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Opinión “Tentar a la presidencia desde la alcaldía no es sorprendente. Lo nuevo es no dejar a alguien que le cuide la casa”.

La Soledad del Alcalde

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Con una popularidad de 70%, Luis Castañeda deja la Municipalidad de Lima para intentar mudarse a Palacio de Gobierno. Sorprende la forma en que lo hace. Tentar la presidencia desde la alcaldía no es sorprendente, la mayoría de sus predecesores lo hicieron sin éxito. Lo que es nuevo es que haya decidido no dejar a alguien que le cuide la casa. Castañeda muestra un total desinterés por construir algún tipo de organización política que pueda apoyarlo en la campaña o de llegar a la presidencia. Los alcaldes distritales de Solidaridad Nacional, abandonados a su suerte, deciden por estos días si candidatear por Kouri, Lourdes o quedar como independientes. Tampoco se ve mayor interés en establecer redes fuera de Lima, a pesar de haber inaugurado hospitales de la solidaridad en provincias. Castañeda salta a la presidencial sin red de seguridad.

Esta decisión parece extraña tanto en el mundo partidista de los ochenta como en el de los independientes que hoy vivimos. En los tempranos ochenta eran los partidos políticos los que determinaban las candidaturas municipales. Un candidato sin partido resultaba casi impensable. Las alcaldías servían a los partidos para foguear mandos medios en su ruta de ascenso hacia las ligas mayores. Recordemos, por ejemplo, que Jorge del Castillo fue alcalde de Barranco antes de ser alcalde de Lima y luego dar el salto al Congreso.

El fin de los ochenta trajo a Belmont, Fujimori y otros independientes. Desde entonces hasta ahora la política en el Perú depende más de personas que de partidos. Pero, a pesar de su prédica antipartido y su pragmatismo, esos independientes también intentaron capitalizar su popularidad construyendo algún tipo de organización política. Alberto Andrade logró cierto éxito tanto en Lima como en el país con Somos Perú. El propio fujimorismo, luego de una serie de fiascos a nivel regional y municipal, logró con Vamos Vecino una importante cohorte de alcaldes provinciales y distritales. Y Álex Kouri deja el Callao, pero con su fortaleza electoral muy bien cuidada: Chim Pum Callao parece ser ya un movimiento hegemónico en la región. Perder la elección le permitiría seguir jugando a la política con varias municipalidades bajo su control.

Castañeda ha roto con esta tendencia de intentar establecer cierta organización que incremente el poder político del líder. Es el independiente total, el que no intenta construir redes políticas compitiendo por cargos públicos. No deja nada en Lima al partir. Salvo que haya sido muy discreto, no intentó buscar un sucesor popular para que sirva de arrastre a sus alcaldes distritales ni establecer una alianza con Lourdes Flores para que herede su territorio. Solidaridad Nacional parece concentrar sus energías en elaborar una lista al Congreso sin preocuparse de las regionales y municipales de fin de año.

¿Qué racionalidad hay en esta decisión del favorito en las encuestas para ser el próximo presidente del Perú? ¿Considera que es preferible partir en solitario que jugársela por un perdedor en Lima? ¿O es que cree que en la carrera presidencial y para gobernar un Perú políticamente desarticulado no vale de nada contar con apoyo entre alcaldes provinciales o distritales? ¿Qué país es éste en el que 70% de aprobación puede no invertirse en construir organización? Preguntas difíciles. Lo único seguro es que la apuesta del alcalde es por el todo o nada. Su triunfo en la presidencial sería el premio a un político ambicioso que apostó por el personalismo antes que la organización. Su derrota un largo retiro de la política, tal vez definitivo, pese a haber sido el alcalde más popular de Lima. (Por: Eduardo Dargent*)

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* Coordinador de la facultad de Ciencia Política de la PUCP y es autor del libro Demócratas Precarios.


 


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