miércoles 18 de septiembre de 2013
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 2124

08/Abr/2010
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Sólo para usuarios suscritos Mar de Fondo
Acceso libre ActualidadVER
Sólo para usuarios suscritos Encuestas
Acceso libre Medio AmbienteVER
Acceso libre Opinión VER
Acceso libre TecnologíaVER
Acceso libre Derechos HumanosVER
Acceso libre TurismoVER
Acceso libre Ellos&EllasVER
Sólo para usuarios suscritos Bienes & Servicios
Sólo para usuarios suscritos Cultura
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Sólo para usuarios suscritos Quino
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Gustavo Gorriti
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos China Tudela
Sólo para usuarios suscritos Alfredo
Sólo para usuarios suscritos Luis Freire
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2300
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

La esposa del ex ministro de Vivienda, Carla Robbiano de Allison (31), habla abiertamente de sus días en la Cárcel Federal de Miami, de su drama familiar y de su próxima boda religiosa.

Carla Robbiano: ”La Tristeza Mata" (Video)

12 imágenes disponibles FOTOS 

Ver galería

“Mi esposo fue todo para mí. Llorábamos juntos y nos abrazábamos en las noches”. Ahora, en Lima, tienen que enfrentar tres procesos judiciales por cohecho, peculado y lavado de activos.

“¡Robbiano, arregla tus cosas, a las 3 de la tarde te vienen a buscar!”. Con esa orden Carla Robbiano se enteraba, el lunes 9 de noviembre de 2009, que recuperaba su libertad luego de cuatro días de reclusión en la Prisión Federal de Miami. Como se sabe, ella y su esposo, el ex ministro de Vivienda y ex alcalde de Magdalena, Francis Allison, fueron arrestados el 5 de noviembre en el aeropuerto de Miami por no declarar los 50 mil dólares que intentaban traer al Perú. Abordados por agentes de migraciones en la manga del avión, Carla firmó un documento declarando que llevaba consigo veinte mil dólares; en realidad tenía treinta mil. Ella y su esposo fueron trasladados a una habitación contigua. Allí agentes de aduanas empujaron a Allison contra la pared y les impidieron hablar. Llegó la Policía, los revisaron y aparecieron los cincuenta mil dólares que ambos cargaban.




¿Carla, te arrepientes de no haber enviado el dinero a través de un giro bancario?
−Me arrepiento todos los días de mi vida.

¿Te trataron mal?
−No me golpearon pero el agente federal fue muy tosco conmigo. En inglés me preguntó si me había despedido de mis hijos, porque no los volvería a ver nunca más.

¿Qué sentiste?
−Se me cayó el mundo. Hasta ese momento pensaba que solo pagaríamos una multa y nos subiríamos al siguiente vuelo. Nunca imaginé que esa misma noche dormiríamos en una prisión federal.

¿Los trasladaron juntos?
−Nos esposaron y en un auto nos llevaron hasta la cárcel en el centro de Miami. Allí nos separaron. A mí me quitaron la ropa y tuve que vestir un mameluco naranja, de esos que usan los presos. Esa noche dormí sola en el piso de una celda, con un aire acondicionado que te mata y con una luz que no sabes si es de día o de noche. Nunca lloré tanto como esa noche. No sabía nada de mis hijos ni dónde se habían llevado a Francis.

¿Cuándo lo volviste a ver?
−Al día siguiente. A las cinco de la mañana habían ingresado a mi celda cinco mujeres más, dos africanas, dos canadienses y una puertorriqueña, y a las siete todas salimos al pasillo para ser encadenadas y llevadas a juicio. Me percaté que la fila de hombres estaba al otro lado del pasillo, y allí es cuando por fin vi a Francis de reojo.

¿Y?
−Nos sonreímos. Aunque debíamos mirar hacia la pared para no tener contacto con ellos, logré leer en su mirada que todo saldría bien.

¿Cómo que los encadenaron?
−De manos y pies, la cadena pasaba por la cintura. Después nos hicieron caminar a las mujeres primero y los hombres venían atrás, ya no podía ver a Francis. Lo volví a ver horas más tarde, a las tres, cuando nos encontramos ante el juez.

¿Allí pudieron hablarse o tocarse?
−No, estaba prohibido.

¿Qué pasó en el juicio?
−Solicitamos una fianza que nos la otorgaron, pero el problema fue que era viernes y no había tiempo para hacer los trámites necesarios. Entonces todo quedó en el aire hasta el lunes.Durante los siguientes tres días Carla compartió celda con una colombiana que espera una sentencia no menor de 10 años. En su pabellón habían 120 mujeres y 60 celdas. Su angustia más grande era no saber nada de sus hijos: Julia, de 15 años, y Francis, de 10, que esperaban por ellos en Lima.

¿Cómo te sentías?
−No sabía nada del mundo. Lo que me mantuvo fue el apoyo de mis compañeras de pabellón, no podría decir que eran mis amigas pero sí mis compañeras de sufrimiento. Unas treinta presas rezábamos el rosario todas las noches a las ocho.

¿Comías?
−No, bajé tres kilos en tres días. En ese lugar solo ves gente llorar, mujeres llorando... (llora). La tristeza mata. Lo peor es que yo soy claustrofóbica y el encierro me produjo unos ataques de pánico muy fuertes. Mis amigas me tenían que contener.

¿No había médicos?
−No, nunca vi a un médico ni tomé una pastilla para tranquilizarme. Yo hablaba con Dios y le pedía que me hiciese entender la razón por la cual me había puesto esta prueba tan dura.

¿Recibiste respuesta?
−Yo creo que Él quiso que hagamos un pare en nuestras vidas, nos dio un remezón.

¿Crees que ustedes se estaban dejando arrastrar por la ambición o la codicia?
−No hubo codicia ni ambición.

Pero el poder enceguece.
−Sí, pero nosotros tenemos los pies bien puestos sobre la Tierra.
El día lunes Carla y Francis Allison fueron puestos en libertad condicional. Al salir de la prisión, y todavía vistiendo los mamelucos naranjas, pudieron hablar por teléfono con sus hijos. Al día siguiente les colocaron los grilletes electrónicos en los tobillos e iniciaron un estricto régimen probatorio. Al cabo de dieciocho días sus hijos viajaron a Miami y se reencontró la familia. En tanto, el ambiente en Lima en torno al tema era muy distinto. El rechazo, la condena y los cuestionamientos de los medios y la opinión pública eran cada vez más agudos y agresivos. “El daño que la prensa le ha hecho a mi familia, a mis hijos, a mis padres y a la familia de Francis es muy grande”, dice Carla.

Es muy fácil decir que por culpa de la prensa se les condenó, cuando el problema nació de ustedes.
−No es que le eche la culpa a la prensa pero siento que no se nos dio el beneficio de la duda. No nos preguntaron, peor aún, yo sentí que mucha gente se alegró de que nos haya pasado esto. Lo disfrutaron, se burlaron, nos humillaron y nos insultaron.

Pero la televisión les hacía la guardia en la casa de Miami para que declararan.
−Efectivamente, era terrible. Teníamos cinco o seis cámaras alrededor de la casa y no podíamos salir por días enteros.

¿Escuchaste lo que dijo el Presidente García de tu esposo?
−Sus motivos tendría para hablar así, pero me dio mucha pena escucharlo porque Francis le tenía mucho aprecio.

¿No te parece lógico que la opinión pública los haya condenado como corruptos después de un escándalo como este?
−Entiendo lo que me estás diciendo, pero cuando tú no tienes nada calculado, cuando haces algo de la manera más natural, sacas el dinero de una cuenta a nombre de tu esposo, no temes.

Dices que era natural. ¿Lo habían hecho antes?
−No, nunca. ¿Fuimos ingenuos? Seguramente. ¿Cometimos un error? Seguramente.

¿Te han quedado secuelas después de todo esto?
−Estoy teniendo ataques de pánico, me despierto con mucha angustia y se me adormecen las manos. Lloro mucho y estoy muy sensible.

¿Cuál fue la pregunta más difícil que te hicieron tus hijos?
−Dos días antes de la sentencia mis hijos se regresaban a Lima y nos preguntaron “¿Cuándo regresan?”. Fue muy difícil, no les teníamos una respuesta porque no sabíamos qué iba a pasar.

Finalmente el 28 de enero los esposos Allison escucharon su sentencia ante un juez de Miami. Fueron condenados a cuatro días de prisión efectiva y a pagar una multa de tres mil dólares cada uno por haber intentado sacar de los Estados Unidos 50 mil dólares sin declararlos. Se les decomisó el dinero y están impedidos de ingresar al país por tres años. “No nos deportaron, como se ha dicho, y nuestras cuentas nunca fueron inmovilizadas. Simplemente perdimos todo el dinero que teníamos en Miami”, dice Carla.

Y ahora Francis Allison está en campaña, ¿no?
−Eso es mentira.

¿Acaso no quiere volver a ser alcalde?
−Los medios lo han lanzado, él no se ha lanzado. No tiene partido ni se ha reunido con nadie. Realmente, estamos evaluando lo que significaría para la familia que vuelva a la política después de este golpe tan duro. Pero si finalmente lo decide, lo apoyaré.

¿Y cómo es eso de que se van a casar por religioso?
−El 24 de diciembre pasado Francis me propuso matrimonio formalmente. Fue muy lindo, aún estando con los grilletes electrónicos en los tobillos. Nos casamos por civil hace quince años pero ésta es una forma de reafirmar nuestro compromiso y decirnos: voy a estar contigo en las buenas y en las malas.

La boda podría ser interpretada como un minucioso cálculo político.
−No vamos a usar el tema de nuestro matrimonio para lograr algún beneficio político. La prensa no estará invitada.

Tu esposo ha deslizado por allí sus ambiciones de llegar a ser Presidente de la República algún día. ¿Te ves como Primera Dama?
−No, no, no. Sé que Francis desempeñaría maravillosamente bien ese cargo, pero es un tema que no está en nuestras conversaciones. Pero si algún día llego a ser Primera Dama, ¡maravilloso!, continuaré tal cual soy. Estaré al lado de mi esposo, no atrás, ni adelante, sino al lado de él, como tiene que ser. (Entrevista: Drusila Zileri Fotos: Víctor Ch. Vargas)


Lo que sufrieron los Allison durante el tiempo de su detención.

La tragedia no solo fue vivida a nivel de pareja. No solo el cáncer uterino que Carla padecía recrudeció. Lo que ocurrió con el resto de la familia, acá en Lima, mientras ellos purgaban prisión en Miami, también linda con la desgracia. Fue como si las siete plagas de Egipto se hubieran ensañado con los Allison.

- Julia, la hija de la pareja, cumplió 15 años sin la compañía de sus padres. Y el estrés de la separación y la incertidumbre le provocaron una parálisis facial de la que aún no se recupera.

- Francis, de 10 años, sufrió un grave accidente automovilístico mientras era conducido por el chofer. El vehículo quedó destruido e inservible.

- La madre de Carla perdió 8 kilos por el estrés. Por si fuera poco, su departamento se incendió.

- El abuelo de Carla murió y la pareja no pudo atenderlo en sus últimos momentos ni estar presente en el entierro.


Búsqueda | Mensaje | Revista