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17/Jun/2010
 
 
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Sudáfrica 2010 Escribe: GINO DI DUDAS

No Me Toques la Vuvuzela

Joseph Blatter será el responsable de la otitis masiva que asolará Sudáfrica.

Llámenme conservador, pero mi añeja virilidad se subleva al ver tamaño derroche de afectación sobre las otroras indómitas canchas sudafricanas. La crestita de pelo glaseada con gel. La cejita depilada según la elipsis que dibuja el pétalo de geranio en primavera. Los botincitos de lamé en coquetona gama multicolor, dando de brincos en punta de pie. ¿Son jugadores de fútbol esos pezuñentos en tutú? Y sus mujeres, esqueletos con bling bling que alternan el centro comercial con la sala de operaciones. ¡Basta ya! Que vuelva la masculinidad al fútbol. Díctese el retorno del suspensor reversible, de los toperoles de madera astillada y de la gomina natural de la propia saliva. Y que regresen las mujeres de generosa corpulencia y resistente grupa, las de Uruguay 1930, aquellas de silvestre vello facial que forjaron de puño y letra aquello de mujer con bozo, poto sabroso.

- Se le atribuye a la selección coreana una cualidad clave, la velocidad. Ese es el efecto, no la causa. Su ventaja reside en sus inmensas cabezas. Con la correcta aerodinámica, tremendo peso muerto sobre el cuello le imprime añadida aceleración a un cuerpo en movimiento –la ley de la inercia. Súmese la copiosa ingesta de sus seleccionados de un poderoso plato coreano, el kimchi (col encurtida en ajo, ají y cebolla capaz de generar tres veces las emanaciones del gas licuado de petróleo). Queda explicado el oscuro origen de la propulsión coreana.

- Pensaba que la sordera me iría a proteger del infame zumbido de la vuvuzela. Ya quisiera. Sus insoportables 130 decibelios supuestamente imitan el sonido que hacen los elefantes al expulsar aire. Dicen que por la trompa, así el tono apunte a las antípodas anatómicas. Tuve que pedirle a una joven colega paraguaya que por favor se quitara la corneta de los labios por diversas razones. Aparte de las auditivas, los recuerdos médicamente prohibidos de mi sexta luna de miel. Ella accedió gentilmente pero a cambio me puso sobre la cabeza una makarapa –esos cascos de mineros adornados con temas futbolísticos, típicos de la hinchada sudafricana. Acepté el ridículo sombrero, pero me regaló el contraataque: Está simpática la makarapa, pero más interesante es la matraca, acoté protegido por la licencia propia de los años. Nos retiramos del estadio 15 minutos antes del final. Es hermoso como el fútbol une a la gente.(Escribe: Gino Di Dudas)


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