo se completa con Raúl Lillo, agente de Inteligencia encargado de los seguimientos al ex presidente, y Luis Becerra, chofer de Frei que colaboró con la conspiración.


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