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Informe Lima Alcaldes históricos de Nueva York, Jerusalén y una tigresa valenciana.

Tres Tigres Ediles

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New York, la ballena blanca de las urbes. LaGuardia, pescó obras a río revuelto.

Fiorello LaGuardia, Alcalde de Nueva York entre 1934 y 1945.
Fue quizás el más popular de la historia de la ciudad, y si no hubiera renunciado por razones de salud (murió en 1947), habría sido elegido nuevamente.

Le tocó la época de la Gran Depresión, en la que el desempleo era masivo en EE.UU. y las colas callejeras para llegar a pailas de sopa eran comunes en Nueva York.

Demócrata progresista, fue uno de los grandes impulsores del ‘Nuevo Trato’ de Franklin Delano Roosevelt, opción intervencionista keynesiana que el conservadurismo norteamericano de la época consideraba virtualmente filo-comunista.

Antes de llegar a la comuna, promovió una ley que redujo el derecho que tenía el Congreso en Washington de prohibir huelgas.

Combatió a la mafia y el juego, destruyendo comba en mano miles de tragamonedas, y defendió los derechos de inmigrantes como los de sus padres italianos.

Desarrolló un programa masivo de obras públicas, replanteando la estructura de la ciudad que nunca duerme y creando decenas de miles de puestos de trabajo, y promovió la instalación del primer aeropuerto comercial dentro de la ciudad, que hoy lleva su nombre. En el terminal LaGuardia destaca una estatua suya.

–Otro alcalde ítalo-norteamericano de Nueva York que adquirió gran renombre fue el republicano conservador Rudolph ‘Rudy’ Giuliani (1994-2002). Destacó por su temple al manejar la situación creada por el ataque a las Torres Gemelas y por reforzar la seguridad en la ciudad. Pero su postulación posterior a la presidencia de Estados Unidos fracasó.

–Theodor Kollek, alcalde de Jerusalén entre 1965 y 1993.
Hebreo sionista nacido en Hungría, su familia emigró en 1935 a Palestina, entonces mandato británico. Fue parte integral del movimiento independentista y eventual director del gabinete de David Ben Gurion, el legendario fundador de Israel.

Teddy Kollek fue alcalde laborista de Jerusalén durante 28 años, siendo reelegido en 1969, 1973, 1978, 1983 y 1989. En 1992 volvió a postular a los 82 años, pero fue derrotado en una barrida conservadora del Likud.

Jerusalén apenas supera el millón de habitantes, pero sus problemas son extremos.

A raíz de la Guerra de los Seis Días de 1967, Jerusalén anexó tierras árabes de Cisjordania y el sector oriental jordano de la ciudad.

Por eso ahora la ciudad alberga a unos 500,000 habitantes judíos, incluyendo 180,000 nuevos colonos. Se suman 200,000 árabes que en su mayoría se niegan a adoptar la nacionalidad israelí y apoyan la creación de un estado palestino paralelo. Se añaden cristianos y otras minorías.

Fue en 1980, durante el mandato de Kollek como alcalde, que el Knesset, el parlamento israelí, proclamó a Jerusalén como su capital “eterna e indivisible”. Las Naciones Unidas se opusieron, creando una situación sui géneris.

La embajada del Perú, como la de varios otros países latinoamericanos, está en Jerusalén, pero la de Estados Unidos está aún en Tel Aviv.

Lo extraordinario es que, en ese torbellino, Kollek también se opuso a que Jerusalén fuera designada capital de su país y siempre fue el político israelí de rango que mantuvo una fluida relación con la comunidad árabe de la ciudad. Luchó por su bienestar material, serenó con sus contactos y personalidad brotes de violencia urbana, y transformó ese enclave milenario de lugares santos para tres religiones en una urbe moderna.

Kollek falleció en el 2007 a los 96 años, y su ausencia se siente mucho hoy.

–Rita Barbera, Alcaldesa de Valencia, España, desde 1991 hasta hoy.
Licenciada en Ciencias Políticas, Económicas y Empresariales, es cofundadora del Partido Popular (PP) en Valencia. Ha ocupado un puesto en el Cuerpo Especial de Economistas Sindicales y ha sido diputada en las Cortes Valencianas desde 1983.

Fue elegida alcaldesa en 1991 y reelegida en 1995, 1999, 2005 y 2007, alcanzando la mayoría absoluta en los dos últimos comicios.

Algo, pues, está haciendo muy bien la Barbera. Con un área metropolitana de 1.8 millones de habitantes, Valencia es la tercera ciudad de España.

Fundada en el 134 a.C. por un cónsul romano, es conocida como la “ciudad de las flores” aunque todavía cuenta con solo 5.2 m2 por habitante de áreas verdes. Esto es mejor que de los menos de 2 m2 que se calcula para Lima, pero menos de los 8 metros que recomienda la OMS.

Barbera, por lo tanto, ha puesto gran énfasis en compensar este déficit y ahora el 90% de sus viales están ajardinados para reforzar el modelo de la ciudad vergel.

Un antiguo cauce del río Turia se ha convertido en un parque de 6.5 km de extensión.

Entre las varias otras áreas de vegetación está el Parque Gulliver, en el que los niños pueden deslizarse por los toboganes que forman las ropas y cabellos de una gigantesca figura yacente.

Hasta mediados del siglo XIX, los 17 barrios que conforman la ciudad tenían municipios tan independientes como nuestros distritos limeños, pero a partir de entonces ese caos terminó al consolidarse una autoridad central.

El boom inmobiliario de Valencia ha levantado torres de hasta 20 pisos, algunas discutidas, pero bajo el régimen de Barbera se ha puesto en vigor una nueva Ley de Actividades Urbanísticas y la obligación de presentar Programas de Acción Integrada para frenar los excesos inmobiliarios.

Valencia cuenta con tres líneas de metro y dos de tranvía, y está añadiendo cuatro ramales subterráneos. Además, una línea municipal opera todos los buses en el casco urbano.

Sus monumentos históricos están puestos en valor y las edificaciones modernas dedicadas a la cultura, como la llamada Ciudad de las Artes y de las Ciencias, son espectaculares.

En marzo Valencia celebra las Fiestas Josefinas o Fallas en las que desfilan grandes muñecos alegóricos, algunos de 30 metros de altura, que luego son incinerados por fuegos artificiales.

Doña Rita no falta en las fiestas ni sus caricaturas de cartón piedra escapan de los destrozos pirotécnicos, pero estos siempre se inmolan entre aplausos.

De Alcalde a Presidente

Casos internacionales de transición.

Willy Brandt.


En el mundo, por cierto, son varios los políticos destacados que han pasado de alcaldes a jefes de Estado o de gobierno.

Emblemático fue Willy Brandt, burgomaestre de Berlín Occidental entre 1957 y 1961, en los dramáticos años en que Alemania comunista levantó el infame Muro.

Brandt fue elegido Canciller de la República Federal Alemana en 1969, cuando el partido socialista que presidía, el SPD, barrió en las urnas.

Brandt era, además, una figura de trascendencia internacional. Recibió el Premio Nobel de la Paz por su ‘Ostpolitik’, que proponía un nuevo trato con los países del Este. Irónicamente, fue obligado a renunciar en 1974 cuando se descubrió un espía soviético en su entorno personal.

En Latinoamérica, sin embargo, son numerosos los fracasos de las candidaturas presidenciales de alcaldes metropolitanos, como Joaquín Lavín, el ex de Santiago de Chile.

¿No Basta Ser Alcalde?

Desafíos extremos de las grandes urbes deberían prometer la gloria.

Las megaurbes de hoy en día, como la Gran Lima y sus 8 millones de habitantes, son más populosas que países enteros, como Paraguay y sus 7 millones, Noruega, con menos de 5, o Costa Rica, con algo más de 4.

Por otro lado, las ciudades-estado han abundado en la historia, como la Serenísima República di San Marco, que en 1793 se convertiría en Venecia, o Singapur, ciudad-estado-isla de 700 km2, que en 1965 también se convirtió en república al independizarse de Malasia. (Goza hoy de un ingreso per cápita de US$ 50,000 anuales).

¿Ser el Dux democrático de un conglomerado problemático pero dinámico como el de Lima Metropolitana no es entonces un desafío lo suficientemente importante?


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