miércoles 18 de septiembre de 2013
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 2122

25/Mar/2010
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Sólo para usuarios suscritos Mar de Fondo
Acceso libre ActualidadVER
Acceso libre NarcotráficoVER
Acceso libre Opinión VER
Acceso libre UrbanismoVER
Acceso libre Ellos&EllasVER
Sólo para usuarios suscritos Bienes & Servicios
Sólo para usuarios suscritos Cultura
Acceso libre GastronomíaVER
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Sólo para usuarios suscritos Quino
Acceso libre TecnologíaVER
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Raúl Vargas
Sólo para usuarios suscritos Gustavo Gorriti
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos China Tudela
Sólo para usuarios suscritos Luis E. Lama
Sólo para usuarios suscritos Alfredo
Sólo para usuarios suscritos Luis Freire
Suplementos
Acceso libre Crecer SanoVER
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2300
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

Entrevistas La introspectiva interpretación que Melania Urbina hace de sí misma entre bambalinas.

Entre Luces y Sombras

4 imágenes disponibles FOTOS  PDF 

Ver galería

Junguiana hasta la médula, Melania Urbina cultiva esta influencia a través de la creatividad. "Mi canal de expresión es la actuación".

Melania Urbina, una de las actrices jóvenes peruanas dejó ya hace años su constatada calificación de “promesa” del cine, teatro y televisión peruanos para acabar convirtiéndose en una actriz hecha y derecha con un peso específico insoslayable debido al gran bagaje de actuaciones en cantidad y calidad que tiene en su haber. Después de 10 largometrajes y algún que otro corto ha sido premiada por su actuación en festivales internacionales de cine como los de Providence (EE.UU.), Biarritz (Francia) y Málaga (España), siendo dirigida por los mejores tanto en cine (Francisco Lombardi, por ejemplo) como en teatro (Alberto Isola). Si el buen perfume se encuentra en frascos pequeños esto es aplicable a esta mujer menuda de talla que a sus 32 años está sindicada para hacer papeles de dama joven. Como es ya en mí habitual la entrevisto en el restaurante Costa Verde, y después de una larga y profunda conversación en la que ella es extraordinariamente permeable acaba mostrándome los más íntimos secretos de su personalidad. “Hoy estoy feliz y en proceso de sanación espiritual y mental, ya que en este último año he podido detectar mis heridas, que es el primer paso para curarlas. Me confieso junguiana hasta la médula”. Hay que aclarar que el término junguiana que ella emplea significa que es seguidora de Carl Jung, uno de los pioneros de la psicología profunda y discípulo en primera instancia de Sigmund Freud. Hay marcadas diferencias entre ellos. La teoría del psicoanálisis de Freud tiene un sentido determinista buscando el “por qué” del dolor interno y el fracaso al bucear en la niñez y en la formación sexual del ser humano. Jung ejerce la psicología analítica o profunda, buscando un sentido finalista eliminando el “por qué” freudiano y sustituyéndolo por el “para qué”, dándole mucho más importancia al presente que al pasado. Jung le da mucho más valor a la creatividad, siendo ésta para Freud un simple mecanismo defensivo para poder sublimarse el ser humano. No es de extrañar por tanto que Melania Urbina desarrolle su gran capacidad artístico-creativa dentro de los parámetros de Jung. Que sea Melania la que nos aclare el por qué de todo esto. Vamos allá.

–Aunque no es usted freudiana cuénteme de su niñez. Tristezas. Miedos. Primeros recuerdos. ¿Le duele el pasado?
–No. El pasado pasó. Soy una chica limeña de clase media con ascendencia italiana por parte de padre y madre. Nací en San Isidro y cuando tenía pocos meses, mi padre era ingeniero industrial, la familia se tuvo que trasladar a Ecuador, y cuando tenía 3 años a Venezuela, de la que sí conservo muchos recuerdos, felices recuerdos: la lluvia estrellándose contra las ventanas, los cerros verdes, un colegio muy divertido en el que hacíamos la siesta con almohaditas y lonitas para taparnos, las arepas, las obleas y el agua de coco, las excursiones al zoológico y el safari de Carabobo y a la colonia Tovar de los alemanes. Recuerdos coloridos con sol, cielos celestes y tormentas. Como ve no fui una niña infeliz. Volvimos a Lima y me hice miraflorina hasta el día de hoy. Me chocó el colegio solo de mujeres y con monjas alemanas vestidas de gris. Y el cielo gris. Y la seriedad gris. Tenía 6 años. No tengo miedos, con excepción de que le pueda pasar algo a mi hija, producto de mi matrimonio con el cineasta Frank Pérez Garland, del cual estoy hoy divorciada.


 


anterior

enviar

imprimir

siguiente
Búsqueda | Mensaje | Revista