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24/Jun/2010
 
 
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Sudáfrica 2010 Rumbo a octavos de final. Lo más polémico fueron los yerros arbitrales.

Pitos, Pasión y Gloria

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Messi y su ballet enfrentan a México el domingo 27 de junio, 1:30 p.m. De 25 encuentros, 11 veces ganaron los gauchos y 10 empates.

En la segunda semana del Mundial los árbitros son los que más pasión han desatado. Porque no solo lo han hecho mal sino que han sido decisivos en los resultados. Ya se sabe que a diferencia de los jugadores, el mejor juez es el que pasa desapercibido. Y eso es precisamente lo que no ha pasado.

Ejemplo flagrante fue el malandrín de Mali, Koman Coulibaly, quien anuló un legítimo gol (qué gol, golazo) de EE.UU. frente a Eslovenia. Hubiera sido el 3-2. Hubiera sido el tanto de la clasificación gringa. Hubiera. Pero allí estaba Koman, el bárbaro, para impedirlo.

Otro escandaloso ejemplo es el del francés Stéphane Lannoy, cuya ocupación fuera de las canchas es de distribuidor de videojuegos. Realmente se le debería dedicar uno donde figure su sonrisita idiota frente a Luis Fabiano, quien tocó dos veces (por cada sombrerito) la pelota con el brazo para anotar el gol más polémico en lo que va de la Copa. Por si fuera poco, el tal Stéphane dejó que los elefantes de Costa de Marfil levanten la pata como si fueran hachas y, para colmo, expulsó al talento de Kaká.

Un desastre que podría tener explicación en el paternalismo aguachento con que el joven e inexperto galo se enfrentó al partido de una ex colonia francesa (Costa de Marfil), justo cuando en Francia se agudizan los conflictos étnicos y raciales y donde el asunto está tan complicado que hace pocos meses una de las portavoces del Partido de los Indígenas de la República (PIR) ha sido acusada de racismo contra los blancos.

Pero volviendo al fútbol, la pregunta que se cae de madura es por qué no se usan las facilidades tecnológicas en el deporte más popular del mundo. Pasa en el tenis. El “ojo de halcón” es un sistema que permite determinar si la pelota amarilla chocó dentro o fuera de la línea. Es muy útil a la hora de los saques, por ejemplo. Algo similar pasa en la NBA, donde en la temporada 2002-2003 se introdujo la posibilidad de que el árbitro vea en la mesa la repetición de determinadas jugadas dudosas.

Ahora mismo en Sudáfrica 2010 los goles, gestos y yerros son captados mediante tomas aéreas realizadas por las “spidercam” (hay 2 en el Soccer City y el Ellis Park de Johannesburgo y 2 más en Durban y Port Elizabeth) y algunos estadios (Free State de Bloemfontein y Ellis Park) tienen pantallas gigantes: si decenas de miles de personas pueden ver la repetición, ¿por qué el árbitro no?

El Hincha al Diván

Fanatismo futbolero bajo la mirada del Dr. Querol.

“El deporte espectáculo puede orientar conductas antisociales como las barras bravas”.


¿Por qué la gente se vuelve fanática del fútbol y no del ping pong?
–Creo que es por la facilidad que tiene todo el mundo de practicarlo. En mi infancia algunas veces lo hice. Pero así como a Messi se le pega al pie a mí se me despegaba.

–Entonces, ¿el fanatismo nace de la relación establecida con el deporte durante la infancia?
–Exacto.

–Por esa misma razón, ¿hay menos mujeres fanáticas?
–Sí, aunque la experiencia directa puede ser sustituida por un espacio o ambiente futbolero. Si tus padres y hermanos fueron fanáticos es muy probable que tú también lo seas.

–¿Desde la sicología se le puede llamar al fútbol una pasión?
–Totalmente. No solo como fenómeno individual, sino también como fenómeno de masas. Y no solo es un fenómeno local. Es endémico. El mundo entero tiene interés. Es más, le gusta. Es más, se apasiona. No solamente por el deporte, sino por un equipo. En todas partes se juega para entrar al campeonato mundial. Certamen controlado por la FIFA, entidad que mueve un montón de dinero y convierte al deporte del fútbol en el deporte espectáculo.

–¿Y ese espectáculo es el que apasiona a la gente?
–No es el deporte solamente. También son sus estrellas. Las que generan muchísimo dinero y lucen carros y mujeres espectaculares.

–¿El fútbol es una guerra pacífica?
–El deporte fue instituido como algo “sport”, correcto, de caballeros. Se jugaba por jugar y el que ganaba ganaba, y ya. En cambio ahora hay más violencia por los intereses que hay detrás. Eso genera una pugna y la necesidad de vencer a como dé lugar. Es una guerra donde no se usan armas pero usan trampas. El deporte queda en segundo plano. Se coimean árbitros, jugadores, se hacen faltas arteras buscando que el referí no lo note. Hay inmoralidad en un espacio donde debería haber corrección y compañerismo.


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