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José Tomás habría muerto de no ser por la mano de su banderillero Alejandro Prado.

Salvado Por un Puño

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Espanto en los tendidos de Aguascalientes, México, al ver el pitón hacer carne en muslo de Tomás. Se pidió sangre por los altoparlantes de la plaza.

José Tomás, el “Emperador” actual de los ruedos, (pide US$ 500,000 por corrida en plazas de primera), el pasado sábado 24 de abril sufrió una cogida gravísima en la Plaza Monumental de Aguascalientes (México). Por culpa de la espada venía de perder las 2 orejas de su primer toro, y en su segundo se la jugó tratando de meter al toro en unos derechazos de tanteo un poquito movidos (lo cual es inusual en su forma de torear) para intentar acomodarlo y, lógicamente pararse, quedarse quieto y empezar la faena con su propia marca de fábrica, que es la quietud y el aguante sumos a la media distancia. Quiso despegarse del toro con un pase del desprecio y al descubrirse (porque el toro no le hizo caso) el astifino de Garfias, de nombre “Navegante”, lo enganchó por el triángulo de Scarpa. Tienen en México lo que para mí constituye un vicio, que es pegarles a los toros demasiado con la puya (a la antigua), con lo cual se bajan mucho, tienen poco recorrido, se revuelven y se defienden. Las ganaderías mexicanas no valen hoy gran cosa. Esta cogida en la ingle le seccionó la arteria femoral y contusionó el resto de grandes vasos adyacentes, como la arteria iliaca y la vena safena. Se paró el reloj. Se apagaron los sonidos, aunque se veía a los espectadores con los rostros desencajados y las bocas abiertas por el horror de un grito general orquestado al unísono. Y todo se veía como en cámara lenta, el surtidor de sangre que salía de la taleguilla, y el torero llevado por las asistencias a la enfermería con su cara inmensamente pálida, porque estaba quedándose exangüe. Y mientras todo esto sucedía un humilde banderillero de nombre Alejandro Prado Mirelés le metió el puño en la herida hasta llegar a la enfermería… y le salvó la vida. Por los megáfonos de la plaza se pedía a los presentes que donaran sangre del tipo A negativo.

Desde el comienzo del toreo las cogidas con rotura de arteria femoral o vena safena, o ambas eran mortales de necesidad por el desangramiento que producían, incapaz de ser cortado por el atraso de la medicina quirúrgica de entonces y la ineficacia y casi inexistencia de enfermerías adecuadas. El torero perdía sangre continua y rápidamente. Los torniquetes no servían sino para dilatar la agonía y la consiguiente muerte unos cuantos minutos más. ¿Media hora quizás? Definitivamente si a José Tomás, le hubiera pasado esto en aquel entonces, estaría hoy muerto irremediablemente. Pero aunque la enfermería de Aguascalientes no era ningún dechado de modernidad, varias circunstancias importantes se unieron para que hoy José Tomás esté en el mundo de los vivos. La circunstancia de que los doctores estuvieran muy avispados y solícitos para estabilizar la hemorragia; la de que aterrizara un helicóptero con plasma en el centro de la plaza por decisión y orden del gobernador inmediatamente ejecutada; la de que lo trasladaran con mucha policía motorizada al Hospital Antonio Hidalgo y la de que lo operaran sin anestesia para ganar tiempo, por espacio de tres horas y media, para posteriormente pasar a cuidados intensivos.


 


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