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24/Jun/2010
 
 
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Sudáfrica 2010 Por EDDIE FLEISCHMAN

Au Revoir, Domenech

Es hijo de emigrantes catalanes que se instalaron en la ciudad de Lyon durante la dictadura franquista. Como futbolista no pasó de ser un regularón jugador del Olympique de Lyon, Racing de Estrasburgo, Paris St. Germain y Girondins de Bordeaux, con 8 presencias internacionales con la selección de su país.

Tras su retiro, empezó su carrera de técnico en Mulhouse, dirigió al Olympique de Lyon y por más de una década fue seleccionador de su país en la categoría sub–20. Fue en aquel momento el mejor fusible de reemplazo para su predecesor Jacques Santini, tras la humillante eliminación ante Grecia de la Euro 2004 y se convirtió, desde el segundo semestre de aquel año, en el seleccionador del equipo absoluto de su país. Entonces, ¿qué puede hacer de Domenech un técnico tan repudiado aun habiendo sido finalista en Alemania 2006? Para la Federación Francesa de Fútbol, su trabajo es confiable; para la afición es todo menos eso. Y para buena parte de sus dirigidos también.

Domenech es un incondicional seguidor de la astrología, al punto de tomar decisiones en función a los dictados del horóscopo. Parece broma pero no lo es. En el 2005, en un programa de televisión admitió que los pertenecientes a los signos de Escorpio, Cáncer y Libra no son buenas personas y no son fáciles para la convivencia. Y en base a ello, ha tomado decisiones polémicas que marginaron a importantes jugadores de sus convocatorias. Los casos más mencionados son los de Robert Pires, talentoso volante que brilló en el Arsenal de Inglaterra, Ludovic Giuly, veloz y hábil extremo que destacó en el Barcelona y el goleador David Trezeguet, campeón mundial en Francia 98 y protagonista destacado de la liga italiana con la camiseta de Juventus y que, al errar el penal que facilitó el título de Italia en la última final mundialista realizada en Berlín, selló su definitivo ostracismo del combinado de su país.

Domenech nunca gozó de un real liderazgo y su mensaje no caló en sus jugadores. Y el colmo del desaguisado que sus métodos provocan llegó en este Mundial. Se hizo pública la pelea entre Frank Ribery y el volante Gourcuff; se filtró la versión –ratificada por los mismos jugadores– de los humillantes insultos de Anelka al seleccionador y sin disimulo el capitán Evra, peleado con el preparador físico, provocó que “les bleus” decidieran no entrenarse antes del partido ante el anfitrión. Una vergüenza sin precedentes en selecciones medianamente respetables.

En las antípodas, es destacable, en cambio, la tarea de Gerardo Martino. El argentino, a partir de su mensaje, ha convencido a la plantilla de Paraguay y la ha convertido en una de las más consistentes expresiones colectivas de juego. En esa línea, Dunga con Brasil, Bielsa con Chile y Bob Bradley con EE.UU., entre otros, han logrado transformar la mentalidad de sus equipos y convertirlos en animadores, cuando no candidatos al título, de la máxima competencia.

Dicen que en la cancha los jugadores son los que resuelven; pero mucho de lo que puedan ofrecer depende directamente del líder que tengan al frente. Al menos, gracias a Domenech, ya sabemos que el esoterismo y el fútbol tienen poco que ver. Y que el trabajo y el compromiso por converger en una sola idea ayudan bastante más. (Por: Eddie Fleischman)


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