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La Copa Ilustrada Desde el Callao a Miraflores: recorrido por la ruta del pisco.

Un Regalo Destilado

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Thalía Flores, flor canela de 21 años. Aquí derramando lisura en la barra del Queirolo de Pueblo Libre.

La ruta se inicia en una casa construida a principios del siglo XX y remodelada a principios del S. XXI. Ubicada en el cálido y acogedor Jr. Arrieta (174), en La Punta. Allí, el chef Carlos Bonilla ofrece diversidad de pizzas y pastas en unos ambientes donde reina la elegancia, Celia Cruz y Héctor Lavoe. Apostados en la barra, Pablo Nieto (30 años trabajando con Marissa Giulfo, entre otros) ofrece como especialidades de la casa un sabroso pisco sour y un refrescante chilcano. Imposible negarse.

La senda pisquera continúa en Pueblo Libre, donde palpita una tradición llamada Antigua Taberna Queirolo. Allí se ejercita desde 1880 la bendita costumbre de beber, comer y conversar. Mesas de mármol, sillas de madera, fotos añejas, ravioles, cau cau y patita de chancho.

Sánguches de jamón del país y lomito ahumado. Chilcano y pisco sour. Y si el asunto es grupal, la mejor opción es la “Res”: botella de pisco, otra de Ginger Ale, limones, hielo, jarabes de goma y guinda y ¡para qué más!

Si lo que se busca es variedad, entonces una buena opción es el trago homónimo del “550”, restorán capitaneado por Israel Laura que convierte una pasta de ají amarillo en insumo rotundo pero sutil para un cóctel que sin producir picor atenaza el sabor. La socarrona imaginería de Cherman es la nota de color en este local del Jr. Cañete 550, Lima.

Aunque conocido y reconocido por su pisco sour, el bar inglés del Hotel Country lanzó para el día de la canción criolla un cóctel de chicha morada, jugo de lima, néctar de maracuyá, jarabe de piña y pisco quebranta que mientras se bebe canta yo también me llamo Perú.

Finalmente, parada obligada es el “Capitán Meléndez”, ubicado en la esquina de Alcanfores con Cantuarias (www.actiweb.es/capitan-melendez). Allí, Fernando y Roberto rinden homenaje a su padre Don Felipe “Chino” Meléndez, reconocido barman de la segunda mitad del S. XX. En este santuario miraflorino que acaba de celebrar su primer aniversario, son santos patronos el pisco sour, el capitán y el chilcano y el pisco punch. ¡Amén!

Socios de la Conquista

Pisco peruano a la conquista del mercado gringo.
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D. Loret de Mola y C. Ferreyros: nuevas botellas son tradicionales pero vanguardistas.


Amigos desde el colegio, Diego Loret de Mola y Carlos Ferreyros se volvieron a reunir luego de largos años en el 2000. El primero trabajaba en el negocio de licores en EE.UU., el segundo era empresario agrícola. Para Loret de Mola era obvio que EE.UU. vivía un boom latino. Para Ferreyros era claro que el pisco peruano tenía calidad internacional. Diego sabía que el mercado de vodka, ron y tequila ya estaba desarrollado y en algunos casos saturado. Carlos sabía que las únicas bebidas espirituosas de Latinoamérica eran la cachaza (Brasil) y nuestro destilado de uva. Ambos sabían que los consumidores siempre buscan lo nuevo, diferente y original. Ambos sabían, también, que para controlar la calidad final del producto debían manejar el proceso desde el inicio. En el 2001 adquirieron una bodega de la familia Mendiola (Ica) y produjeron durante 4 años. Pero no lo vendían. El objetivo era aprender a lograr una calidad constante y lograr un perfil aceptable para el mercado internacional. La conclusión fue: licor de 40 grados, uva quebranta e iniciar la conquista a través de los cócteles. El rotundo éxito inicial no los ha mareado. Saben que es una maratón, no una carrera de 100 metros. Ahora, con una nueva botella buscan diferenciarse, consolidar la marca Barsol y volverse maridaje obligado de la revolucionaria gastronomía peruana. ¡Salud!


 


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