Vida Moderna Tradición y diversión en dos peñas de aniversario. “La Catedral" y "Del Carajo”.
Así Celebra el Criollismo
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Juventud sana y estudiosa no tiene suficiente con la pista de baile. |
Es viernes, son la cinco y la tarde anochece. La puerta abierta de una casa es la tarjeta de invitación. Cajón, guitarra y sonora voz. Cerveza, ron y cigarros.
–Ante todo, buenas tardes.
–Salú, hermano.
Palpitando en el corazón de Breña (cuadra 11 del Jr. Pariacoto), la Catedral del Criollismo es una peña especial. Formada por añejos y macerados cultores, su misión desde hace 5 años es iluminar un acervo, mantenerlo vivo y transmitirlo a las nuevas generaciones. Lo cual se hace con una seriedad que no le teme a la picardía:
–Estos valses dan una sed...
–A tanta insistencia.
–¡Qué bonito!
Wendor Salgado lleva boina, fuma y toma pero no desentona. Cuando habla parece un maestro de artes marciales. Pura sabiduría. Tiene una misión. Cada tema es grabado y consignado en un libro de incidencias que incluye fecha, título, compositor y músicos. Esto no es un juego.
En una pared destacan los discos. En la otra, fotos. Sobre un piso trajinado e iluminados por un par de tubos fluorescentes, los implicados aguardan en los sillones, sillas y bancos. Finalizado el tema, vaso en mano, aprueban, comentan, se jaranean.
Por tener espíritu pedagógico, la peña necesita irrigarse con sangre joven. Uno de ellos, Fred Rohner, poeta y profesor de la U. Católica, fue quien le dio el santo y seña a Caretas para ser admitido en la Catedral: “Hay mucho prejuicio con respecto a las amanecidas y la vida bohemia. Esta peña se realiza todos los viernes de 4 a 8 p.m. Hay cerveza, un roncito pero también gaseosa. Cuando te amaneces, lo haces por un cumpleaños o una serenata. Aquí no te jaraneas por jaranear”.
“La idea es cantar el repertorio que no es popular y se ha quedado atrás no por malo, sino porque no formó parte del programa oficial de Velasco. Mucho del criollismo que conocemos en su momento fue creado y apoyado por el Estado. Cavero y Avilés fueron personajes muy cercanos a los militares. Crearon esa imagen de un criollo oficial. Polo Campos no es un patriota, es un patriotero” –dispara el también filólogo.
“Yo al principio venía solo a jaranear pero cuando murieron músicos y amigos que se llevaron todo su saber, empecé a grabar, transcribir y guardar. Formar un archivo”.
“A esta misma hora en el Aromito del Callao, en La Capilla de Petit Thouars, en los Barrios Altos se juntan y hacen peñas como esta. Los visito y conozco porque mi investigación tiene que ver con los valses de 1920 y anteriores”.
Al otro lado de la ciudad, en Barranco, la noche empezó hace rato, pero la fiesta recién empieza. La peña “Del Carajo” comenzó hace 10 años gracias a Damián Ode, Rafael Cavero y Jair Ormeño. Su local estaba en San Ambrosio, cerca a la Plaza Butters. Su capacidad era de 250 personas. Al poco tiempo se amplió para albergar a 350 almas deseosas de jarana.
La fachada del actual local era una marmolería. El resto era pampa. Se inauguró en el 2006. Podía recibir a 500. Año y medio después 600 era el límite. Ahora se está diversificando: los jueves es “Help”, discoteca y bar alternativo, y los sábados la jarana se inicia desde el mediodía con la cebichería “Mr. Fish”.
Como se ve, el concepto es la diversión como negocio. Y funciona. Hay mucho joven (y no tanto) que se pasa la noche con una sonrisa de oreja a oreja. Para no hablar de los turistas que desfilan por el escenario, felices, moviendo la cintura con la gracia de un elefante.
–¿De dónde eres?
–De Mendoza –responde una argentina.
–Sho soy de Mendocita –completa el animador provocando la risa general.
Un gringo que acaba de ser bautizado como Shaggy, rebota mientras intenta bailar un festejo. Animado por las risas, se lanza al suelo y hace unos pasos de break dance. Es el turno de Jorginho:
–¿De dónde eres, mariconsinho?
–De Sao Paulo.
–¿Pare de sufrir?
Y Jorginho coge el micro y comienza una perorata que combina autoayuda, ética y estupidez en un tono similar al de los conocidos traficantes de la fe.
–Me llamo María del Mar.
–Pues hombre, joder, un aplauso para España...
Porón pon pon/ son tus galletitas Chomp –cantan los músicos de apoyo.
Pasadas las 2 de la mañana, la arrolladora Lucía de la Cruz canta y encanta con “Se acabó y punto”, “Yo perdí el corazón” y dos más y nos vamos.
Un Dj logra el milagro de convertirla en “Discopeña”. Los jóvenes bailan, agradecidos: hasta el criollismo cansa.
Es hora de partir. Son casi las 5 de la mañana y Lima es una gata cuyas garras se empiezan a guardar. (Escribe: Juan Carlos Méndez)