Vida Moderna Voluptuosidades y pasiones locales desbocadas ad portas de San Valentín.
La Ley del Deseo
En su
Libro del Cielo y del Infierno, Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares incluyen las angustiantes palabras de Malvina, baronesa de Servus, quien a inicios del siglo pasado sentenciara que en el infierno el voluptuoso sería arrojado a los brazos de una estatua de mujer enrojecida en el fuego. De atender los augurios de la baronesa, probablemente una porción demasiado grande de la humanidad debiera irse preparando ya para el achicharramiento eterno. La complacencia en los deleites sexuales, sin embargo, no se amilana ante ninguna amenaza, y de ahí que la industria del cine pornográfico genere solo en Estados Unidos, por ejemplo, 2300 millones de dólares anuales, según cifras divulgadas por el diario El País de España. De ahí, también, que esa gran licencia de la carne que constituye el Carnaval de Rio esté a la vuelta de la esquina para celebrar un desbordante centenario.
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Un antídoto a las euforias por el Día de San Valentín: Las Arquitecturas del Deseo (Anagrama, 2009), de José Antonio Marina. |
Deseo de desear y ser deseados son, precisamente, los que el ensayista español José Antonio Marina describe en su obra
Las Arquitecturas del Deseo (Anagrama, 2009) como el motor de una creciente sociedad de consumo desbocado plagada de avidez e insatisfacción. En esa espeleología cultural suya sobre los placeres del espíritu, Marina señala que hemos arribado a una sociedad de bulimia consumista intoxicada por el lujo: “es un cambio de régimen libidinal, la aceptación pública del deseo, la desaparición del miedo social al placer, la triunfante utopía de las mil pequeñas gulas suscitadas y satisfechas, el centro comercial como metáfora definitiva del paraíso, al que se llega mediante la gozosa caída en la tentación”.
Paradójicamente, sin embargo, de tanto deseo desbocado habríamos arribado a un momento de inapetencia en el que un ejército de sujetos deseantes en frustración perpetua han dejado de ser los tradicionales consumidores para convertirse en los llamados “transumers”, quienes ya no buscan la posesión, sino la experiencia. Así, embarcados en un permanente desmenuzamiento del Yo comparable a un interminable zapping deseante, los llamados emotion seekers habrían arribado al puerto de la anhedonia, es decir, a la ausencia del deseo. Teoría que se esfuerzan por desmentir gozosos militantes del deseo desde Tiger Woods a Melcochita.
Metástasis del deseo carnal y otras angustias de fama y dinero son quizá también las que el circo local viene ofreciendo últimamente. Ad portas del siempre perturbador Día de San Valentín, el cuerpo hecho mercancía parece decir presente con los coqueteos preelectorales entre Jaime Bayly y su recién estrenada y jovencísima candidata a primera dama; o aquellos ya espeluznantes y recientemente divulgados entre los petro-protagonistas Alberto Quimper y Lily Lemasters, quien no tiene reparos en compararse a sí misma con una porción de huevas de pescado. Ya lo dijo el Nobel de Literatura Elias Canetti en esa mastodóntica obra suya titulada Masa y Poder: no hay nada más propio a la esfera del poder que la relación de cada hombre con sus propios excrementos: “Lo que queda al final está cargado con todas nuestras culpas; de ello puede comprenderse qué hemos asesinado”. (Maribel de Paz)
La Niña Terrible
La “muy deseable y rica” Silvia Núñez del Arco en revelación dominical a cargo de Jaime Bayly. Su flamante candidata a primera dama y a “escritora maldita” declara en su facebook ser fan de Bukowski, Stieg Larsson y, por si acaso, de la banda Adammo. La jovencísima Silvia apareció en pantalla con polo a juego con la veintiúnica corbata de Bayly. Se obvia cualquier comparación con el estilo Fujimori-Montesinos y la corbata repetida. Aquí, sin duda, las apetencias son otras.
Por las Huevas
Apelando al caviar o, lo que es lo mismo, a las huevas de esturión, la ex traductora de Discover Petroleum, Lily Lemasters, sorprendería en reciente petroaudio con neologismos amatorios. En diálogo con Alberto Quimper, haría alusión a su carácter de fino “caviar“ en detrimento del “jurel” al que se limitaría la ex mujer de su flamante novio: César Gutiérrez, alias 'Harry el Sucio' por un indescifrable estilo “cochinito rico”. Quimper, a su vez, lanzaría frase aerodinámica: “yo, amor, quiero ser tu piloto particular, pero me falta el avión”. La boda ya ha sido anunciada para este 14 en Beverly Hills.