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11/Feb/2010
 
 
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Internet La campaña a todo pulgar de los virtuales candidatos.

Pescando Votos Con la Red

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El BB de PPK. Kuczynski, blackberry en mano, se precia de su llegada con el electorado más joven.

Lourdes pregunta en Facebook. PPK interactúa en Twitter. Siguiendo el ejemplo de Barack Obama y, en menor medida, de José Luis Rodríguez Zapatero y Marco Enríquez Ominami, la campaña se pliega al proselitismo vía redes sociales. Pero del dedo que hace clic al dedo entintado hay un trecho. ¿Pueden nuestros candidatos resumir propuestas en 140 caracteres? ¿Sobra espacio? ¿Alguien las leerá?

La promesa de democracia online es precisamente eso: el sueño de una línea directa entre las propuestas del candidato y las demandas del electorado. Pero hasta ahora la experiencia se asemeja más a un teléfono malogrado. Porque si un político medianamente hábil puede torear preguntones profesionales –léase periodistas– ¿por qué no podría esquivar ciudadanos indignados? La libertad en Twitter es innegable: el elector pregunta lo que quiere y el candidato responde lo que se le antoja. La información abunda, es veloz y gratis. Pero rara vez informa1. Un ‘mudo’ ya demostró que se puede puntear las encuestas sin hablar ni teclear. Mientras el usuario @KeikoFujimori cuenta que “Kaori Marcela conocerá hoy al mediodía a su abuelito Alberto”, sus opositores arman No a Keiko en Facebook (“no es un espacio de debate”, advierten). No hay diálogo discrepante. Los disidentes se ignoran o se expulsan con un clic. Cada grupo solo convence a la portátil digital de ya convencidos. El fenómeno responde a lo que Nicholas Negroponte, del MIT, llamó The Daily Me: el hábito de buscar información que justifique nuestros prejuicios en vez de cuestionarlos.


 


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