Local La lucha por salvar al toro Jacinto del camal o el despertar de la conciencia pro-animal.
Bistec Interrupto
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600 kilos de docilidad extrema. Jacinto y cría Desi en el Instituto Agropecuario de Lurín acompañados de Ornela Chávez Inagaki. Jacinto, la biografía, ya está a la venta en Zeta Bookstore. |
Salvado de convertirse en lomo saltado, anticucho o improbable Bembos Tacu Tacu, Jacinto retoza en sus cuarteles de invierno sin intuir su condición de niño-símbolo de una tendencia internacional sazonada de corrección política: la lucha por los derechos de los animales.
En diciembre del 2008, un grupo de estudiantes de veterinaria vieron en Jacinto algo más que un futuro guiso y, liderados por Ornela Chávez Inagaki, decidieron emprender una campaña mediática para reunir los 3,800 soles que costó el cebú. Así, Jacinto evitó su paso por el matadero instalándose en el Instituto Agropecuario de Lurín, donde de motu proprio terminó preñando a su compañera de corral, cuya cría presenta ahora en sociedad: la joven Desi.
Con página propia en Facebook y más de 900 fans, Jacinto podría dar pie a encender el aún timorato activismo local. Como indica Ornela Chávez, no se trata solo de salvar toros del camal, sino de desarrollar en general un mayor respeto a los animales, por ejemplo, en las escuelas de veterinaria. Ella, quien decidió convertir en mascota al conejo que le entregaran en el aula para practicar cortes y suturas, incursiona ya en un proyecto para la implementación de otras técnicas de estudio que no impliquen la vivisección a diestra y siniestra.
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Carismático Jacinto cuenta con Facebook y más de 900 fans. |
Tendencia que va de la mano de otras manifestaciones de corrección política y que propugna la igualdad de valor de animales y seres humanos, la defensa de los derechos de los animales tiene acaso en el australiano Peter Singer a su mayor y, a la vez, más polémico ideólogo. Autor del libro
Liberación Animal, Singer apela a la teoría del especismo, es decir, esa suerte de racismo del hombre contra el animal, para promover el no-consumo de carne acompañado de declaraciones controvertidas como aquella sobre la perfecta pertinencia de experimentación con bebés humanos en laboratorio. Así, sugiere que si un menor grado de inteligencia es lo que valida el empleo de ratas, conejos o simios para tal fin, los bebés humanos y ciertas personas con grave retraso mental también deberían de entrar en el mismo saco.
Dentro de esta tendencia que incluye la lucha contra la industria peletera y las sangrientas corridas de toros, el vegetarianismo emerge como pilar de una ética pro-animal que lucha contra la corriente de un avasallador mercado cárnico. Ya lo dijo el cronista chileno Juan Pablo Meneses en ese extraño libro suyo titulado La Vida de Una Vaca: “el consumo de carne es el más exitoso de los consumos”.
Vegetarianos, veganos, frutarianos, crudiveganos, granivorianos y lactocerelianos se adhieren a esta tendencia generacional que implica una posición ética respecto al más amplio respeto del Otro. Empezando por el griego Pitágoras, ilustres vegetarianos también han sido Einstein, Gandhi y hasta Michael Jackson. Para los ovolactovegetarianos, incluso, las malas noticias llegan desde webs de activistas como Alternativa para la Liberación Animal, donde se especifica cómo la producción láctea en las vacas es estimulada empleando los denominados “potros de violación”.
Según la FAO, solo en el 2002 48 mil millones de animales fueron sacrificados en los mataderos del mundo entero. Dentro de ese universo sombrío bien se puede entender el dramatismo de la insospechada entrega de la biografía novelada de Jacinto, a cargo de Olivia Inagaki. Titulado como la campaña misma, Salvemos a Jacinto recrea diálogos imposibles como aquel entre el atormentado cebú y su madre. Aquí perturbador extracto:
–¡Hijito adorado! A ti no te matarán los humanos y menos aún podrán disfrutar de tu carne, como son sus inclinaciones, comerse a las reses en parrilladas suculentas o en jugosos churrascos en las mesas de los ricos; ni comerán tu bofe en las mesas populares.
–¡Mami, no me dejes, por favor!
Digno de veneraciones religiosas como la de los antiguos hititas que lo consideraban la encarnación del dios del clima, para otros el toro ofrece connotaciones más profanas, como bien se desprende del memorable filme Carne, del argentino Armando Bó, en el que la suculenta ‘Coca’ Sarli es volcada sobre una res muerta mientras su violador recita jadeante aquella frase que bien podría resumir el más siniestro deseo gaucho: “¡esto es lo que quiero, carne sobre carne!”. Así, dios del clima o del clímax, con Jacinto el debate está servido. ¿Provecho? (Maribel De Paz).