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Cultural Concluida la primera etapa del proyecto de renovación integral del Museo de Arte de Lima, la nueva meta para la segunda planta es el 2011.

Mali Nuevo Lustre

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Considerado como monumento de ingreso al Centro Histórico, el renovado Museo de Arte de Lima (MALI) se erige como pieza fundamental de su puesta en valor. Con 6,000 metros cuadrados de área remodelada, la primera planta del MALI reabre sus puertas con cuatro exposiciones memorables: Portraits, del destacado fotógrafo peruano Mario Testino; De Cupisnique a los Incas. El arte del valle de Jequetepeque; Camilo Blas. El dibujo indigenista; y la instalación Monumentos vandalizables de José Carlos Martinat.

Con una inversión de alrededor de 9 millones de soles (tres provenientes de aportes privados y seis del Plan Copesco Nacional del Mincetur), el MALI dice nuevamente presente con estructuras reforzadas, pisos renovados, mayores áreas para talleres, flamante biblioteca especializada con más de 12,000 volúmenes, tienda diseñada por Jordi Puig y cafetería a cargo de Juan Lengua (artífice de suculentas propuestas como La 73 y Cala). Próximamente, también estarán listos el auditorio y los ascensores que permitan el desplazamiento de personas con discapacidad. Bajo las directrices del arquitecto Emilio Soyer Nash, el proyecto de renovación integral se inició en 2003 con la inauguración de la sala de platería colonial y republicana y continuó en 2006 y 2007 con las salas de fotografía y dibujo. En palabras de la directora del MALI, Natalia Majluf, “lo que Soyer ha hecho ha sido recuperar la prestancia del edificio, sus grandes perspectivas y sus ejes simétricos, y lo ha hecho bien porque cuando uno pasea por el museo siente que estos son los espacios naturales, que no han sido forzados ni impuestos, sino que se le ha dado gran coherencia a la primera planta”.

Con un presupuesto de operación de alrededor de un millón y medio de dólares al año, el MALI tiene ahora planeado terminar para el segundo semestre de 2011 la remodelación integral de la segunda planta, 4,500 metros cuadrados destinados a su exposición permanente. Según lo explica Juan Carlos Verme, presidente del Patronato de las Artes del Museo, para dicho fin ya se cuenta con el compromiso del Plan Copesco para invertir 10 millones de soles adicionales, los que se sumarán a dos millones y medio provenientes de aportes privados. Auspicioso con el futuro de este propio proyecto, Verme, sin embargo, lanza advertencia sobre el panorama general de los museos nacionales: “la clase política no tiene claro cómo poner en valor los museos porque no saben por dónde empezar; lo que yo recomiendo es invertir en equipos humanos que desarrollen las tareas que se tengan por delante y le den valor a las colecciones que están allí durmiendo y apolillándose; una colección por más maravillosa que sea, cuando está en los sótanos de un museo, no le sirve a nadie; para eso no se colecciona, se colecciona para mostrar, generar contenidos y diálogos, para tematizar los objetos”.

De momento, el museo ya está planeando trabajar directamente con los operadores turísticos y, luego de finiquitar la remodelación de la segunda planta, se espera poder llevar las exposiciones a provincias y al extranjero. También, existe el proyecto de ampliar la oferta de talleres y cursos, pero dictándolos directamente allí donde habría mayor participación; quizá, abriendo filiales en lugares como Lima Norte donde, según Majluf, se encuentra su “público natural”. Además, gracias a sus llamativas exposiciones temporales, el MALI espera que la presencia de visitantes locales sea tan frecuente como cuatro o cinco veces al año. “Los museos son las carreteras del turismo”, señala Majluf, y explica que la escencia de estos es constituirse como “lugares que permiten la ampliación del acceso a la cultura, una mejora de la calidad de vida”. Los domingos populares, el costo de ingreso al museo será de 1 sol. Las puertas están abiertas. (Foto: Víctor Ch. Vargas)

Primero lo Primero

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Totalmente remodelada, la primera planta del MALI es la que alberga no solo las salas de exposiciones temporales, sino también los talleres, los depósitos, aulas y oficinas, así como la biblioteca, la cafetería, tienda y auditorio. Según Natalia Majluf, "el reto estaba en cómo adecuar el edificio a una densidad de uso enorme, para lo cual se trabajó con altillos y la racionalización del espacio; además de ese otro reto de tener un edificio histórico que había que respetar con la complejidad de tener que agregarle sistemas de sensores de humo, nuevos circuitos eléctricos y sistemas de ventilación".


 


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