Personajes Huanta tendrá universidad, pero Magaly Solier prefirió mantenerse al margen de fanfarria política rajando leña.
Contigo a la Distancia
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La diva de nuestro cine nacional observa desde una distancia de 100 metros los vaivenes de la comisión. |
A mediodía del último sábado 6, Magaly Solier se encontraba rajando leña en la chacra de Palmayocc, anexa a la casa que comparte con su madre. Con ella estaban su manager y la modista Lucía Cuba, ambos atisbando cómo la muchacha se esforzaba en la tarea, no solo para conseguir combustible sino para bajar de peso con el ejercicio, preparándose para su próximo viaje a Hollywood y con menos kilos pisar la alfombra roja del Oscar con figura esbelta.
A cien metros antes de llegar a la casa, en la carretera vecinal, se encontraba su madre, Gregoria Romero, acompañada de otros varios comuneros, todos ellos trabajando con entusiasmo y esforzadamente en la reparación de la superficie, anegada y estropeada por las lluvias, del camino que conecta el caserío con la ciudad de Huanta. A la vista de ese grupo laborioso, aparecieron repentinamente cuatro vehículos de aspecto absolutamente oficial y sus ocupantes, al ver a la mujer la reconocieron, pararon los transportes de inmediato y de ellos descendieron el presidente del Congreso Luis Alva Castro, monseñor Miguel Cabrejos Vidarte, presidente de la Conferencia Episcopal Peruana, monseñor Luis Sebastiani Aguirre, arzobispo de Ayacucho, César Vega Vega, huantino y presidente de la Corte Superior de Lima y los congresistas nacionalistas ayacuchanos Elizabeth León, Juana Huancahuari y José Urquizo. Todos habían estado en la ceremonia de entrega de 23 toneladas de alimentos y ropa para los damnificados de Huanta y, una vez hecho el reparto y aprovechando que habían terminado temprano, decidieron entusiasmados ir a visitar a Magaly Solier y acompañar a Alva Castro para que este le diese la noticia a la muchacha de que su pedido había sido escuchado por el presidente Alan García y pronto Huanta contaría con una universidad.
La mamá de Magaly, debidamente aleccionada por esta, les informó que su hija no estaba en la casa sino en otra chacra en el sector llamado Impao, a mayor distancia y por peor camino. Apenados, dieron sin embargo la buena noticia que traían despertando los elogios y la euforia de la señora Gregoria que no se cansaba de repetir “qué bueno, qué bueno, esa universidad necesita mi pueblo”. A sus plácemes se sumaron también los aplausos de todos los comuneros y la comitiva quedó medianamente satisfecha, aunque no del todo ya que, no pudiendo ver a Magaly, el leit motiv del viaje se aguaba. Acabados los aplausos, la comitiva se retiró por donde había venido. La señora Gregoria y sus compañeros comuneros, continuaron con la tarea de reparación de camino y Magaly, que se había enterado por una radio local sobre la presencia de la comitiva y su intención de visitarla y ex profeso no había querido recibirlos para no ser utilizada políticamente, y con el horizonte despejado, continuó con su ejercicio de adelgazamiento por cuenta del rajado de la leña.
Por su parte, en los períodos breves de descanso, la modista le tomó medidas para el diseño de su ropa de gala, cosida en base a indicaciones sobre el estilo, según dijo, de inspiraciones ayacuchanas, con la cual piensa vestirse para ir a Hollywood a la entrega del Oscar. Todo ello ante la mirada atenta de Raúl Lino Villanueva, el manager de la diva del cine y según los vecinos, el dueño de su afecto.