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Entrevistas Decepcionado del fujimorismo, Diego Uceda ahora desde Solidaridad Nacional ofrece sus dones de “amigable componedor”.

¡No Soy Ningún Tránsfuga!

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Política en las venas: Uceda es hijo de alcalde, nieto de un secretario general del APRA, de un presidente de la Corte Suprema, y sobrino de Luis de la Puente Uceda.

Lo tengo frente a mí en el restaurante Costa Verde. Habla con pasión y convencimiento. En este sentido Diego Uceda, de Solidaridad Nacional, regidor de la Municipalidad de Lima y vocero de Luis Castañeda, es un bombardero. Subyuga y acapara la atención de su oponente sin ningún asomo farragoso de pesadez y tiene, por el contrario, la virtud de que cuando se le interrumpe sabe escuchar con cabalidad poniendo la máxima atención en ello. Por ende el flujo de palabras, suyas o mías, no acaba nunca y la conversación se mantiene inalterable dentro de una óptima fluidez con lo cual no hay tiempos muertos. Esto es rarísimo a lo largo y ancho de cualquier entrevista que he podido hacer. Conforme avanza la conversación me doy cuenta de que él está hecho para eso, para la diatriba, para la discusión, para equilibrar las antinomias pensantes y los conflictos de ideas y para tratar de construir túneles iluminados en las disensiones más oscuras. Él me cuenta su vida para que yo pueda escoger los capítulos de ella que encuentre más interesantes para abundar sobre éstos y su dedicación a ilustrarme es tanta (hay un esfuerzo personal en ello) que a la hora y media caigo en la cuenta de que nos hemos olvidado de almorzar y hago que nos levantemos para servirnos del buffet. Ya en la mesa le pregunto: “¿Cómo se siente usted? ¿Político? ¿Abogado? ¿Diplomático sin título? ¿Organizador? ¿Planificador? ¿Ejecutor preciso de órdenes? ¿Hombre de despacho? ¿Relacionista público? ¿Dónde se ubica usted exactamente?”. “Tengo algo de todo esto –me responde– pero mi faceta principal es ser un amigable componedor, de eso he vivido siempre y por eso me valoran. También soy hombre de principios y no admito incumplimientos ni sacadas de vuelta”. Con el devenir de la conversación todos estos temas van a ir aclarándose. Veámoslo.

–¿Cuándo sintió la afición política?
–Creo que desde siempre. Soy de clase media miraflorina y tengo ancestros políticos. Mi padre fue dos veces alcalde de Cajamarca y recibió la Orden del Sol del Perú por haber sido el alcalde más joven de la historia del Perú, tenía 26 años en aquella época (1955). Mi abuelo paterno fue secretario general del APRA en Cajamarca y el materno presidente de la Corte Suprema del Perú. He tenido parientes de todas las tendencias políticas incluidas las más radicales, ya que mi tío paterno fue el famoso guerrillero Luis de la Puente Uceda, que pertenecía al MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria también llamado el “APRA rebelde”), lo mataron acribillándolo desde un helicóptero y nunca se encontró su cuerpo. En La Habana hay una plaza que lleva su nombre. Dos hermanos de mi madre fueron uno senador y el otro congresista, viceministro de Salud y rector de la Universidad Cayetano Heredia. A los 4 años ya tenía vocación política y mi padre me compró una lampa que yo personalmente se la entregué a Belaunde. A los 8 años me escapé de casa para ir a votar y como no me permitieron la entrada en el colegio electoral me pinté el dedo con aseptil rojo y regresé todo ufano a la hora del almuerzo presumiendo de haber votado por Belaunde.


 


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