Obituario Alberto Andrade (1943/ 2009): Recuperó Lima y le cantó al oído con entonado carisma.
El Alcalde Criollo
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Nació en Barrios Altos, murió en EEUU. Pero pidió volver. |
El viernes 19 de junio el país se vio estremecido por una noticia que muchos temían: la muerte de Alberto Andrade, el ex alcalde que hiciera tanto por recuperar Lima. Y que como candidato a la presidencia en el 2000 sufriera la arremetida más ruin y canallesca que se recuerde en la historia de la República.
Ingresó en la política justo cuando apareció Sendero Luminoso. Se inició como regidor de Miraflores representando al PPC, en cuyas filas militó hasta que fundó su propio partido. Fue elegido dos veces alcalde del distrito. En su enérgica gestión, entre otras cosas, instauró el Serenazgo para combatir la delincuencia; y cuando, en 1992, se produjo el criminal atentado de la calle Tarata, promovió una Marcha por la Paz que reunió a los vecinos de Miraflores y Villa El Salvador. Andrade y Michel Azcueta, entonces alcalde de VES, encabezaron la marcha en una hora en que había que ser macho para encarar al senderismo y al MRTA.
Nacía un político diferente, práctico, realista, criollo, que caía bien, en un momento en que más que nunca era necesario el aporte de renovados ánimos y entusiasmos.
En las elecciones municipales de 1995, sin más armas que su obra y su carisma, se enfrentó por la alcaldía de la capital a Jaime Yoshiyama, el delfín de Fujimori, a quien batió en toda la línea. Fue el día más feliz de Andrade y el que, sin duda, marcó la primera derrota del Chino.
Lima se agrandaba. Y su caótico crecimiento significaba también el aumento de sus problemas. Así las cosas, el Centro Histórico se empantanó. Andrade se mudó entonces a una vieja casona ubicada a dos cuadras de la Plaza de Armas (hoy abandonada) para seguir de cerca el reto de su recuperación.
El comercio ambulatorio había tomado prácticamente sus principales avenidas e incluso el jirón de la Unión; los balcones –que identificaron a la ciudad– lucían abandonados; los parques requerían mayor cuidado y, en algunos casos, una remodelación. Tareas difíciles pero que no intimidaron a Andrade: acabó con el comercio ambulatorio desordenado, restauró plazas y parques, los balcones recobraron su antigua prestancia e incluso promovió bienales de arte que lamentablemente no se han repetido.
En su segundo periodo remodeló las últimas cuadras de la avenida Lampa y construyó la Vía Expresa de Javier Prado; y en su afán de aliviar el transporte masivo, proyectó traer buses. Pero le quitaron rentas y eso frustró en parte su programa.
El máximo logro de su gestión, y por lo que será siempre recordado, fue la recuperación del Centro Histórico, tras décadas de abandono.
En las elecciones generales del 2000 postuló para la Presidencia de la República y sufrió la más inmunda campaña mediática que los limeños octogenarios hayan visto. Para frenarlo, la llamada ‘prensa chicha’ le endilgó falsedades e insultos de la más baja estofa. Cuando faltaban ocho meses para las elecciones, encabezaba prácticamente todas las encuestas. Como era un peligro para el fujimontesinismo (denominación de su cosecha), le dieron duro hasta sacarlo de carrera.
En el 2002, después de siete años al frente de la comuna limeña, perdió las elecciones ante Castañeda Lossio. Pero mantuvo su fuerza municipal en todo el país con 140 municipios entre provinciales y distritales.
Para las elecciones del 2006 se unió a Valentín Paniagua y formaron un Frente de Centro. Y aunque perdieron las elecciones, él fue elegido congresista.
Hasta el año pasado Andrade lucía corpulento y vital, pero un inoportuno mal le cortaría las esperanzas de seguir proyectando programas y acciones para el futuro. Y en ese sino, triste destino, el ex alcalde de Lima falleció en una clínica de Washington víctima de una fibrosis pulmonar. “Llévenme a Lima”, fueron sus últimas palabras. (DTL).