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25/Feb/2010
 
 
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Crónica Y no son chilenos. Se trata de escualos de hasta 300 kilos y 4 metros de largo, del tamaño de una combi.

¡Tiburones! En el Mar de Grau

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“Cuando miramos venía un tiburón diamante gigantesco, enorme, gordo, de unos 300 kilos, vivo, sacudiéndose, mordiendo, desesperado”.

Era de noche cuando partimos a la mar. Salimos de Pisco y navegamos durante 10 horas. En la madrugada, llegando a Marcona, entramos al puerto de Lomas. Conseguimos carnada, un poco de hielo y luego de reponer energía en los libidinosos aposentos de Madame Cabeza ‘e Papa, partimos hasta llegar a 140 millas mar adentro.

Calamos un espinel tiburonero de 600 anzuelos con caballa y sardina de carnada. El patron era Palillo (infundía respeto porque a pesar de no ver nada sacaba el rumbo por cómo golpeaba el mar en la borda del bote). La tripulación se completaba con Perro de Chacra (encargado de la cocina), Catarro (sobreviviente de una y mil batallas), el Trucha y yo. Los primeros anzuelos cercanos a la lancha vinieron vacíos, pero de repente Palillo grito ¡Animal!, ¡Animal! ¡Animal! Uno de los corchos de la línea madre estaba hundido. Vino un tiburón azul de dos metros y medio, luego otro azul grandazo y después uno gigantesco de aproximadamente cuatro metros, del tamaño de una combi. Siguieron tiburones chicos, rayas negras, un pez sable y otras cosas extrañas propias de la altura. En eso vinieron dos corchos hundidos y una boya maltrecha.


 


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