
Escribe FRANCISCO SAGASTI 1
Copenhague Interruptus
El resultado de las negociaciones sobre cambio climático no dejó contento a nadie. En vez de llegar un clímax satisfactorio con un acuerdo mínimamente aceptable, la Conferencia de Copenhague dejó un sabor amargo de proceso inconcluso y frustrante para los participantes. El documento final fue aprobado después de gallos y media noche luego de un accidentado proceso, sólo se “tomó nota” en vez de adoptarlo, y el texto no establece ningún acuerdo obligatorio que permita vislumbrar esfuerzos decididos para mitigar y enfrentar los efectos del cambio climático.
Como consuelo hay algunos magros logros, tales como la mención de 2o C como máximo aceptable para el aumento de la temperatura promedio global, el acuerdo de presentar planes y metas de mitigación nacionales en los próximos meses, y las vagas promesas de financiamiento de los países ricos a los países pobres.
La lección más importante de Copenhague ha sido que los procesos tradicionales de negociación de las Naciones Unidas son inadecuados para abordar problemas que involucran una multiplicidad de intereses y agendas. Sus principales problemas son: la adopción de resoluciones por consenso, que consagra la ficción de una participación igualitaria de los 192 países miembros, pero le da el poder de veto a quienes adoptan posiciones obstruccionistas; la multiplicidad de agendas en discusión, que abarcan asuntos técnicos, financieros, económicos, comerciales y hasta de supervivencia, hace muy difícil lograr acuerdos en sólo un espacio de discusión en el que se aprueba todo o nada; y las limitaciones de procedimiento (darle automáticamente darle la presidencia de la reunión al país anfitrión, establecer rígidamente grupos de países así tengan intereses divergentes, y limitar la participación del sector privado y de la sociedad civil).
Estas prácticas de negociación colapsaron en Copenhague. El veto de última hora de algunos países insatisfechos (Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Sudán) impidió adoptar el texto final, lo que descartó avances parciales en aspectos tales como adaptación al cambio climático, transferencia de tecnología y reducción de emisiones por deforestación. El pobre desempeño del Primer Ministro de Dinamarca como Presidente de la Conferencia generó confusión y amplificó el caos reinante. La creación del grupo BASIC de países emergentes con altos niveles de contaminación (Brasil, Sudáfrica, India y China) marcó la ruptura del G 77 + China y dejó sus propuestas en el aire. Cuando el Presidente Obama irrumpió en la reunión de este nuevo grupo y forjó un acuerdo de última hora al margen de los otros países participantes (incluyendo Europa y Japón), quedó claro que no será posible seguir negociando en base a los grupos de países establecidos hace cuarenta años en las Naciones Unidas. La marginación de las ONGs ambientalistas en las negociaciones augura una intensificación de sus protestas, y la de las empresas privadas anticipa mayores esfuerzos de cabildeo en sus países de origen para oponerse a cualquier medida que las perjudique.
En el futuro será necesario organizar las negociaciones sobre cambio climático en función de agendas parciales, con acuerdos preliminares sobre temas específicos que serían ratificados o modificados al considerarlos en conjunto; con grupos más pequeños y flexibles de países, organizados en base a intereses —volumen de emisiones, grados de vulnerabilidad, capacidad tecnológica, entre otros— y con un país líder que los represente en las negociaciones más amplias (algo así como las “cabezas de serie” en los campeonatos de tenis); con programas de asistencia técnica y capacitación para negociadores, tales como los del IIED para representantes de los países más vulnerables; con el nombramiento ad hoc de los presidentes de las conferencias parciales y de la conferencia final; y con designación de mediadores especializados para facilitar los acuerdos. Sólo así será posible llegar a acuerdos significativos y a un clímax satisfactorio en las negociaciones sobre cambio climático.
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1 El autor fue uno de los dos negociadores del Grupo de los 77 en la Conferencia Mundial sobre Ciencia y Tecnología para el Desarrollo realizada en Viena en 1977. Actualmente es miembro del Directorio del International Institute on Environment and Development (IIED) con sede en Londres.