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27/May/2010
 
 
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Entrevistas La armonía entre la fé melómana y la doble religiosidad de Mabela Martínez.

Los Sonidos de Mabela

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“Hay productos musicales que tienen muy buena promoción y son paupérrimos y otros que son extraordinarios pero no tienen difusión”.

Cualquier melómano de este país sabe quién es Mabela Martínez a través de la radio y la televisión, y sobre todo por su emblemático programa “Sonidos del mundo”, que se ha caracterizado siempre por la calidad de la música, sea del género que sea, que allí se escucha, que no sigue modas ni campañas de marketing, y por los descubrimientos de talentos musicales que introduce en el Perú. Como dice ella “Sonidos del Mundo ha dado muchas vueltas. Hoy me encuentro en Radio Filarmonía 102.7 FM (luego de una etapa en Stereo 100) y en Plus TV (luego de otra en TNP canal 7). Lo que empezó como un hobby se convirtió en mi forma de vida, mi trabajo, mi relación con la música y los músicos, mi papel como productora de conciertos y de grabaciones discográficas”. Y ahí está ella hoy luciendo como catedrática de la mejor sensibilidad musical. Sensibilidad es lo que transmite Mabela Martínez cuando la tengo frente a mí en el restaurante Costa Verde acechando con sus bonitos e inquisitivos ojos y la belleza serena y fresca que a través del paso de los años (49) todavía esparce a su alrededor. No la considero una entrevistada fácil sino muy difícil, porque es muy precavida, circunspecta, mesurada y se pone a la defensiva desde el primer instante. Ella ha ido a la entrevista con una consigna prefijada: no sacar a relucir su vida privada y sentimental y por lo tanto esta prevención es un handicap que tengo para lograr llegar al fondo de su alma de mujer. Lo que en el transcurso de la entrevista, que parecía que iba a acabar como un análisis de su vida profesional y poco más, terminó con un hallazgo interesantísimo e insólito como es el de la superposición de religiones que ella conlleva hoy. Un perfecto lío confesional que, a mi juicio, hace que esta entrevista tome vuelos insospechados con su ayuda, ya que ella es excesivamente “controladora” (así se autodefine) como para dejar escapar semejante primicia sin darse cuenta. Veamos cómo llega a esta situación y al mundo de la música en la que ella está inmersa con tal capacidad de entrega que la convierte en una esclava feliz encerrada a perpetuidad en el serrallo de sus amores.

–Sus apellidos son Martínez y Woodman. ¿Es usted pariente de Arturo Woodman, Presidente del IPD?
–Sí. Es mi tío, hermano de mi madre. Tanto por parte de padre como de madre soy descendiente de emigrantes. Mi bisabuelo materno, inglés, Alfred Woodman Wicks, vino al Perú en febrero de 1890 para trabajar en la casa Duncan Fox a los 20 años. Se instaló en Piura y se dio cuenta de que faltaba fluido eléctrico en la zona, y se puso a fabricar velas artesanalmente para venderlas casa por casa por medio de un vendedor ambulante. Ese fue el comienzo de su empresa, la cual se hizo grande y muy exitosa y todo el dinero que ganaba lo destinaba a comprar haciendas. Con el paso del tiempo envió a sus hijos a educarse en Inglaterra y cuando volvieron los puso al frente de cada una de las haciendas, hoy expropiadas por el gobierno de Velasco, aunque siempre algo quedó.


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