Televisión Sexta temporada de “Lost” será el final de la serie, no del misterio en la isla. Estreno será el 2 de febrero.
La Última Escena
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Imitando "La Última Cena" de L. da Vinci, los productores de "Lost" han difundido imágenes del misterio muy misterioso que la sexta temporada intentará complicar. Inició será con capítulo doble. |
Ciencia ficción y drama. Aventura y suspenso. Un avión hecho pedazos. Una isla. Los sobrevivientes discurren por su arena. Por su laberíntico bosque tropical donde se oculta, se anuncia y salta para atacar un oso polar. Blanco como la nieve en una isla de Hawáii.
Los personajes buscan salir, entender, comprender. La isla y su vida. Su pasado es la sombra que camina junto a ellos. Misterios presentes, posibilidades futuras. Besos, excursiones, explosiones. ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Cómo? Las respuestas pueden ser “los otros”, “la iniciativa Dharma” y unos números: 4, 8, 15, 16, 23, 42. Además hay un búnker. Flashbacks y flashforwards. Están perdidos. Pero no son los únicos. Hay un carguero. Pero no vienen a rescatarlos. Vienen a matarlos.
¿La respuesta es más misteriosa que la pregunta? Exactamente pero al revés. Algunos personajes logran salir de la isla. Algunos personajes necesitan regresar a la isla. Filosofía. Sicología. Literatura. Realidad.
Y como en todos lados, por allí también corre sangre peruana: Henry Ian Cusik, hijo de Esperanza Chávez. Desmond en la ficción. Amante del cebiche en la no ficción.
La primera temporada se emitió en septiembre del 2004. Tuvo más de 18 millones de televidentes. Las sucesivas han cosechado lo sembrado y al finalizar la quinta se contaban más de 70 millones de seguidores.
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Para perderse nada mejor que un mapa. Logos precisan estaciones de Iniciativa Dharma. |
Para no mencionar que se han convertido en un referente de la cultura popular. Un ejemplo de lo dicho puede ser: “Quemo la Casa Blanca si retrasan el estreno por el discurso de Obama”. Amenaza que aún se lee en Facebook. ¿La razón? La primera semana de enero corrió el rumor que un importante discurso del presidente norteamericano se llevaría a cabo el 2 de febrero, fecha de inicio de la sexta y última temporada.
Sin embargo, poco después, un portavoz de la Casa Blanca negó oficialmente dicha posibilidad y, cachoso, dijo que le agradaba que la gente de ABC (empresa televisiva que produce y transmite “Lost”) preguntara por la fecha en beneficio propio. El corresponsal de la ABC respondió:
–¿Y que tal si es en beneficio de la Iniciativa Dharma?
Resuelto el incidente que ponía en peligro a la humanidad toda, es interesante matizar tanta algarabía, y en vista que el periodismo es antónimo del fanatismo, con opiniones de quienes no han sido perdidos por “Lost”.
Por ejemplo, Mario Bellatin, creador de un mundo literario marcado por una enrarecida normalidad, apunta y dispara: “Lost no me gusta por su alto grado de inverosimilitud, que me impide enterarme de las verdades grandes por los pequeños detalles dejados de lado. Desde el principio cosas como la condición de los heridos, lo extraño de la caída del avión, la comida, el agua fueron descuidados. Como sabemos, precisamente esos detalles son capaces de hacer que aceptemos como posible lo más fantástico. Es lo que hace realidad las grandes obras”.
Atendible también es la opinión del dramaturgo César de María: “En un Decálogo del Escritor que escribió Augusto Monterroso (que tenía hasta ¡doce consejos!) el décimo decía: Trata de decir las cosas de manera que el lector sienta siempre que en el fondo es tanto o más inteligente que tú. De vez en cuando procura que efectivamente lo sea; pero para lograr eso tendrás que ser más inteligente que él. Con Lost me pasaba eso: me sentía vivazo y vivísimo, seguía sus personajes densos, entendía sus tramas complejas y hasta creía resolver algunos enigmas narrativos, pero en algún momento, me perdí. Y así como disfrutamos el placer de creernos más inteligentes que los guionistas, odiamos que nos hagan sentir tontos, perdidos o faltos de información. Me hundí. Naufragué. E hice lo que la gente hace con su televisor, sus relaciones, sus políticos y hasta sus familias: zapping”.
La mesa está servida. (Juan Carlos Méndez).