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Política El discreto encanto para cierta burguesía.

Jaimito y el Voto Semi-Gay

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Tiene votos entre los jóvenes y el sector A-B. En el D-E de Lima no llega a un punto.

La última encuesta del Instituto de Opinión de la Universidad Católica ayuda a desmenuzar las preferencias por Jaime Bayly, que aparece con el 4.5% de intención de voto para las elecciones presidenciales en Lima y Callao. Sus puntos fuertes están en los jóvenes de entre 18 y 29 años (7.8%) y el nivel socioeconómico A y B (7.2%).

Es interesante que la encuesta desafíe la noción de la candidatura de Bayle, el apellido “acholado” que fue colgado en banderolas sin autor conocido, como el candidato de los inconformes con el sistema. En los sectores D y E, los pobres quienes más razones tendrían para protestar con su voto, apenas concentra el 0.9% de las simpatías.

¿Qué explica esta cierta fascinación pituca por el personaje? Para empezar, Bayly cimentó parte de su carrera precisamente escandalizando a la burguesía. Su primera novela, No se lo Digas a Nadie (1994), reveló la doble vida de una parte de la Lima acomodada que aún se mostraba pacata. Bayly fue una especie de pionero en el firmamento de estrellas gay y sexualmente ambiguas que hoy son un componente plenamente aceptado en la dieta mediática de los peruanos. Es, en parte, el atractivo de lo endógeno.

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La divertida incorrección de Bayly tiene diversas interpretaciones. El año pasado, el crítico Luis E. Palacios del diario El Nuevo Herald lo calificó como ejemplo de intolerancia: “Con frecuencia se refiere a los sujetos de sus críticas en términos raciales o de origen social, de forma muy despectiva”. Bayly terminó saliendo poco después del canal MegaTV de Miami.

Y es una línea que sigue hasta hoy. Cada vez será más difícil escandalizar, pero su columna semanal publicada en Perú.21 desafía a sus lectores con un Bayly muy distinto al bufón que despliega talento en sus programas dominicales. Adicción a las pastillas para dormir, deseos suicidas, problemas de impotencia, obsesión con el desprecio de Mario Vargas Llosa y profundos odios familiares pincelan un personaje depresivo, neurótico, autorreferencial y solitario. El supuesto déficit de litio que le achacaba a Alan García quedaría como una ligera migraña frente a la “masiva cantidad de psicotrópicos” que ingiere según su propia admisión.

Es muy posible que todo se lo tome en broma y como una gran operación de márketing que busque reencauchar su campaña por el voto nulo en las elecciones del 2001. Pero en su columna y el programa, Bayly juguetea reiteradamente con la idea de la candidatura presidencial desde hace más de un año. Se anunció como un “candidato de joda” que, sin embargo, sería capaz de introducir ideas liberales y de avanzada. Tiene entre sus entusiastas seguidores a Fritz Dubois, director del diario que publica en el país su columna, quien considera que gracias a él “la próxima campaña se podría convertir en una verdadera contienda de ideas, en lugar del acalambrado proceso al que nos han tenido acostumbrados”.

No todos son tan optimistas. Juan de la Puente escribió en La República que su programa mínimo “es un mix provocador y chapucero que difícilmente puede ser llamado liberal. Despide un tufillo populista, chonguero y, aún más grave, antipolítico, rayano en el anarquismo que se diferencia históricamente del liberalismo porque este se propone limitar el poder del Estado en tanto que aquél persigue destruirlo”. Para De la Puente, el riesgo no es de chiste y puede terminar anunciando a un candidato de derecha radical que no sea Bayly. Ideas como la reducción del Congreso a 25 escaños y el indulto a Fujimori de seguro serían recibidas con los brazos abiertos por varios de sus seguidores mediáticos. La antipolítica y el desprecio por las formas democráticas que cultivó con ahínco el régimen del ahora indultable son, ciertamente, reflejos que pueden verse todos los días expuestos en varios tabloides.


 


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