Opinión Por EDUARDO DARGENT
Dos Caricaturas Del Perú
Dos caricaturas del Perú se han vuelto comunes en la política y la prensa. La primera, dibujada por la izquierda, hace del cambio radical su grito de guerra. Desde esta perspectiva, las reformas de mercado han incrementado la desigualdad y la pobreza en el país. El actual sistema se sustentaría en un pacto de ricos que captura el Estado y fortalece un modelo primario exportador similar al que existía a inicios del siglo XX. El control de los medios de comunicación, además, permite destruir cualquier opción reformista en esta democracia de ricos. Por ello quienes defienden esta posición crítica promueven un cambio total, pues casi todo en la política económica debe ser descartado.
La segunda caricatura, adoptada por nuestra derecha, tiene en la continuidad optimista su bandera. El desarrollo es tan evidente que no vale la pena discutir con los críticos. Las protestas, fragmentadas a través del territorio, se explican por la presencia de agitadores extranjeros o radicales de izquierda que buscan el caos. Los problemas se solucionarían corrigiendo algunas deficiencias de los servicios sociales y con mayor mano dura, pero de cambios profundos nada. Al fin y al cabo, no hay de qué preocuparse pues el voto del peruano es mayoritario por la continuidad, más aún cuando Keiko ha llegado a quebrar el voto de Ollanta.
Obviamente cada quien se ubicará más cerca de una de estas posiciones y querrá que las opciones que las representan triunfen en la elección del 2011. El problema que veo con esta situación es el poco terreno común entre las posiciones. Una visión más ponderada, que explore con honestidad nuestra economía política, muestra que ambas tienen evidencia a favor y preocupaciones que rescatar. La primera no reconoce el positivo cambio económico en diversas zonas del país, la reducción de la pobreza ni los beneficios de la estabilidad macroeconómica. La segunda no acepta que hay un amplio sector de la población, especialmente en los Andes, para el que todo sigue igual o casi igual. A estas alturas ya es claro que los problemas de este sector no se solucionarán solos ni con cambios cosméticos. El voto del 2006 ofrece evidencia para ambas posturas: crítico en zonas donde no llegan los cambios, ponderado donde sí.
Un objetivo de las élites debería ser romper con estas caricaturas y construir consensos sobre los cuales debatir sus diferencias. Porque pareciera que parte importante de la población, aquella que celebra La Teta Asustada pero se entristece con la historia de las muchas Faustas que dejó la guerra interna, que se enorgullece del boom gastronómico pero demanda mejor educación y salud pública, que critica al gobierno en Bagua pero aprueba los TLC que firma, sí está dispuesta a ver estos complejos claroscuros.