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Internacional El terremoto y el subsiguiente tsunami, además de la tragedia de 700 vidas perdidas lo puso todo al revés.

El General Terremoto

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Después de tres gigantescas olas producto del tsunami, la base de Talcahuano quedó destrozada y varias naves regadas por tierra o boca arriba en el agua, como la lancha en peligroso equilibrio y el submarino dado vuelta entre la bruma.

Cuando el emperador francés Napoleón Bonaparte invadió Rusia y acabó en catástrofe perdiendo su ejército congelado en la nieve, la crítica de la Historia sancionó que había sido derrotado por el “General Invierno”.

Esta vez han sido un terremoto y un tsunami los que se han hecho cargo del lamentable resultado de la batalla de Chile con la Naturaleza. Son las duras lecciones del general terremoto y el almirante tsunami. Y también tocaron el estratosférico gasto militar chileno.

Según declaraciones del comandante Rodolfo Besoain, director de Comunicaciones de la Armada chilena, en la base naval de Talcahuano “habían resultado muy seriamente dañadas las instalaciones”, que llegarían hasta el 80 % en el caso del astillero naval de la Armada (ASMAR).

Allí estaban ancladas varias naves. Al momento del terremoto se ordenó sacar fuera de la base a los dos submarinos hispanofranceses Scorpene, el Carrera y el O’Higgins. Ambos salieron minutos antes del tsunami con el mínimo de dotación disponible, extraída entre el escaso personal de guardia. Tres olas de 10 metros arremetieron a partir de las 3 y 43 de la mañana. El O’Higgins salió ileso pero el Carrera, aparentemente a remolque, tocó piso con fuerza y la magnitud de los daños no ha sido revelada.

Otro submarino, el ecuatoriano Syri, se encontraba en el astillero de la Armada chilena desde el año 2008 para ser reparado. En el 2002 se incendió. Un tripulante falleció y las planchas metálicas quedaron inhabilitadas. Los chilenos mejoraron la oferta de Alemania pero ahora deberán pagar la prima de seguro. Según declaró cruzando los dedos el jefe de la delegación ecuatoriana en Talcahuano, el submarino había sufrido pero “no mucho, en apariencia”.

La fragata misilera finesa Saar 4, en repotenciación, también sufrió daños y acabó en tierra fuera del astillero en que se la acondicionaba. El novísimo buque oceanográfico Cabo de Hornos, listo para debutar en el mar al día siguiente, acabó a una cuadra de su previa ubicación.

Cabe suponer que por los resultados totales, estimados en 8 mil millones de dólares en pérdidas (2% del capital físico del país) se puede producir una recomposición en cuanto al gasto bélico. Aunque no hizo una alusión directa a éste, Sebastián Piñera declaró antes de la catástrofe que manejaría “un marco presupuestal austero que nos obligará a priorizar las necesidades más sensibles de la gente”.

Según su Libro Blanco de Defensa de Chile, entre 1996 y 2008, Chile gastó US$ 17,677 millones en armas. Pero esas sumas parecen discretas frente a lo consignado por el Stockholm International Peace Research Institute, que registra más de US$4 mil millones anuales entre el 2004 y el 2008.

Aunque no ha disparado un solo torpedo, la reparación del Carrera puede costar una fortuna. El dispendio militar chileno se financia con un diezmo de los multimillonarios ingresos que percibe el Estado por la exportación del cobre, ley que data del año 1958. Debido a la bonanza mineral en el último trienio, que volvió a repuntar los últimos días, se transfirió al arca militar más de US$ 1,800 millones cada año, que deben ser gastados en el rubro de armamento. Con los votos de la Concertación, la ley del cobre está a la espera de ser derogada en el Congreso desde el año pasado. Dos semanas antes de la tragedia, el ministro de Defensa saliente, Francisco Vidal, instó a Piñera a hacer las gestiones para que la derogatoria salga adelante. Durante la campaña, Piñera se comprometió a apoyarla.

Según declaraciones de Vidal, en lo naval Chile cuenta básicamente con 8 fragatas (4 inglesas, 4 holandesas) 4 submarinos (incluidos los dos Scorpene de US$ 800 millones y armamento de 16 cohetes Exocet y 36 torpedos Black Shark, es decir US$ 200 millones más). Los costos de la reconstrucción deberían obligar a una drástica reasignación de los gastos bélicos de Chile, una buena noticia en medio de la catástrofe. (Miguel González del Río).


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