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Entrevistas Geraldine Schmiel y su largo recorrer, de Trujillo a París, por la pasarela del diseño y el buen gusto en el vestir femenino.

Catedrática del Va y no Va

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“Mi padre me dijo lo siguiente para probarme: ‘si quieres hacer trajes y vestidos cóbralos, pero no los hagas gratis’”. Lo hizo. La mandaron a España para que se olvide de la moda.

¿La masificación actual está acabando con el buen gusto? ¿El glamour, la belleza y la distinción personal que la “haute couture” o alta costura mantuvo a través de los tiempos están dejando de existir? ¿Qué busca la mujer de hoy, el “reclame” sexual? ¿El poder embutirse los pantalones más ceñidos que encuentre para exhibir el “derrière”? ¿Dónde está el arte del perfecto acabado? Nadie mejor que Geraldine Schmiel para responder estas preguntas. Geraldine, un nombre, una marca, una diseñadora de modas que mantiene hasta ahora enhiesta la bandera del buen gusto en su casa de San Isidro, un pedazo de historia dilatada dedicada al eterno femenino y al arte de las cosas bien hechas. Geraldine, la incombustible Geraldine, sigue imperturbable en su hiperactividad adecuándose a los nuevos tiempos del prêt à porter, aunque su clientela de los “modelos exclusivos” todavía continúa, en tono menor, pero continúa, siendo hoy su renglón más fuerte el diseño exclusivo de uniformes para el personal de grandes empresas y entidades financieras, y también da clases de alta costura en su taller. Como ella dice: “mi gran pasión es el trabajo y no conozco la ociosidad”. “Son otros tiempos, hace algunos años tenía más de 250 personas trabajando en las confecciones y hoy la China nos está matando, porque lo copia todo y lo lanza al mercado mundial en cantidades escalofriantes, siendo muy difícil competir por precio”, se lamenta. “Hace años éramos tres firmas las que copábamos el mercado de la alta costura en el Perú: Mocha Graña, el italiano Leonel y yo, que competíamos pero éramos grandes amigos y ahora, en los últimos 8 años, el diseño creativo y unipersonal ha sufrido grandes convulsiones, aunque hay nuevos diseñadores, y muchos de ellos alumnos míos que aprendieron el oficio en mi taller. Este año las grandes firmas en París están volviendo a dictar los caminos de la MODA con mayúsculas. Creo que hay un gran futuro”. La cité para esta entrevista en el restaurante Costa Verde y llegó acompañada de Percy Gibson, sobrino de su otrora gran clienta y amiga Doris Gibson y, sabiendo de su obsesión por el tiempo, no tardé mucho en hacerle la primera pregunta casi a bocajarro:


–La moda femenina es parte de la cultura, ya que todas las damas de alto rango de la historia se distinguían por sus atuendos. ¿No es esto cierto?
–Por supuesto. Y hacían cosas increíbles antiguamente, como planchar los agujeros de las gorgueras de los cuellos, tratando de esponjarlas, introduciendo en los agujeros cuernos de elefante casi al rojo vivo. A través de las épocas todas acababan vistiendo de forma muy parecida, casi similar y creo que la “haute couture” o alta costura nace en Francia a finales del siglo XIX y primeros del XX cuando la mujer quiere distinguirse por sí misma y lucir diferente frente a las demás.


 


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