Entrevistas Embajadora de Marruecos Oumama Aouad disuelve distancias y empata idiosincracias con coqueta interculturalidad.
El Encanto Mudéjar
 |
“No me gustan las imposiciones. Soy anticonformista y tengo ligeros toques de rebeldía que no se notan por fuera”. |
Oumama Aouad (se pronuncia Umama Auad), Embajadora del Reino de Marruecos en el Perú es una mujer refinada y culta que ha hecho de la cultura su forma de vida. Guapa, elegante, suave y recatada, confiesa sin el menor rubor sus 58 años de edad, cosa que parece increíble ya que está de tan buen ver que representa, por lo menos, 10 años menos. Es un ser que irradia inteligencia y sensibilidad, ya que a lo largo de la conversación profundiza en los temas con gran agudeza sin dejar de matizar éstos, acá y acullá, con finas imágenes poéticas, que le brotan del subconsciente con la espontaneidad de un rocío fresco y mañanero. “¿Usted no se dedica a la poesía?”, le pregunto. “¿Debería dedicarme?”, responde sonriendo dejando la contestación en esa nebulosa, mesurada y coqueta a un tiempo, del eterno femenino que juega con las palabras. Estamos hablando de “interculturalidad”, que es el tema, profundo tema, que ella domina a la perfección. Tengo el recuerdo ya lejano de Marruecos (Rabat, Fez, Marrakech, etc.) que es uno de los países más exóticos (si no el que más) que pueda ver cualquier turista que no proceda de Oriente ni del mundo árabe. Y lo es por ese arabismo ancestral lleno de colorido que, callejeando, se encuentra uno a la vuelta de cada esquina. Por lo que desde un principio me pregunté: ¿qué hace esta impecable dama occidental (porque es eso lo que ella refleja en el físico y la forma de vestir) hablándome de la cultura de sus antepasados moros? La respuesta surgió en la sobremesa, estábamos almorzando en el restaurante Costa Verde, cuando la opacidad de las nubes dio paso a un sol con intermitencias y el mar se transformó en una ancha cinta áurea y brillante. De repente lo vi todo claro y me dije: la respuesta está en el mar. Ella ha ido por la vida (como pez en el agua) como un delfín que nada incansablemente entre dos aguas y se mueve en el sincretismo de mundos y filosofías de vida contrapuestas tratando de rescatar los valores esenciales de dos culturas diferentes. Su vida da amplio testimonio de esto. Primera pregunta lapicero en mano:–Cuénteme de sus comienzos, de cuando usted escogió el camino de la cultura.
–Nací en Rabat, en el seno de una familia de clase alta y estudié, latín incluido, el bachillerato en el Liceo Francés del mismo Rabat. Estudiábamos árabe y francés, pero teníamos que elegir un tercer idioma y yo, enamorada de la sintaxis latina, elegí estudiar el castellano antes que el inglés, que es el idioma que casi todo el mundo escogía. Y también elegí el idioma español porque desde pequeñita, y en viajes de descanso y placer, había acompañado a mi familia con frecuencia a Andalucía (el antiguo Al Andalus), llena de reminiscencias moras en Granada, Córdoba, Sevilla, etc., procedentes de la dominación árabe, y ahí comencé a comprender la transmisión de las culturas a través de la historia.