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Opinión Por ALFREDO BRYCE ECHENIQUE

Un Thriller Sensacional

La novela negra, ese género inmortalizado por autores como Dashiell Hammett, Chester Himes o el propio Edgar Allan Poe –a quien André Gide, su traductor en Francia, equiparó incluso con William Faulkner–, y que en Europa tuvo a Georges Simenon o Manuel Vázquez Montalbán, en tiempos nada lejanos, aunque sin olvidar por ello al propio Dostoievski de Crimen y castigo, por más angustia metafísica que emane de sus páginas, y al todopoderoso Balzac; tampoco al gran Chesterton del Padre Brown ni al celebérrimo Sherlock Homes de Arthur Conan Doyle.

Basado en muchos de estos autores nació el cine negro, que tuvo también a varios inmortales como Humphrey Bogart, Laureen Bacall, Robert Mitchum, Edgard G. Robinson, James Cagney o Peter Lorre y Peter Cushing. Sin embargo, tan grande literatura no ha dejado casi huellas entre nosotros. Una de las grandes excepciones vendría a ser Alonso Cueto, quien ya ha visitado en algunas de sus novelas anteriores el mundo del crimen y de la serie negra en la sociedad, e incluso el de la desconfianza popular en el sistema, que lleva a un individuo que nada tiene de investigador y menos, si cabe, de policía, a indagar, sospechar, y no conformarse hasta llegar al fondo de la noche, en esta sociedad del dinero en que vivimos.

Pero nunca antes había escrito Alonso Cueto un verdadero libro de intriga y desconfianza, del dinero en las más altas esferas, un gran thriller en que un hombre, Antonio, personaje central profundamente afectado por el crimen de un familiar, efectúe una investigación personal cuyas conclusiones dejen realmente en ridículo a todas las demás. Un trabajo tan improvisado como apasionante llevará a este sobrino de la víctima a sacarle varios cuerpos de ventaja al detective oficial contratado por su propia familia. Para ello el joven va penetrando hasta las más bajas esferas de una sociedad aparentemente inmóvil pero que su innata curiosidad, empujada por la simpatía que siente por la víctima y los presuntos asesinos (padre e hija) recorrerá literalmente de cabo a rabo los más inusitados meandros de Lima, recurriendo para ello a una gran economía de medios e incluso tan sólo a unas cuantas pinceladas de su apasionante itinerario.

Es en efecto asombrosa la manera en que en esta novela, en el logradísimo libro que es La venganza del silencio, Alonso Cueto entra de lleno en un género que por regla general ha interesado poco a la crítica desde el punto de vista de su escasa “litératurité”, es decir, del supuesto valor específicamente literario. Las excepciones pueden contarse con los dedos de las manos. A Edgar Allan Poe, por ejemplo, se le respeta porque ya es un clásico venerable, pero los puristas lo hacen más en mérito de su imaginación que por la calidad de su prosa, y se ha llegado al extremo de atribuir todo su prestigio entre la crítica francesa únicamente a la gran traducción que hizo de Baudelaire al inglés.

Pero si la novela negra ha interesado escasamente desde un punto de vista estrictamente literario, ha acaparado en cambio gran atención entre los sociólogos y los psicólogos como una manifestación y síntoma de la neurosis de la sociedad industrial y post industrial en que vivimos hoy. Es, en efecto –y el caso de La venganza del silencio es buena muestra de ello entre nosotros– una opinión generalizada que la novela policial ha desarrollado en clave cotidiana y popularizada una filosofía de la inquietud que en nuestra sociedad y su cultura nace oficialmente, o sea también históricamente, con Soren Kierkegard, un contemporáneo de Edgar Allan Poe, que publica en 1844 bajo seudónimo Un estudio sobre el miedo, o sea el mismo año en que Poe escribe su famoso poema El cuervo.

Como ellos, hoy, entre nosotros, Alonso Cueto representaría una forma latinoamericana, y cómo no, también española, de esta filosofía de la angustia que engendra la sociedad del dinero en que vivimos y que también podría definirse como la más literaria forma de esta angustia cotidiana de la inseguridad, característica del desarrollo histórico del sistema capitalista, con la lucha por la emulación económica y la competencia individual, ensombrecida a menudo por el fantasma de las muchas amenazas proyectadas sobre el capital.

Todo lo dicho hasta el momento subyace en este gran thriller en que un autor tan notable como Alonso Cueto le da otra vuelta de tuerca a su capacidad de apasionar hasta al más descuidado lector. Sin embargo, su novela transcurre en gran parte en un medio estrictamente familiar, hoy ensombrecido por un crimen en casa, iluminado a su vez por una bella historia de amor, también casera, y en lo policial aclarado finalmente con la más asombrosa revelación, algo absolutamente inesperado y hasta inexplicable, en cierto punto, o en todo caso contrariando cien por ciento no sólo la versión policial sino también la familiarmente aceptada como única. Con excepción, cómo no, del muy inquieto sobrino Antonio. Tal es el sorprendente final de una novela cuyo autor debe ser, pensándolo bien, el primer sorprendido. Y, además, muy gratamente sorprendido. (Por: Alfredo Bryce Echenique)


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