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01/Jul/2010
 
 
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Arqueología La metodología de arqueología vertical: cuerdas para perderle el miedo a la investigación en alturas.

Vértigo Arqueológico

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Ollantaytambo, pintura rupestre de Manco Inca Yupanqui.

Colgando de una cuerda contra un acantilado y a una distancia de 50 metros del suelo, la sensación de cualquiera se define en una palabra: vértigo. En entendimiento lingüístico coloquial, el pánico a caer de las alturas comprobando la existencia de la ley de gravedad. Sin embargo, en comprensión arqueológica, un impedimento para desarrollar correctamente las labores de investigación. O al menos eso solía ser así.

Desafiando alturas, atravesando cuevas y bajando por pozos precolombinos, el español Salvador Guinot, bombero de profesión y espeleólogo de fuste decidió en 1997 regalarle a los arqueólogos peruanos la capacidad de llegar a profundidades y alturas antes inimaginables. Era retribución: la idea se le ocurrió mientras hacía la marcha de Caminos del Inca. Así, inició el Proyecto Ukupacha, que no es sino la puesta en marcha de lo que él denomina “arqueología vertical”.


 


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