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11/Feb/2010
 
 
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Medio Ambiente Lachay y Pachacámac reverdecen fuera de temporada gracias a El Niño.

A Lomo de Loma

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En las lomas de Pachacámac, buenos vientos permiten vistazo aéreo en parapente para los más aventureros.

Mes de febrero, mes de refresco. Con el sol a cuestas, el destino veraniego por excelencia es la playa y la dosis de frescura la da el mar. Junto a un globazo carnavalero, calor y sol pasan bien. Sin embargo, la repetición a veces puede resultar agotadora y por ello la naturaleza es sabia. Para aquellos que buscan algo distinto a la arena y bikinis, por ende, la respuesta está en las áreas verdes de las Lomas de Lachay y Pachacámac: frescura de niebla fuera de temporada, gentil cortesía del Fenómeno de El Niño.

Usualmente reverdecidas entre finales de julio e inicios de noviembre, las zonas afectadas por el factor de lomas –nieblas que avanzan sobre una superficie fría y luego son orientadas por vientos suaves para ocupar valles y lomas, haciendo crecer la vegetación– vienen gozando de una extensión de su período de húmedo verdor. Así, en las Lomas de Lúcumo de Pachacámac, que alberga zorros, aguiluchos, lechuzas y caracoles, entre otros, uno puede echarse a andar ecoturísticamente a manera ranger, o incluso, parapente a la espalda, aprovechar los buenos vientos del lugar.


 


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