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Ecología Por fin, tras 14 meses de cese de operaciones de la fundición, índices ambientales de La Oroya lograron cifras oxigenadas.

Primavera en La Oroya

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La estación de monitoreo del Hotel El Inca y 3 más ven la calidad del aire en La Oroya.

En 80 años de funcionamiento, la fundición de La Oroya implicó para sus pobladores fuente de trabajo, pero también una realidad de cruda contaminación de arsénico, plomo y otros directamente inyectada en su ambiente y sangre. Esto, en 2007, llevó al Blacksmith Institute a considerar a La Oroya como la sexta ciudad más contaminada del planeta, por encima incluso de Chernobyl, en Ucrania, cuya radioactiva realidad la colocó recién en la novena posición. Pero tras la paralización de operaciones de Doe Run Perú (DRP), en abril de 2009 –ante la incapacidad de cumplir obligaciones crediticias ascendentes a US$ 100 millones–, el cóctel tóxico de la zona finalmente logró diluirse. Y sin PAMA necesario mediante.

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Nuevos aires: de 2008 a la fecha, niveles de azufre cayeron hasta 84 veces; en material particulado menor a 10 micras, hasta en 5 veces.

Según los monitoreos realizados por la Dirección General de Salud (Digesa) en sus cuatro estaciones de vigilancia de calidad del aire, ubicadas en los eternos puntos críticos de Huari, Marcavalle, Sindicato y Hotel Inca, del año 2008 hasta mayo último los niveles de concentración de plomo, dióxido de azufre y partículas menores a 10 micras (PM10) cayeron radicalmente. Así, mientras en 2008 la concentración de plomo en Sindicato marcó un promedio anual de 1.498 microgramos por metro cúbico (Ug/m3) en el aire, hoy ésta no llega siquiera a los 0.05 Ug/m3, cifra muy por debajo del tope permitido por ley, que acepta hasta 0.5 Ug/m3 (ver cuadro).


 


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