Informe Lima Los desafíos pendientes en la gestión y el estilo del alcalde.
Puntos en Contra
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Ejemplo miraflorino de crecimiento sin concierto. |
EL récord de popularidad de Luis Castañeda como alcalde de Lima metropolitana tiene pocos precedentes.
La última encuesta de Apoyo le asigna 80% de aprobación. Y esta se dispara a 87% en el sector D.
Las obras retratadas en las páginas precedentes e iniciativas como los Hospitales de la Solidaridad explican en buena medida tales cifras, insólitas para un país en el que la credilidad de políticos e instituciones es un bien sumamente escaso.
Pero las voces que elevan críticas a su gestión también se dejan sentir. Si una cara de la moneda en el estilo del alcalde destaca su capacidad ejecutiva, la otra releva la administración del silencio casi a modo de una religión.
Es un hermetismo que sugiere un déficit de cultura democrática. Lo mismo que el abandono de iniciativas positivas de su predecesor Alberto Andrade, como el mantenimiento de la simbólica Casa del Alcalde y la exitosa Bienal de Arte.
La poca cintura también se ve reflejada en el balance anual del desempeño municipal que acaba de ser presentado por Ciudad Nuestra, la organización dirigida por el ex ministro Gino Costa y el actual concejal Rafael García.
El documento destaca que durante el 2009 “las agendas oficiales del Concejo continuaron siendo áridas e insípidas pues no contienen (ni la mesa de debates lo permite) los asuntos esenciales de política metropolitana”. Según esta apreciación, el Concejo Metropolitano, que debería ser el espacio democrático por excelencia en el esquema municipal, está en la práctica anulado.
De otro lado, pasivos como el de la página web del municipio han sido parcialmente superados en el año que pasó y ya cumplen con los requerimientos básicos de la Ley de Transparencia e Información Pública.
Como esta revista lo viene advirtiendo, el crecimiento y verticalización de Lima se está dando de una forma caótica. Si bien el gobierno de Alberto Fujimori modificó la ley orgánica de municipalidades para recortar las atribuciones de Lima frente a los distritos (y así perjudicar a Belmont y Andrade), puede argumentarse que la MML no libra adecuada batalla contra los abiertos excesos. Ciudad Nuestra coincide: “Los problemas más serios se han presentado cada vez que un distrito pretende un cambio de zonificación específico... Lo que ocurre a menudo es que se trata de pretensiones con nombre propio”.
Siempre se cierne el peligro de corrupción en las obras públicas (cuyas licitaciones suelen ser supervisadas por organismos internacionales como el PNUD y la Organización Internacional del Trabajo, práctica que es más expeditiva pero tiene no pocos detractores). Asimismo, la verticalización caótica puede terminar con la destrucción de vecindarios atractivos que dotan de personalidad a la ciudad.
No pocos llaman la atención sobre el necesario reordenamiento del terrible tráfico en Lima. Los críticos de Ciudad Nuestra aseguran que “la idea que se manejó hasta el 2008 era que Lima no debiera contar con más de 200 rutas urbanas de las casi 500 preexistentes de transporte público. Ahora, parece que la balanza se inclina a racionalizar lo mínimo para “no hacer olas”.
El parque automotriz registrado en Lima es de un poco más de 170,000 vehículos. Se calcula que los vehículos de transporte público son alrededor de 42,000 y, según los planes de desarrollo, podrían ser reducidos a la mitad.
Al respecto, hay quien alerta que la entrada en vigencia del nuevo sistema El Metropolitano necesitará de profundos cambios que todavía no han sido emprendidos: “La ‘cultura metro’ que es similar a la que se aplica en estos sistemas demanda un entrenamiento intenso, pues se ubica en las antípodas de la movilidad en combi”, dicen.
En términos de seguridad, que según reciente encuesta de Datum es el principal problema de la ciudad, para el 56% de limeños se asigna nota reprobatoria. Los esfuerzos aislados de la Municipalidad metropolitana y algunos distritos por mejorar el sistema de Serenazgo no rendirán frutos de no establecerse una política conjunta con la Policía.
Aunque uno de los puntos a favor de la administración Castañeda ha sido el ordenamiento de las finanzas municipales y la recaudación, es muy pobre el presupuesto asignado “a las gerencias de línea encargadas de las competencias clásicas –pero cruciales– para la vida urbana tales como Desarrollo Urbano y Planificación, Transporte Urbano, Seguridad Ciudadana”, dice Ciudad Nuestra.
En resumen, esos merecen ser los retos que el alcalde Castañeda tiene al frente para pasar de ser un alcalde tremendamente popular a un burgomaestre histórico.