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Entrevistas Entrevista insólita al tan prolífico como polémico compositor Augusto Polo Campos, autodidacta doctorado.

La Escuela de la Vida

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“Empecé la secundaria pero no la terminé porque no me dio la gana”, dice el autor de “Y se llama Perú”.

¡Increíble! Augusto Polo Campos, junto con Chabuca Granda y Mario Cavagnaro, es uno de los más grandes representantes de la música criolla de todos los tiempos y sin embargo él no sabe lo que es una corchea ni una semifusa ni una clave de fa porque jamás escribió música y nunca se asomó al pentagrama. Como él dice: “soy un alucinado que tiene por dentro y siempre un lapicero imaginario que compone las canciones que le pido, música y letra, en menos de media hora”. Ni siquiera se acompaña con la guitarra. Su fertilidad creativa es asombrosa y en este sentido es, como autodidacta sumergido en la escuela de la vida, un auténtico fenómeno de la naturaleza. Ha logrado, pienso, lo más difícil del mundo: buscar su propia felicidad haciendo lo que quería, como quería y con quien quería en cada momento. Sin ambages, sin subterfugios, sin buscar el trillado camino de los demás mortales que tienen que situarse en la vida a través del sacrificio y del estudio y de la profesionalización llena de asperezas previas. “Lo más importante no es aprender por aprender sino descubrir”, sentencia. Ha vivido. Punto. Se ha dejado llevar por los vaivenes de la vida. Y ese preciadísimo don con el cual nació, su retentiva y su sentimiento poético-musical se almacenan, según él, y en este caso muy de acuerdo con la ciencia, en los lóbulos temporales de su cerebro, ya que como él dice: “el corazón es un músculo, en el corazón no está el amor; eso sirve para los anticuchos, el amor está en los barrios de la mente”. Si, como predica, la felicidad es llegar a hacer lo que uno quiere, ¿cómo hizo su vida Augusto Polo Campos? Averigüemos esto. Lo cité en el restaurante Costa Verde y, más que puntual, ahí estaba cuando yo llegué. Que él hable.

–¿Qué edad tiene?
–80 años. Nací en Puquio (Ayacucho) a 3,400 m de altura. Mi padre fue teniente y luego capitán del ejército. A los dos años vine a Lima con mis padres. Al Rímac. Mi madre cosía haciendo arreglos de ropa para el ejército, como todas las madres de mi barrio.


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