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Historia A trece años de la Toma de la Embajada: Habla el General EP (r) José Williams, artífice de la histórica Operación Chavín de Huantar.

Los Secretos de Williams

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Explorando la maqueta de la residencia nipona.

Han transcurrido 13 años desde el histórico rescate de los 71 rehenes secuestrados por el MRTA, el 22 de abril de 1997, pero los recuerdos del general EP (r) José Williams Zapata, el artífice de la Operación Chavín de Huantar permanecen frescos.

El lunes 26, CARETAS acompañó a Williams durante un recorrido por la réplica de la residencia de la Embajada de Japón, en la Brigada de Fuerzas Especiales, en Chorrillos. Allí, en uno de los ambientes en los que se expone la maqueta de la residencia nipona, el armamento de guerra y la propaganda de los secuestradores, el ahora general retirado habló por primera vez sobre este dramático suceso.

Williams, por cierto, ejerce hoy una labor más sosegada como vicepresidente de la Comisión Reorganizadora del Centro de Altos Estudios Nacionales (CAEN). Entre el 2007 y el 2009 fue el jefe de la delegación peruana ante la Junta Interamericana de Defensa en la Organización de Estados Americanos (OEA), en Washington, EE.UU.

Pero el 17 de diciembre de 1996, cuando 14 terroristas del MRTA incursionaron en la residencia del embajador de Japón, Morihisa Aoki, tomando como rehenes a los 700 invitados a una recepción en dicho lugar, Williams era jefe del Estado Mayor de la entonces División de Fuerzas Especiales del Ejército (Dife), la unidad de élite de la institución. “Mi jefe, el general Augusto Jaime Patiño, me ordenó esa misma noche resolver la crisis. La cuenta regresiva había empezado”, rememora Williams.

Momento histórico retratado en CARETAS 1482.

Se reunió de inmediato con el coronel Luis Alatrista, veterano de la guerra del Cenepa como él, y juntos trazaron el Plan de Operaciones ‘Nipón 96’. Fueron convocados 143 hombres, muchos de ellos voluntarios del Batallón 19 de la Escuela de Comandos y otros seleccionados de la Marina de Guerra y la Fuerza Aérea.

“El objetivo era llegar al interior de la residencia al mismo tiempo y por diferentes lugares del perímetro”, cuenta Williams. “Pero, ¿cómo lograrlo sin ser vistos? Surgieron muchas ideas. Pensamos en que podía ser de madrugada utilizando parapente y ala delta. Dos semanas después, surgió la idea del túnel. Inicialmente se pensó en excavar un solo túnel hacia el jardín. Luego se decidió que fueran varios túneles que llegaran a la sala, al comedor y un lugar determinante, la biblioteca”.

En un ambiente contiguo a la biblioteca, los terroristas solían jugar fulbito, según los datos proporcionados por la Policía y el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN).
“Queríamos sorprenderlos”, recuerda Williams. Para excavar los túneles fue contratado un grupo de mineros de La Oroya que trabajó en silencio día y noche.

“Entiendo que en una oportunidad, los terroristas estuvieron a punto de descubrir los túneles. Escucharon ruidos y amenazaron con matar a los rehenes. Buscaron por dónde podía estar el túnel, pero no encontraron nada”, relata Williams.

El ex presidente Alberto Fujimori citaba periódicamente a Williams en el garaje del SIN para enterarse de los entrenamientos y avances de la operación. “Solo nos hacía preguntas. Vladimiro Montesinos asistía a algunas de estas reuniones, pero no opinaba. El general Nicolás Hermoza (jefe del Ejército) no participaba de estas exposiciones. En la etapa de planificación lo vi en dos ensayos generales. No más”.

“La noche del 21 de abril nos encomendamos a Dios y le pedimos volver a casa a salvo”, dice Williams. “Al día siguiente solicité autorización para intervenir y me fue concedida. Cogí la radio y di la orden: Tengo el control. Tres, dos, uno... ¡vamos!”

La primera gran explosión se produjo a los pies de los terroristas que estaban jugando fulbito en la sala de la residencia. El potente estallido fue la señal para que se iniciara el ataque por ocho frentes distintos, lo cual desconcertó a los terroristas.

Williams lideró la patrulla Alfa, que ocupó el primer piso, y Alatrista la patrulla Delta, en el segundo piso. Tuvieron el apoyo de una unidad de francotiradores y del grupo de Seguridad, encargado de cuidar las espaldas a la fuerza de asalto.

El grupo Alfa detonó explosivos en las puertas y ventanas que hicieron volar las trampas colocadas por los hombres de Néstor Cerpa. También abrieron boquetes en las paredes, por los que irrumpieron disparando contra los emerretistas que trataban de huir a la segunda planta. Los hombres de Delta treparon al segundo piso por la escalera de servicio de la parte trasera de la residencia y por la escalera lateral que daba a la terraza, donde fue rescatado el entonces canciller Francisco Tudela.

El comandante EP Juan Valer llegó detrás de la patrulla Delta y se encontró cara a cara con cinco terroristas. La bala que lo mató le ingresó por la espalda, debajo del chaleco, cuando se agachó para proteger a Tudela. Le perforó el pulmón y el riñón

El capitán Raúl Jiménez cayó abatido en la primera planta, al igual que el vocal supremo Carlos Giusti Acuña, el único rehén secuestrado que falleció. La operación, sin embargo, funcionó como una obra de relojería. Fueron liberados 71 rehenes.

“El planeamiento detallado, piso por piso; los ensayos, la minuciosidad, la coordinación y la voluntad de todos los comandos posibilitaron que todo saliera bien. No tener éxito representaba costos políticos, sociales y militares”, apunta Williams.

En el 2001, sin embargo, Hidetaka Oguara, ex primer secretario de la Embajada de Japón, declaró haber visto al emerretista ‘Tito’ amarrado y boca abajo cuando culminó el enfrentamiento. El 24 de marzo del 2002, el fiscal Richard Saavedra denunció por homicidio a Montesinos, Hermoza, Huamán, Williams, Alatrista y a un numeroso grupo de comandos. Dos meses después, el Consejo Supremo de Justicia Militar inició un proceso por este mismo caso y absolvió a los comandos. El fuero castrense concluyó que en la operación hubo dos tipos de tropas: los comandos y los que el ex ministro de Defensa Aurelio Loret de Mola bautizó como “gallinazos”. Los segundos, cubiertos con pasamontañas, ingresaron después de concluidos los 14 minutos de la primera intervención. Eran miembros del SIN y reportaban al ‘Doc’.

Williams fue informado de que el SIN filmaría la operación, pero dice desconocer si éstos realizaron ejecuciones extrajudiciales. “Los comandos actuamos con valentía y arrojo”, apunta. “Ofrecimos nuestras vidas y probamos al mundo que nuestras Fuerzas Armadas también pueden mostrar altos niveles de calidad”. (Américo Zambrano).


 


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