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28/Ene/2010
 
 
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Personajes En homenaje a su destacada labor, la ONU bautiza con el nombre del embajador su flamante sede en Lima. Acertada puesta en valor del Puericultorio Pérez Araníbar.

La Huella de Pérez de Cuéllar

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La restauración del monumento histórico que lleva su nombre ha significado una inversión de dos millones de dólares.

Luego de un coma de tres décadas en que solo la habitara el silencio y el polvo, la Climática de Varones del Puericultorio Pérez Araníbar despierta para conjurar otro tipo de desamparos. Bautizada como Complejo Javier Pérez de Cuéllar, la remozada edificación albergará ocho oficinas de la ONU orientadas al desarrollo; entre otras, el Fondo de las Naciones Unidas para la Mujer, el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

La resurrección del inmueble, financiada por el PNUD y supervisada por el INC, se enmarca dentro de un convenio de cesión de uso por un plazo de diez años que estipula, además de una contribución anual de US$ 144 mil, la donación de US$ 300 mil destinados a mejorar las condiciones físicas del Puericultorio y ofrecer actividades educativas y recreativas de calidad para los niños y adolescentes allí albergados. Como indica Jorge Chediek, coordinador residente de las Naciones Unidas, esta restauración representa “una apuesta por un proyecto que logra conjugar la recuperación de un espacio histórico y la obra social para apoyar a los niños alojados en el Puericultorio”.


 


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