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Cultural Farid Kahhat y Leyla Bartet en nueva publicación sobre la presencia árabe en el Perú.

La Huella de Levante

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Patriarca ortodoxo del triángulo cristiano compuesto por Beit Yala, Beit Sahur y Belén, principales zonas de origen de los inmigrantes árabes en el Perú.

Pecaminosamente apetitosos, los placeres de la cultura árabe fueron alguna vez resumidos así: “Las delicias se encuentran en tres cosas: en comer carne, en cabalgar carne y en meter la carne en la carne”. La frase, tomada deLas Mil y Una Noches, ha sido exquisitamente rescatada en un libro que indaga, precisamente, en el sabroso legado de dicha cultura en tierra nacional: La Huella Árabe en el Perú, compilada por los sociólogos Leyla Bartet y Farid Kahhat.

Picarones, alfajores, empanadas y seco de cordero. Delicias arquitectónicas de inspiración mudéjar como los balcones coloniales de celosías. Un nutrido léxico con vocablos como “algarabía”, “alfiler” y “azote”. En resumidas cuentas, aportes de origen árabe en diversos campos que pueden rastrearse hasta los tiempos de la Conquista, cuando junto con los primeros españoles llegaron al Perú grupos de esclavas árabes. Abocados principalmente a actividades de comercio e introduciendo prácticas ya profundamente arraigadas en la tradición peruana como el regateo y la venta a plazos, las primeras comunidades árabes en el Perú se asentaron en el sur andino, en ciudades como Cusco y Arequipa para, alcanzada la prosperidad económica, trasladarse luego a Lima.

Y sin embargo, a pesar de todos estos aportes, el prejuicio suele ser unívoco: para demasiados, un árabe será siempre el musulmán fundamentalista con un odio arraigado por el mundo occidental. “Ha habido una falsa equivalencia entre arabidad y terrorismo”, señala Bartet, “principalmente luego del 11 de setiembre, que ha llevado a un maniqueísmo que ya muchos intelectuales como Noam Chomsky y Edward Said han denunciado”. Hace ya treinta años, el historiador francés Jean Delumeau, en su libro El Miedo en Occidente ya había dicho que entre los más feroces miedos del hemisferio se encontraba aquel a los llamados “agentes de Satán”, es decir, la avanzada musulmana y, con ello, todo Oriente por extensión. Precisamente, para conjurar prejuicios como aquellos es que aparece esta obra publicada por el Fondo Editorial del Congreso de la República con la participación de renombrados intelectuales como José Antonio del Busto, Nelson Manrique y Guillermo Lohmann.

Sin negar la existencia de movimientos extremistas dentro del Islam pero sí rechazando teorías como la del choque de civilizaciones de Huntington, Bartet señala que una acertada convivencia requiere de desarrollar una visión crítica de la versión maniquea que la mayoría de medios de comunicación proponen sobre el mundo oriental. Quizá, señalan los autores, la principal equivocación al respecto resida en la falsa amalgama entre arabidad e islamismo cuando, por ejemplo, la mayoría de árabes que llegaron a América Latina fueron precisamente cristianos de rito ortodoxo.

Bartet, quien ya se alista a reeditar su anterior libro sobre la inmigración árabe, Memorias de Cedro y Olivo, destaca que publicaciones como esta ayudarán a ampliar horizontes ante la próxima Cumbre América del Sur - Países Árabes a celebrarse en el Perú el próximo año. La avanzada musulmana que acecha, dirán algunos. Las delicias que se asoman, pensarán otros. (Maribel De Paz)

Léxico al Plato

- Muchos han sido los términos que el castellano ha tomado prestados del árabe; entre ellos, bastantes ligados al tema culinario, como por ejemplo: adobo, calabaza, caracol, mazorca, palillo, zumo, arroz, aceite, aceituna, garbanzo, alfajor y caramelo.

- Y fuera de la cocina, el español también se ha visto sazonado con otras palabras de origen árabe: acequia, adobe, ajuar, alboroto, alfiler, algodón, arroyo, azote, barranca, barro, choza, fardo, fulano, gaznate, jarro, maroma, papagayo y zapatos.


 


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