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Entrevistas Las confesiones tanto desgarradoras como esperanzadas de Elsa María Elejalde, cantante de jazz.

El Canto a la Vida de Elsa María

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La cantante se autodefine: “Soy una mujer común y silvestre de espíritu libre y gitano. Nací con el don maravilloso de la música. ¿Perfecta? Ni hablar”.

Elsa María Elejalde (59), en pos de la verdad, ha roto aguas amnióticas y ha parido en esta entrevista mucha vida, su propia vida, que es absolutamente azarosa e impactante. Ella es una gran “jazzista” y cantante de élite, de gran modulación de voz que a veces se torna pastosa y otras se afina, y en algún que otro caso se pone ronca como Satchmo para llegar al alma de la gente culta, sensible y musicalmente preparada. No es, ni ha sido nunca, ni lo será jamás una cantante de masas. ¿Por qué? Porque su calidad intrínseca de cantante la impulsa a cantar solo aquello que ella siente. Hay que oírla cantar el “Summertime” de la ópera “Porgy and Bess” de Gershwin para navegar por el cielo soleado y esplendoroso de la sensibilidad más acusada. Cielo soleado y abierto que se une de forma natural, como el día y la noche, a ese su queridísimo show business en el que ella resalta como una luciérnaga blonda con destellos nocturnos. Gran artista. Temperamental. A la que hay que ir a buscar en esos sitios que solo a ella la merecen, ya que no se la encuentra tan fácilmente. Ella descubre esas grandes melodías que quedan para siempre y las va seleccionando para guardarlas, porque el tiempo sigue transcurriendo, en la caja de caudales de su especial repertorio para ir soltándolas una a una y cuando se le da la gana, para deleite nuestro. Con ella reviven grandes compositores e intérpretes como Vinicius de Moraes, Antonio Carlos Jobim, Los Beatles, The Doors, Ray Charles, Sting, Sinatra, Ella Fitzgerald, Elis Regina, Billie Holiday, Astrud Gilberto y un largo etcétera. Ahora, frente a mí y en el Restaurante Costa Verde, empieza a contarme su pasado, las tremendas encrucijadas de su vida y la humanidad doliente que se escapa de ella. ¿No se lo creen? Véanlo por sí mismos. Allá vamos, agárrense.

–Cuénteme de su procedencia familiar.
–Mi bisabuelo Bruno era vasco y mi padre, Marcelo, murió hace 6 años y era arquitecto. Mi madre era hija de un diputado y luego senador por Cajamarca a quien condecoraron con el Sol de Oro. Soy la mayor de 4 hermanas y una se murió, así que soy por nacimiento lo que aquí se suele llamar una “niña bien”, sin pensar que las “niñas bien”, tan rutinarias en sus vidas, no pasan por lo que a mí más tarde me tocó vivir. Sin embargo sigo muy unida a todas mis compañeras de la Promoción del año ’68 del Colegio Villa María, éramos 90 y nos seguimos viendo las que quedamos. Había respeto, complicidad, apoyo, compañerismo y camaradería. Todas las que tenían novio en esa época se casaron con sus novios y muy poquitas se divorciaron. Épocas felices.


 


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