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Cultural Culto hereje en Cusco documentado por Carla García Buscaglia y Ricardo Ayala.

El Fenómeno del Niño Cusqueño

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Luego de tres años de investigación y realización, el documental “El Niño del Cusco” está en posproducción. Se espera su estreno en abril y concursará en festivales internacionales.

El niño más famoso del Cusco es un total desconocido. Emily, una neoyorquina de ojos claros que nunca oyó de él en los dos años que vivió en la ciudad. Su novio, cusqueño de buena cepa, tampoco. Otros cusqueños consultados lo conocen de oídas, pero nunca se animaron a buscarlo. No hay tours para verle, no le auspicia PromPerú, no tiene sitio web y no se hacen estampas ni afiches con su nombre. La Iglesia Católica prefiere no hablar de él. Y quizá el milagro mismo sea ese: tener devotos por miles y aún así mantener su misterio.

Se trata de El Niño Compadrito, deidad popular del Cusco redescubierta por una inusual dupla de documentalistas. Ella, Carla García Buscaglia, es hija del presidente Alan García; a él, Ricardo Ayala, le conocen barranquinamente como “El Anti” por un juvenil pasado agitado de noches bohemias y días radicales. “Soy atea”, dice Carla, “aunque le guardo un especial respeto a las tradiciones religiosas”. Ricardo responde también que es ateo, que le encuentra explicación racional a las cosas. A lo único que no le tiene explicación es al momento en que El Niño Compadrito se le apareció en sueños.

A Carla –impulsora del proyecto–, la historia la encontró en la forma de un artículo fechado el 25 de agosto de 1994 en CARETAS. “Cuando leí sobre El Niño Compadrito me sentí especialmente tocada, el tema me estuvo persiguiendo por años, traté de hallar la imagen y nunca pude. Hasta que un día, pregunté de nuevo por ella y resultó que la casa que lo alberga quedaba a 10 metros del hotel donde nos alojábamos. Cuando fuimos fue que empezó todo”.

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La historia de una deidad popular que mantiene su misterio. El Niño solo habla en sueños.

Después de tres años de trabajo y aún dando los últimos toques de posproducción, “El Niño del Cusco” es una investigación en los orígenes del culto a una imagen de aspecto tenebroso: se dice que es el feto de un niño momificado. Su procedencia se pierde en el mito popular, y allí en la Calle Tambo de Montero, es la familia Letona quienes se encargan de cuidarle. Lleva peluca larga y de bucles, ojos azules, y tiene un guardarropa envidiable.

Declarado una herejía en 1976 por la Iglesia Católica, El Niño Compadrito debe su nombre a la cualidad de cercanía con sus fieles. “Se vuelve tu amigo, y exige que le trates como tal”, dice Ayala. “Niño Mario” es otro de los nombres con que se le conoce. Mario como Virgen María; sincretismo puro.

“Varias cosas son singulares de esta deidad popular”, explica García. “Primero que solo se manifiesta en sueños, así te enteras de su voluntad y de sus decisiones respecto a tus pedidos. Luego, él solo acepta regalos de niño: juguetes, galletas, caramelos. Y lo tercero, es que la gente acude a él por temas familiares, cotidianos. No es extraño que una señora entre y le pida respecto a la amante de su esposo: ‘Saca a esa mujer de mi camino’”. (Sandro Mairata)


 


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