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Internacional Noventa miembros de la ONU fallecieron en el terremoto del 12 de enero, la mayor tragedia sufrida por esta institución en su historia.

Morir en Haití

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22 de enero, Puerto Príncipe. Un grupo de soldados canadienses alistan el féretro de Doug Coates, jefe de Policía interino de la Misión de las Naciones Unidas en Haití, para ser repatriado a Canadá.

Cuando el 13 de octubre del 2009 Hédi Annabi, jefe de la Misión de las Naciones Unidas en Haití (Minustah), despidió en el aeropuerto de Puerto Príncipe a once cascos azules muertos en un accidente aéreo, no se imaginó que tres meses después moriría junto con 90 miembros de su personal en el terremoto más violento que ha vivido la isla.

Esta es sin duda la mayor tragedia que ha vivido las Naciones Unidas en toda su historia, sobrepasando con creces los 22 funcionarios muertos en Bagdad en el 2003, luego del bombardeo a las instalaciones de la ONU.

De los 90 fallecidos, 44 eran personal civil, 24 militares, 20 policías de la ONU, un miembro del Programa Mundial de Alimentación y un voluntario. De la cifra total, 11 eran haitianos, 73 eran de países tan diversos, como Francia, Guatemala, Canadá y sobre todo Brasil, que ha perdido a 20.

La oficina central de la Minustah, que funcionaba en el Hotel Christopher, fue borrada del mapa debido al derrumbe de sus cinco pisos. El edificio ocupado por el PNUD también se vino abajo al igual que el Hotel Montana, donde vivía la mayor parte del personal de este departamento.

El nivel de la tragedia quedó en evidencia el 17 de enero cuando Ban Ki-Moon, Secretario General de la ONU, observaba con lágrimas en los ojos los féretros de sus colegas muertos, entre ellos, el de su amigo Hédi Annabi.

Ambos eran viejos conocidos. En el 2007, cuando Ban asumió funciones, decidió nombrar a Annabi como jefe de la Misión en Haití, quien no lo dudó dos veces y dejó su oficina en la sede de la ONU en Nueva York, donde jefaturaba el Departamento de Operación de Paz, para enrumbar a la conflictiva isla.

La veterana corresponsal en la ONU, Evelyn Leopold, recuerda que Annabi expresó su alegría por estar cerca de quienes no tenían un ‘asiento en la mesa diplomática’.

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Arriba Izquierda: subjefe de la Misión, Luiz Carlos da Costa (Brasil), Jan Olaf Hausotter (Alemania), Ari Dirceu Fernandes (Brasil), Guido Galli (Italia). Centro: Jefe de la Misión, Hédi Annabi (Túnez). Seguido: Andrew Grene (EE.UU), Ann Barnes (UK), Andrea Loi (Chile), Mamadou Bah (Francia).

Annabi inició su carrera en la ONU en 1981 cuando fue nombrado como oficial principal de la Oficina de Asuntos Humanitarios para el Sureste de Asia. Luego asumió su jefatura.

Entre 1982 y 1991 fue destacado a Camboya.

En 1992 se unió al Departamento de Operaciones de Paz (DPKO) y tuvo a su cargo la división de África hasta 1996, cuando lo nombraron oficial a cargo. En 1997 asumió la jefatura del DPKO. Diez años después, enrumbó a Haití.

La tarde del 12 Annabi estaba reunido con una delegación de ocho policías chinos, que habían sido escoltados hasta su oficina por la joven canadiense, Alexandra Duguay, vocera de la Misión.

Lisa Mbele-Mbong, quien había servido como funcionaria de Derechos Humanos en el Congo, moría debido a que un bloque de concreto la golpeó en la cabeza cuando salía de su oficina. Afuera, su pequeño hijo Nady, la esperaba.

Luiz Da Costa, segundo de Annabi, estaba a punto de dejar su oficina en el último piso del edificio para encontrarse con la haitiana Michelle Montas, ex vocera de Ban. Pero él, que participó en peligrosas misiones en Kosovo y Liberia, no logró salir a tiempo.

Los que trabajaban en la Misión de las Naciones Unidas en Haití no lo hacían por la fama, ciertamente tampoco por la fortuna. Ese país es el más pobre del hemisferio oeste y también el más convulsionado. Todos ellos dejaron sus países natales y cargaron con sus familias para unirse a una causa común: ayudar a rescatar a Haití de décadas, quizá siglos, de caos y pobreza.

Duele la muerte de cualquier persona en un evento tan trágico como ese, pero duele más cuando los que fallecieron estaban entregados a la ayuda desinteresada de otros. Annabi representaba ese afán de servicio.

Para el martes 26 la cifra de muertos era 81, el viernes subió a 84. El sábado 30 se anunció cinco muertes más. El lunes, otro más.Los escombros son removidos en busca de los 9 que aún faltan. Sin duda esta es una tragedia que marcará un doloroso hito en las Naciones Unidas. (Patricia Caycho)

Un Ángel En Haití

Alexandra Duguay murió a los 31 años.

Su funeral se realizó en su natal Québec.

Lo primero que los periodistas acreditados en la ONU de Nueva York veían al llegar al Centro de Prensa, eran los brillantes ojos verdes y la sonrisa siempre dispuesta de la canadiense Alexandra Duguay.

Pero Alexandra murió. Su cuerpo fue recuperado de entre los escombros de la Misión una semana después del terremoto ante la mirada de su novio Marc-André, también de la ONU, que esperaba un milagro.

Ambos llegaron a Haití a mediados del 2009. Ella quería dejar su trabajo de oficina e ir a un lugar donde pudieran marcar la diferencia, hacer algo.

Alexandra dejó así la evocación de su entusiasmo, su sonrisa de ‘diablilla’ como la recuerda su amiga NinaVitale, su afán por ayudar, su gusto por las fiestas y su talento para la fotografía. Descansa en paz, Alex.


 


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