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22/Jul/2010
 
 
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Internacional Sin armas y sin barbones. A lo “Gandhi” se logró una liberación que sienta precedente. Testimonio exclusivo de bloguera Yoani Sánchez.

Cuba: La Otra Revolución

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Luego de 138 días en huelga de hambre, el 8 de julio del 2010, el cuerpo de Fariñas pudo beber su primer vaso de agua. Quemó como si fuera gasolina.

La excarcelación y expatriación a España de once periodistas cubanos sentenciados a oprobiosas condenas, marca el inicio de una nueva historia en la lucha por recuperar la libertad en Cuba. Aún falta mucho para celebrar. Que el cuerpo de Guillermo Fariñas haya llegado al límite de merecer ese nombre es heroico pero sigue siendo injusto, humillante y gráfico de una situación insostenible. Aquí el análisis de la periodista más famosa, premiada y corajuda de la isla.

El comienzo de la liberación de los presos políticos encarcelados durante la primavera negra de 2003 podría considerarse como el hecho más trascendente ocurrido en Cuba en los últimos años. Ésta ha sido la principal demanda que han presentado al gobierno de la Isla todos los que, con uno u otro motivo, buscan cambiar el actual orden de cosas. En las más diversas agendas políticas y ciudadanas de los partidos de oposición y de los grupos de la sociedad civil, la puesta en libertad de estos prisioneros era un punto de obligatorio cumplimiento para avanzar en la democratización del país. El largo camino que aún queda por delante, tenía un paso imprescindible, sin el cual era una quimera pensar en avanzar en cualquier dirección.

A principios de este año la huelga de hambre del prisionero político Orlando Zapata Tamayo conmovió a la opinión pública dentro y fuera de Cuba. Un día después de su fallecimiento, ocurrido el 23 de febrero, el psicólogo, periodista independiente y opositor Guillermo Fariñas proclamó una huelga de hambre y sed hasta la muerte, o hasta que el gobierno beneficiara al menos con licencia extrapenal a los presos que estaban en peor estado de salud. El mismísimo presidente Raúl Castro declaró públicamente que lo dejarían morir, pero que nunca cederían al chantaje. En esos días se estaba cumpliendo el séptimo aniversario de la “primavera negra” y las Damas de Blanco desafiaron al régimen decretando siete días continuos de marchas por todas las calles de la ciudad. Llevaban gladiolos en sus manos y fueron golpeadas e insultadas por partidarios del sistema que, simulando representar al pueblo indignado, eran conducidos en ómnibus hasta los sitios donde pasaban las manifestaciones. Las agresiones no lograron amedrentar a estas mujeres y provocaron la reacción de la alta jerarquía de la Iglesia Católica que en un hecho sin precedentes, consiguió una moratoria de los ataques y un acuerdo para sentarse a conversar con las autoridades.

Como resultado de este diálogo y con la intervención del canciller español Miguel Ángel Moratinos, se alcanzó el compromiso de liberar a todos estos prisioneros en un plazo no mayor de cuatro meses y de facilitarles la salida del país rumbo a España. Vistos en su conjunto, los acontecimientos de las últimas semanas pudieran ser considerados como una señal positiva para quienes están esperando cambios profundos en la sociedad cubana, pero solo eso: una señal. De nada vale que el gobierno ponga en libertad a un grupo de presos políticos si no desmonta todo el andamiaje legal que le permite volver a meter en la cárcel a igual número de personas por los mismos motivos.

Todavía hoy está vigente la ley 88, conocida como ley mordaza, que prescribe largas condenas para aquellos que colaboren en revistas o periódicos extranjeros o que concedan entrevistas a periodistas de esos medios. Al no encontrarse habilitados los caminos legales para inscribir asociaciones, la fundación de sindicatos, partidos políticos u organizaciones estudiantiles constituye un delito de “asociación ilícita” y cualquier acto en el que un ciudadano manifieste su inconformidad con el gobierno, aunque sea un inocente cartel, puede ser interpretado como la comisión de un delito de “propaganda enemiga”. Desde la óptica de los opositores las liberaciones dan motivos de alegría porque aquellos que no debieron estar ni un día tras las rejas, hoy han quedado en libertad. Sin embargo no existe una atmósfera de agradecimiento ni de complacencia, ni la habrá hasta que no se despenalice la discrepancia, hasta que Raúl Castro tome el micrófono y asegure que en esta Isla nadie más irá a prisión por motivos de opinión.

Lo cierto es que aquí, donde parecía que nunca iba a pasar nada, estamos de pronto en la situación de que puede ocurrir cualquier cosa. ¿En qué punto comenzó a cambiar la historia? Tal vez en la húmeda, oscura y pestilente celda de castigo, donde Orlando Zapata Tamayo decidió inmolarse, o en la estéril y refrigerada sala de terapia intensiva donde Guillermo Fariñas ratificó su irrestricta decisión de morir si no había liberaciones, o en las calles habaneras, en las que unas indefensas mujeres desafiaron a un poder omnímodo gritando la palabra libertad donde no la había.

La historia cambiará, nunca se ha estado tranquila. Al menos eso podemos asegurar. . (Desde La Habana, escribe: Yoani Sánchez *)

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* Aunque ausente, Sánchez fue la gran estrella en la premiación del prestigioso Moors Cabot, que le otorgó la U. de Columbia, N.Y., en el 2009.


 


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