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10/Jun/2010
 
 
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Sudáfrica 2010 Por EDDIE FLEISCHMAN

El Mundial no se Mancha

Johan Cruyff, el líder de la inolvidable Naranja Mecánica holandesa de Alemania 74.

La humanidad se apresta a vivir un mes especial que se presenta cada 4 años. Como si fuera una nueva manera de definir los años bisiestos. Con regímenes de vida cuyos horarios cambian, con colegios y negocios que flexibilizan sus normas y con el hombre común que, en el mundo entero, desvía su atención hacia un punto en el planeta que le generará sensaciones inigualables.

En la antesala es inevitable conectarme con las imágenes que llevo indelebles en la memoria y que pude seguir con capacidad de entendimiento desde que se jugó Alemania Federal ’74. Suelo cerrar los ojos y volver a ver a Johan Cruyff y su estupenda “Naranja Mecánica” holandesa, escuadra que, aun sin ser campeona, terminó por inocularme tempranamente el fútbol en la sangre. De ahí en más, desfilan por mi mente uno a uno, los capitanes campeones, Copa FIFA en mano, ofreciéndosela al mundo y me veo invadido por un alud de nombres pasados y presentes, marcadores, estadísticas y demás datos, alojados ya o buscando un lugar para perennizarse en la inmensidad de la memoria.

A partir de Francia ’98 me toca cubrir el evento para nuestra televisión y desde entonces, el entusiasmo infantil se funde con la vivencia profesional. Revivo la primera coronación francesa con goleada a Brasil en el imponente Stade de France. Vuelven aún frescas las inacabables madrugadas de transmisión de Corea-Japón 2002 y el Perú junto a uno, viviendo sin dormir, hasta ver coronarse por quinta vez a Brasil. Percibo de nuevo, nítida, la atmósfera fraterna de Alemania 2006 con el récord de 15 goles de Ronaldo y esa última postal del francés Zidane que, como impredecible genio que decide por lo insensato, opta por agredir a un rival para despedirse del fútbol tal como llegó a él: con la humildad y la sencillez de las manos vacías.

Se suceden las imágenes de las mascotas, las melodías pasadas y presentes y con ellas se humedecen los ojos y crece el entusiasmo por lo que pueda deparar la nueva fiesta. Empiezan entonces las predicciones: Brasil es el más sólido, España el que mejor juega, Argentina el de mejores individualidades, Inglaterra el que combina un poco de todo lo anterior. Y se deja el lugar pendiente para el outsider de turno.

Son éstos también días de evaluaciones médicas, de vacunación para cuando toque viajar a la sede misma de la fiesta y esté por iniciarse la definición de los 8 primeros lugares. Con ansiedades y nervios por lo que a uno le toque hacer. Días largos y tensos con noches breves, de tarea constante y poco tiempo para el entorno y la familia. Se dormirá menos, se comerá al paso y se trajinará más. Días de entrevistas, redacción, reportajes, envíos y transmisiones, sumados a la cotidianidad de los programas de mediodía en radio y de medianoche en televisión. Aun así, días para ser más felices.

Empieza el Mundial de mayor audiencia en la historia, que se verá por teléfono y en alta definición, que se difundirá también en Facebook y Twitter. Una cita que simboliza la libertad y el imperio del talento. En una sede en la que hace algo más de 15 años había una vergonzosa discriminación racial legalmente establecida, con reclusos que tenían en cautiverio su propia liga de balompié y que hoy, también gracias al juego más hermoso jamás inventado, ponen a su país en la máxima vitrina y con todos los honores. Bienvenida Sudáfrica 2010. El mundo vuelve a gozar, unido por un balón que enaltece al ser humano y premia a los verdaderos héroes de nuestro tiempo. Que nadie lo detenga ni se atreva a mancharlo. (Por: Eddie Fleischman)


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