Entrevistas Entrevista insólita, en donde el deslenguado comentarista no deja títere con cabeza. Cuerpo a tierra.
La Metralleta de Phillip Butters
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Butters salió recientemente de la televisión, aunque él dice que no fue “por decir lo que pienso”. Ahora dice en radio. |
Inflexible, mordaz e irónico y también dueño de un vocabulario muy rico en durezas, inflexiones e imágenes con personalidad propia, Phillip Butters es ese crítico deportivo que no admite medias tintas y que, en defensa de sus convicciones (porque más seguro de sí mismo en este aspecto no puede estar) espolea al caballo desenvainando el sable para cargar con ferocidad contra esas huestes enemigas que él juzga causantes del desastre del fútbol nacional. Se siente una especie de “caballero cruzado” que lucha por la liberación de esa “Tierra Santa” (el Perú de las ilusiones perdidas) usurpada por Burga, que para él viene a ser el sultán Saladino de hoy. Su lema es “Deus dirigit”, me confiesa, ya que “Dios dirige mis pasos y no tengo miedo de atacar hasta las últimas consecuencias a los culpables de tantas tropelías y desventuras anímicas y sueños perdidos para la afición peruana”. En este sentido se sabe fuerte e iluminado. Por eso sus contestaciones son tan rápidas y a veces vehementes. Se autodefine como hombre “simple, sencillo, directo, muy directo, excesivamente franco, cosa que me ha traído muchos problemas y creado muchos enemigos pero también por ende tengo muchísimos amigos, y de eso me jacto. Pero soy rencoroso y el que me la hace la paga”. Estamos en el restaurante Costa Verde y a Phillip Butters se le enciende la sangre cuando me explica, durante el almuerzo previo a la entrevista, la multiplicidad de errores que han llevado al fútbol peruano a un marasmo comatoso y casi agonizante. Voy con él.–Se llama usted Phillip Butters. ¿Procedencia inglesa? Cuénteme de sus orígenes.
–Efectivamente el apellido Butters es inglés. Yo, como dicen en España, “nací de buenos pañales”. Francis Neilson, tío de mi bisabuelo, era un caballero victoriano, diputado, de familia muy educada y aficionada al arte, a la música y a la buena mesa. Mi bisabuelo, William Alexander Neilson Butters perdió el Neilson al llegar al Perú, ya que pensaron que ese era nombre y no apellido. Lo que ahora es el restaurant Rústica en la Plaza Municipal de Barranco era la antigua casa de los Butters. Pasó mucho tiempo hasta que nos trasladamos a Sáenz Peña, en el mismo Barranco. Como mi padre era ingeniero petrolero y al graduarse tuvo que irse al norte a hacer sus prácticas, quedó un cuarto libre en la parte superior de la casa y ahí es donde se instalaron, alquilándolo, Nitha Pérez de García y sus hijos Carlos y Alan. Mi abuelo escuchaba discos de vinilo de música clásica y ópera todos los días y de ahí, supongo yo, le viene la afición a Alan García por la ópera, ya que no tenía más remedio que escucharlos porque vivía arriba nuestro.