Opinión Por JOSEPH E. STIGLITZ
Los Peligros de la Reducción del Déficit
NUEVA YORK - Una ola de austeridad fiscal se precipita sobre Europa y los Estados Unidos. La magnitud del déficit presupuestal ha tomado a todos por sorpresa. Pese a las protestas de los antes defensores de la desregulación, que quisieran que el gobierno siguiera siendo pasivo, la mayoría de los economistas creen que el gasto público ha tenido un impacto positivo que ha ayudado a evitar otra Gran Depresión.
La mayoría de los economistas coinciden en que es un error mirar solamente un lado de la hoja de balance. Uno debe evitar fijarse solamente en las deudas de una empresa, también hay que ver sus activos. Esto debería servir para responder a los halcones del sector financiero, quienes están dando la alarma sobre el gasto público. El gasto, especialmente en inversión educativa, tecnológica y en infraestructura, puede realmente conducir a la disminución del déficit de largo plazo. La visión miope de los bancos contribuyó a crear la crisis; no podemos dejar que la visión miope del gobierno –empujado por el sector financiero– la prolongue.
Un crecimiento más acelerado y rendimientos de la inversión pública entre 5% y 6% producen mayores ingresos fiscales, y es más que suficiente para compensar los incrementos temporales de la deuda nacional.
La mayoría de los economistas están de acuerdo en que el tamaño adecuado del déficit depende en parte del estado de la economía. Una economía con poco dinamismo requiere de un déficit mayor, y el tamaño apropiado del déficit frente a la recesión depende de circunstancias precisas.
En los Estados Unidos la morosidad y las ejecuciones hipotecarias están en niveles no vistos en tres cuartos de siglo; la disminución de crédito en 2009 fue la mayor desde 1942. Las comparaciones con la Gran Depresión también son engañosas, porque hoy la economía es muy diferente en muchos sentidos.
No obstante, incluso con déficit importantes, el crecimiento económico en los Estados Unidos y Europa es anémico, y las previsiones de crecimiento del sector privado indican que en ausencia de un apoyo continuo del gobierno, existe el riesgo de un estancamiento sostenido –que el crecimiento sea demasiado débil para que el empleo vuelva a sus niveles normales pronto.
Los riesgos son asimétricos: si estas previsiones son equivocadas y se da una recuperación más sólida, entonces por supuesto se pueden reducir los gastos y/o aumentar los impuestos. Pero si son correctas, una "salida" prematura del gasto deficitario podría conducir nuevamente a la economía a la recesión. Esta es una de las lecciones de la Gran Depresión y de la experiencia de Japón a finales de los noventa.
A medida que la economía global vuelva a crecer, los gobiernos deberán preparar planes para elevar los impuestos y recortar el gasto. Inevitablemente, el equilibrio adecuado será tema de controversia. Principios como el de que "es mejor gravar cosas malas que buenas" podrían sugerir el establecimiento de impuestos ambientales.
El sector financiero ha impuesto enormes externalidades sobre el resto de la sociedad. La industria financiera estadounidense contaminó al mundo con hipotecas tóxicas, y en consonancia con el principio del “que contamina paga”, se les deberían cobrar los impuestos. Además, los impuestos bien diseñados sobre el sector financiero podrían ayudar a aliviar los problemas causados por un excesivo apalancamiento. Los impuestos sobre las actividades especulativas podrían alentar a los bancos a poner más atención en su desempeño social primordial como institución de crédito.
En el largo plazo, la mayoría de los economistas coinciden en que los gobiernos deberían estar preocupados por la creación de políticas sostenibles. Sin embargo, debemos estar atentos con el fetichismo del déficit. El déficit para financiar la guerra o para asistir gratuitamente al sector financiero generó pasivos, imponiendo una carga para las generaciones futuras. No obstante, las inversiones públicas pueden mejorar realmente el bienestar de dichas generaciones, y sería una tontería doble dejarles la carga de deudas correspondientes a gastos improductivos y después recortar las inversiones productivas.
En muchos países las perspectivas de una recuperación sólida son, en el mejor de los casos, para uno o dos años. Por el momento, la ecuación económica es clara: reducir el gasto público no es un riesgo que valga la pena tomar. (Por Joseph Stiglitz*)
*Joseph E. Stiglitz, catedrático de la Universidad de Columbia y galardonado con el Premio Nobel de Economía en 2001. Su libro más reciente: Freefall: Free Markets and the Sinking of the Global Economy está disponible en francés (Le Triomphe De La Cupidité, Liens Qui Liberent), pronto lo estará también en japonés, español, alemán e italiano. Copyright: Project Syndicate, 2010.
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Puede escuchar un podcast en inglés de este artículo en el siguiente enlace: http://media.blubrry.com/ps/media.libsyn.com/media/ps/stiglitz123.mp3
Traducción de Kena Nequiz.