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Entrevistas Marcial Ayaipoma, ex presidente del Congreso, médico, taurino y soltero militante, revela su código personal dentro y fuera del ruedo.

Marcial en su Ley

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Entró a la Universidad de San Marcos a los 15 años. A los 17, por decisión propia, fundaba una academia de institutos superiores.

Cuando todo el mundo oye hablar del doctor Marcial Ayaipoma (67 años y nacido en Lima) lo primero que se le viene a la cabeza son sus dos facetas más aireadas mediáticamente, la del político exitoso que llegó a ser Presidente del Congreso de la República y la del empresario de Acho y ganadero que fue marcando hitos en la historia taurina del Perú. Muchos creerán que es doctor en Derecho y la sorpresa surgirá cuando se enteren de que en realidad es médico-cirujano y que, en sus ya lejanas prácticas, extirpó apéndices, vesículas y úlceras duodenales al seguir, genéticamente hablando, la senda marcada por su padre, el también graduado como médico-cirujano doctor Marcial Ayaipoma Vidalón. Éste alcanzó mucho reconocimiento y gran clientela al especializarse en Dermatología, siendo catedrático de esta materia en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Influencia genética sin duda. ¿Solo intervinieron en la formación de Marcial Ayaipoma los genes del padre médico? Pues no. Otra sorpresa y grande. Su madre fue una gran pedagoga y alumna de Víctor Raúl Haya de la Torre en esa misma universidad de San Marcos. “Mi madre no fue aprista sino hayista a ultranza”, puntualiza su hijo Marcial. Y aquí, en esta confrontación genética entre Medicina y Pedagogía, nos acabaremos enterando de que ganó la última, ya que Marcial, siendo todavía estudiante de Medicina, fundó a los 17 años la Academia Cayetano Heredia, que con el tiempo y como promotor y único dueño y figurando ya con el título de “Instituto de Estudios Superiores Cayetano Heredia”, llegó a tener hasta 15 filiales a lo largo y ancho de toda Lima. ¿Podría existir actualmente un muchacho de esa edad con semejante ambición y eficiencia? ¿Dónde? Esta insólita aventura educacional me admira profundamente y demuestra el carácter decidido y muy reservado, porque no le gusta la peliculina, de aquel que une el raciocinio y el intelecto para ponerse en acción con pasos mesurados y firmes efectuados sin ambigüedades ni retrocesos. Ahora, almorzando los dos en el restaurante Costa Verde, me doy cuenta de que Marcial Ayaipoma tiene mucho que contar y sus conocimientos sobre el tema más álgido que existe en la agenda política actual, el de la educación, son los más profundos y certeros que yo he escuchado. ¿Qué les parece? ¿Abrimos el temario de preguntas?

–¿Cómo y por qué se lanzó usted en el camino de la pedagogía?
–Las dos figuras, tanto paterna como materna, catedrático y maestra, influenciaron mucho en mí, ayudándome continuamente en mis estudios. Eran tan claros en sus explicaciones didácticas que aprendí a amar la pedagogía que ambos me brindaban casi diariamente, lo que hicieron de mí, sin gran mérito por mi parte, lo que se llama “un alumno estudioso”. A los 15 años, y siguiendo la afición de mi padre, entré en la Universidad de San Marcos.


 


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