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08/Jul/2010
 
 
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Sudáfrica 2010 O en la copa no hay estrellas, solo equipos.

Hombres y Engranajes

El autor en sede de la final: Soccer City.

Empezó para Sudamérica y parece terminar para Europa. En la última semana del Mundial y conocidos los 4 seleccionados que llegaron al final, queda una sensación muy clara de la importancia de los entrenadores en el destino de sus equipos.

Persisten 3 de los elencos que mejor jugaron al fútbol, en el más amplio concepto colectivo, en Sudáfrica. Con planteamientos agresivos, con un estilo definido de pelota a ras del piso, de mucha circulación y de capacidades individuales puestas al servicio del bien común. Desde la primera semana del torneo avisó Alemania, cuando además de ganar, se convirtió en una selección que gusta en lo estético. En esa misma línea y con matices definidos más por sus intérpretes que por sus libretos, Holanda y España han llegado con méritos propios a la semana definitoria. Con victorias sufridas pero justificadas por haber alcanzado expresiones superiores de juego colectivo apoyadas en figuras indiscutibles que habrá tiempo de ponderar. Lo de Uruguay linda con lo épico, pero a partir de la consistencia grupal.

Detrás quedaron el Brasil aburguesado, acostumbrado al esfuerzo justo y que, en el momento de la gran exigencia con el marcador en contra ante un rival pesado, perdió la compostura. Quedará Dunga en la historia de los pocos técnicos brasileños que pretendieron asegurar victorias alejándose de sus fuentes. Como Lazaroni en el Brasil de Italia ’90. Les abre, sin embargo, a los anfitriones del 2014, la posibilidad de volver a ser un conjunto capaz de vencer y convencer de la mano de sus mayores talentos.

Detrás quedó tambien Argentina, sus grandes individualidades y la pobreza de su comando técnico. Maradona se permitio cuestionar a Joachim Low, entrenador alemán, por no haber sido un exitoso futbolista y terminó –utilizando sus humillantes frases hacia la prensa– teniendo 4 adentro. El ex astro demostró que la tarea del seleccionador no puede quedar librada a la improvisación y la inflamación emocional como argumentos para la alta competencia. Había superado a rivales de poco rigor en primera ronda, luego se le abrió el partido ante México con una grosera ayuda arbitral; pero cuando se encontró ante un bloque que en lo colectivo lograba un valor aun mayor al de la suma de sus figuras, terminó cayendo en un desequilibrio de niveles ridiculo y padeciendo un baile con paliza incluída, como pocas veces sufrió el fútbol albiceleste.

Mención especial para Holanda. No sabemos siquiera si será finalista, pero hay cosas para agradecerles a los naranjas. Eligieron un estilo hace 40 años y con las actualizaciones del caso, lo mantienen vigente. De Holanda nunca se sabe el destino, pero sí el fútbol que va a ofrecer. Y a partir de esa manera de entender el juego, ha crecido también Alemania y aún más, con la fuerte influencia holandesa en el Barcelona post Cruyff, la formación de España. Ayer furiosa, hoy lujosa.

No siempre el campeón es el mejor, pero hay una deuda del fútbol para con Holanda que en algún momento se deberá saldar con un título mundial. Se acaba el torneo, y al margen de las emociones de los duelos a partir de octavos y de algunos errores arbitrales inaceptables, sale fortalecido el fútbol que ubica a las individualidades al servicio de la labor colectiva. Cae el telón entonces para los improvisados y poco estudiosos. Botones de muestra: Cristiano Ronaldo y Messi solos, no pudieron; Sneijder, Forlán, Ozil e Iniesta, talentos como engranaje de una maquinaria, sí. (Desde Sudáfrica: Eddie Fleischman)


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