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Actualidad La tesis de la rosca. La agenda propia del ex ministro Pastor para impulsar el indulto de Crousillat y cuestionar la administración del canal 4.

Puntapié Presidencial

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Pastor no quiso renunciar, el gobierno emitió la resolución que lo cesaba y cuando envió su carta ya era demasiado tarde.

¿Qué le pasó a Aurelio Pastor? La pregunta persistía entre los miembros de la cúpula oficialista en la tarde del martes. El ministro de Justicia había cumplido exactamente una semana en entredicho con la línea del gobierno en torno al caso Crousillat. Y entonces el presidente Alan García le mostró la puerta.

Disipado el humo de la cacería en pos de la cabeza política de Pastor, quedan nítidamente señaladas dos graves inquietudes: ¿Por qué su sector le dio luz verde al indulto de Crousillat cuando la defensa del más mermelero de los broadcasters había fracasado en dos oportunidades anteriores? El abogado de Crousillat, Jorge Castro, presentó solicitudes de gracia presidencial para su patrocinado durante las gestiones de María Zavala y Rosario Fernández en la cartera de Justicia. No pasaron ni siquiera con Fernández que, aunque de familia aprista, tenía en su currículum de litigante la defensa de Ernesto Schütz, otro dueño de canal rentado por Vladimiro Montesinos. El entonces primer ministro, Jorge del Castillo, se cuidó por entonces de subrayar la inconveniencia política de una medida de esa naturaleza.

Segunda grave inquietud: ¿Por qué Pastor fue el único miembro del gobierno que pidió al Congreso y la Fiscalía investigar la transferencia del canal 4 en el contexto de la denuncia presentada por el abogado Castro contra todos los que participaron en su rescate financiero?

Con esa última intervención, realizada a la salida del Consejo de Ministros del pasado miércoles 10, Pastor se puso en un disparadero mediático que comienza en el diario preferido por los taxistas y termina en el de color salmón que acompaña el café de los empresarios. Pasando, claro, por el decano, un agresivo tabloide que algunas veces dispara al aire y nada menos que dos canales de televisión. Y eso sin contar a La República.

“A un rodillo no lo puedes enfrentar así. Lo toreas o le pones un poco de aceite. Pero no te pones debajo del rodillo”, reflexiona un connotado miembro del oficialismo.

Luego de ese tenso diálogo de Pastor con los periodistas, el premier Javier Velásquez Quesquén debió aclarar que ningún acuerdo de esa naturaleza había salido del Consejo de Ministros. De hecho, la información recabada por CARETAS lo confirma. No suena muy lógico que el Presidente ventilara algo tan delicado frente a todo su gabinete. Pastor debió reconocer que el pedido de investigación lo hizo a título personal.

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En febrero del 2003 CARETAS detectó objeciones de Alejandro Toledo a la fórmula para rescatar el 4.

El congresista toledista Carlos Bruce le respondió de inmediato desde Pasos Perdidos. “Tiene que ser un empleado del señor Crousillat... le tramitó su indulto. ¿Cuánto le han pagado?... ¿Quién en el país cree que eso es gratis?”. Bruce debió disculparse al día siguiente pero la sospecha ya había sido sembrada.

Basado en la dudosa naturaleza de los exámenes médicos, el sábado el Presidente revocó el indulto a Crousillat. Aunque la urgencia política lo ameritaba, se trata de una reversión muy complicada desde el punto de vista constitucional. Juristas como Enrique Bernales y Luis Lamas Puccio coincidieron en señalar que anular un indulto en esas condiciones era sustentar el hecho en argumentación débil. Dado que se había dado inicio a un proceso contra Crousillat por el delito de cohecho pasivo con orden de detención, sostienen, hubiera sido mejor dejar todo en manos del Poder Judicial. Si es condenado por el nuevo proceso Crousillat terminará otra vez en la cárcel por un período mayor que el de los dos años que le faltan para cumplir su actual sentencia. Podrían sumarse los ocho de pena máxima por cohecho.

Crousillat, mientras tanto, había presentado una acción de amparo ante el juzgado mixto de Motupe, Lambayeque, para recuperar el control del canal. La espada de Damocles de las medidas cautelares volvió a mostrar su filo, aunque el intento fue rechazado al no poder acreditar su domicilio en esa localidad.

Varios editoriales y primeras planas después, Pastor terminó de perder la chaveta el martes 16 en el programa del “Chema” Salcedo en RPP. Era una tribuna propicia. En semanas anteriores, el periodista también había echado sombras sobre la intervención de Alejandro Toledo en la operación del 4, lo que motivó una réplica del propio ex presidente. Pastor enfiló sus baterías contra la familia Miró Quesada y cuestionó que “El Comercio está atentando contra la estabilidad democrática y en ello tiene antecedentes muy serios a lo largo de su historia”. Para ilustrar el punto recordó episodios del velasquismo y el fujimorismo. Le pidieron su renuncia, se negó a hacerlo y pocas horas después su suerte fue echada. Cuando envió su lacónica carta de renuncia Palacio ya había dado a conocer la resolución en la que se dejaba sin efecto su nombramiento como ministro.

Con esas acusaciones olvidó la firme intención de García de mejorar las relaciones, históricamente convulsas, con dicho grupo mediático. El deshielo comenzó en su primer gobierno y en el actual no ha dudado en ser más de una vez columnista invitado en las páginas de El Comercio, incluyendo la famosa y, políticamente costosa, saga del Perro del Hortelano. Eso aunque la extensión del grupo parezca reflejarse en una cantidad de cañones, algunas veces editorialmente divergentes, que deja cortos al par que se le atribuyen a los apristas.

En ese sentido Pastor, congresista joven y elocuente, parecía ser un eficaz soldado aprista. Pero esta vez pareció disparar solo. Y no era la primera vez que marcó distancia de sus compañeros.

En infraternos corrillos apristas viene circulando la extensa carta de renuncia al APRA que Pastor envió el 29 de agosto del 2000 al entonces secretario general, Jorge del Castillo. Pastor lamentaba las críticas a su desempeño provenientes de personajes como Armando Villanueva y Mercedes Cabanillas. Además resintió los cuestionamientos por su trabajo como asesor de la comisión de fiscalización presidida por el fujimorista Rolando Reátegui. Entonces fue acusado de transfuguismo por sus propios copartidarios.

El punto de inflexión llegó cuando Jorge del Castillo y Omar Quezada, los nuevos secretarios generales del APRA, declararon el martes 9 su desacuerdo con el indulto otorgado a Crousillat el pasado diciembre. La noche anterior se había reunido por primera vez la renovada dirección política del APRA, Pastor incluido, y esa fue la línea acordada. La respuesta era necesaria ante la demanda que el abogado de Crousillat, Jorge Castro, presentó ese mismo lunes contra todos los involucrados en el rescate del Canal 4 ante el Ministerio Público.

García secundó a los dirigentes de su partido y pocas horas después se confesó “ligeramente burlado” por los informes médicos que sustentaron el indulto. Pero Pastor comenzó su férrea defensa del mismo aquella tarde en el Congreso, a donde acudió para ser interrogado por el tema.

Apristas como Mauricio Mulder, Omar Quezada y Carlos Arana pidieron su cabeza. Del Castillo, una suerte de mentor suyo que sin embargo había criticado el indulto en la prensa desde el mes de enero, lo defendió casi hasta el final. No tuvo más remedio que tomar “radical” distancia pública de sus últimas declaraciones.

Cabo suelto es el del paradero de Crousillat. En el gobierno esperaban conjurar la situación si Crousillat era capturado en dos o tres días más. Pero, a pesar de las fotografías que la Policía ya repartió en sus dependencias, es muy poca la información sobre él con la que se contaba al cierre de esta edición. Ante las preguntas de la prensa el propio Pastor había reconocido que “el señor Crousillat ha sido indultado. No tiene impedimento (de salida)”. Solo dos días después fue ordenada su captura.

Queda todavía en la nebulosa el papel del Presidente en el otorgamiento del indulto, que es finalmente una atribución de su cargo. Versiones que circularon en las redacciones señalaban a Ricardo Ghibellini, amigo de García y actual embajador en Brasil, como el nexo que animó a García a otorgar la gracia. Ghibellini llevó a Marisol Crousillat, hija del broadcaster, como asesora a Canal 7 y la acompañó cuando el gobierno la condecoró en enero del año pasado luego que organizara la Teletón. En carta enviada a La República, Ghibellini niega cualquier relación con el entuerto, pero es evidente que el escándalo le amarga su esperado momento como embajador. En mayo pasado Ghibellini fue voceado para ocupar la legación diplomática en Madrid. Todo indica que su estrecha amistad con Roxanne Cheesman, madre del último hijo del Presidente, canceló esa posibilidad y para allá fue el ex Confiep Jaime Cáceres Sayán. Con la separación de AGP y su esposa Pilar Nores se habría allanado la opción brasileña.

Ghibellini, por cierto, no fue extraño al proceso de América Televisión. Él fue representante de los colombianos de Bavaria en el directorio del 4.

Sean los que fueran los entretelones que le permitieron a Crousillat volver a darse la gran vida, abusar de su suerte e intentar recuperar el canal, el hecho es que García se bajó del carro y envió señales muy claras para enmendar el rumbo. Pastor siguió en sus trece hasta que el frío puño de la soledad llamó a la puerta de su despacho.

El Relevo


Al cierre de esta edición aún circulaban los nombres para reemplazar a Aurelio Pastor en la cartera de Justicia. El congresista y ex ministro Luis Gonzales Posada era uno de ellos, aparentemente favorecido por el premier Javier Velásquez Quesquén. El pepecista Raúl Castro y el decano nacional del Colegio de Abogados, Walter Gutiérrez, también eran voceados. Castro dijo a CARETAS que, de darse, rechazaría la propuesta.
La ex ministra María Zavala y la embajadora en Argentina, Judith de la Mata, también aparecen en el bolo. También trascendió que la situación del ministro del Interior, Octavio Salazar, sería precaria si no se consiguen rápidos resultados con la recaptura de Crousillat.

Castro, ‘El Príncipe’

La trayectoria del abogado de Crousillat.

Castro, cuando denunció a general de la Policía y a Agustín Mantilla.


EL abogado del buscado empresario Crousillat, Jorge Antonio Castro Castro, pertenece a los predios de la ex Guardia Civil (código 1). Sus ex compañeros de armas lo conocen como “El Príncipe”, porque, dicen, su nariz tiene un parecido a la del Principe Carlos de Inglaterra.

En julio de 1990 denunció a través de la prensa presuntos actos de corrupción del ex director general de la Policía, general PNP Rubén Romero Sánchez, con quien laboró como Jefe de Seguridad y asesor privado de su despacho. Romero fue acusado de construir una lujosa residencia con dineros de las mineras, entre ellas Buenaventura, como pago por servicios de protección que le prestaba la Policía Nacional. También acusó al ex ministro del Interior Agustín Mantilla de tratos fraudulentos con proveedores que cobran multimillonarias sumas por artículos que no entregan y promover cambios de colocación y ascensos irregulares dentro de la Policía. Poco antes de las denuncias Castro había sido defenestrado de la institución por insubordinación. En 1984, en cambio, había sido condecorado por su accionar contrainsurgente en Huamanga. “Eso era antes –comentó desilusionado un ex compañero que evitó identificarse–. Desde que se recibió como abogado se ha convertido en el abogado del diablo”.


 


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