Arquitectura Arquitectos peruanos de 51 – 1 ganan concurso para desarrollar la sede del Museo Moderno de Medellín.
Medalla en Medellín
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La propuesta peruana ganó también el Premio del Público. Foto, cine reversible: sala interior y ecran al aire libre para los que no entraron. Más sobre el concurso: www.elmamm.org/segundaetapa/ |
La ciudad de Medellín, acomodada en la angostura del valle de Aburrá, obliga a su población menos privilegiada a inventarse un hogar sobre las laderas de los siete cerros que la rodean. En sus peores tiempos de sicariato, aquellos en que Pablo Escobar instalara su cartel en dichos predios, esta arquitectura de lo elevado suponía una continuidad vertical donde el techo ajeno era terraza propia, y viceversa. Casi siempre eran escalonadas rutas de escape.
En mejores tiempos, como este, dicha ciudad goza del efecto residual de un alcalde matemático y con Phd, Sergio Fajardo, que supo interpretar la idiosincrasia paisa para facilitarle soluciones urbanísticas a su medida. En este proceso la estética de la necesidad se convirtió en solución urbana y cultura ciudadana. Fajardo empezó a trasladar “ciudad” a las zonas pobres, pero no en forma de escaleras, sino como bibliotecas que generaron espacios públicos de civilizada convivencia entre locales y visitantes. La entrada era libre, pero no gratis: el visitante debía firmar su ingreso, y luego el Municipio costeaba su entrada. Fajardo, y recién aquí se parece a su colega limeño, piensa postular a la presidencia de su país en el 2010. Siguiendo su línea virtuosa, recientemente el Museo de Arte Moderno de Medellín convocó por invitación a un concurso para diseñar el local de su institución. Se trataba de un espacio de 4,130 m2,contiguo a una antigua siderúrgica que ya había sido resucitada museológicamente. Participaron 11 propuestas, entre ellas notables como Enrique Norten (México), Izaskun Chinchilla (España), y Fernando Viega (Brasil). Pero el concurso lo ganaron arquitectos peruanos, los de 51 – 1 / Supersudaca Perú.
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Propuesta que estimula la vida dentro y fuera del museo. Funcionalidad que sorprendió al jurado. |
Fernando Puente Arnao, Manuel de Rivero y César Becerra, peruanos, fueron los únicos que se apersonaron in situ en el lugar que los requería. Al llegar y subir y bajar y volver a subir y volver a bajar sus casas en los cerros, vieron que la solución que el proyecto requería solo podría surgir del modo de ser de los ciudadanos que habrían de recibirlo. Se dedicaron a configurar una propuesta flexible que podría seguir creciendo como siguen creciendo las casas con las vigas de alambre expuestas, y que contuviera una solución urbana, de uso real, más que un adorno que exteriorizara el ego inmenso de quien deja una firma sobre un lugar. Es decir, que la arquitectura ayudara a hacer mejor una ciudad. Como dijera De Rivero –luego de subir los hombros en señal de absurdo– al ser preguntado por qué proyectos así no se hacen en Lima: “nadie estudia arquitectura para acabar diseñando una casa de playa”.
Los peruanos deconstruyeron la arquitectura autodidacta y popular de Medellín para, en un viaje de vuelta, llevar el barrio a la ciudad. Es más, a un museo. Retomando el concepto de la cascada de plazuelas que los cerros ofrecen, hicieron un museo de múltiples espacios públicos que no hacían indispensable entrar al recinto para ser convocados por el edificio, ofreciendo además desde cada ángulo una vista distinta e inédita de la ciudad. La idea: generar, desde proyectos privados, espacios públicos. Con una sala de cine reversible (ver imagen), por ejemplo, y construida en las diversas variedades de ladrillos que se hace en Medellín, para hacer el lugar aún más propio del ciudadano. El jurado presidido por el arquitecto español Federico Soriano quedó impresionado por tan cercano entendimiento y creativa interpretación del pulso de su ciudad hecho por extranjeros. Lo que hizo obligatorio repetir la pregunta de por qué no se puede hacer proyectos así en Lima. Las respuestas ocuparon toda la tarde: Porque acá los concursos son a dedo. Porque los arquitectos se han desentendido de su rol como urbanistas. Porque ahora se valida la arquitectura por su acabado. Porque una casa de Asia premiada en Miami se presenta como representativa de la arquitectura peruana actual. Porque los parques de Lima llevan letreros que dicen No Pisar el Césped. Por ejemplo.